ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • jueves, 26 de marzo de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

PANAMÁ EN LA ENCRUCIJADA: ¿Servicios o Innovación?

PANAMÁ EN LA ENCRUCIJADA: ¿Servicios o Innovación?

Panamá ha construido una economía de servicios sólida, reconocida a nivel hemisférico por su capacidad para mover mercancías, conectar continentes y ofrecer plataformas financieras y logísticas clave para la región. Sin embargo, este éxito económico se ve amenazado por una vulnerabilidad estructural: la baja producción, innovación y transformación del conocimiento científico en valor económico real. El país se encuentra en un punto de inflexión, debatiéndose entre continuar como un eficiente país de servicios o transformarse en un generador de tecnología, innovación y empleos de alta calidad.

La competitividad global está cambiando. Ya no depende de la ubicación geográfica, sino de la capacidad de generar, proteger, escalar y exportar conocimiento. Países como Corea del Sur, Israel, Singapur y Finlandia han demostrado que la ciencia, la tecnología y la innovación no son meros adornos académicos, sino instrumentos esenciales para el poder económico. Panamá, a pesar de contar con universidades y centros de investigación que producen ciencia de alto nivel, enfrenta la dificultad de que esta ciencia rara vez llega al mercado, no se convierte en patentes, empresas, productos o exportaciones.

La raíz del problema reside en la falta de un sistema moderno de transferencia de tecnología. Las universidades carecen de oficinas profesionalizadas para gestionar la propiedad intelectual, evaluar mercados, negociar licencias y apoyar la creación de empresas derivadas (spin-offs). Además, no existen fondos de prueba de concepto que permitan convertir ideas en prototipos, ni un ecosistema que conecte a los investigadores con inversionistas, empresas y mercados globales. En esencia, Panamá posee la ciencia, pero carece del sistema para convertirla en riqueza.

Afortunadamente, existen modelos exitosos a nivel mundial que pueden servir de inspiración. Alemania, con la Fraunhofer Society, ha creado un modelo de investigación aplicada que genera miles de patentes y contratos industriales. Estados Unidos, a través del MIT y Stanford, ha visto cómo sus Technology Licensing Offices han dado origen a cientos de empresas y ecosistemas como Silicon Valley. Corea del Sur, con KAIST, ha integrado academia, industria y Estado en un proyecto nacional de largo plazo. Israel, con Technion, ha transformado un país pequeño y sin recursos naturales en una potencia global de innovación. Singapur, con A*STAR, ha alineado la investigación con prioridades nacionales y ha atraído a las mayores corporaciones del mundo.

Panamá no necesita replicar estos modelos, pero sí inspirarse en sus principios y adaptarlos a su propia realidad. Se requiere voluntad política para construir un sistema nacional de transferencia tecnológica que articule a las universidades, los centros de investigación, el sector privado, los inversionistas y el Estado. Este sistema debe basarse en cinco pilares fundamentales.

El primero es la creación de un Sistema Nacional de Transferencia de Tecnología, una estructura que coordine políticas de propiedad intelectual, establezca estándares para las oficinas de transferencia, promueva la inteligencia tecnológica y la vigilancia competitiva. Sin una estrategia centralizada, el sistema no puede funcionar.

El segundo pilar es la profesionalización de las Oficinas de Transferencia de Tecnología. Se necesitan gestores tecnológicos capacitados para traducir la ciencia en negocios, negociar licencias, evaluar mercados y acompañar a los científicos en el proceso de comercialización. No basta con tener investigadores brillantes; se necesitan profesionales que puedan llevar sus descubrimientos al mercado.

El tercer pilar es el financiamiento. La inversión en innovación es crucial para el desarrollo de una economía basada en el conocimiento. Panamá necesita un fondo nacional de prueba de concepto, un fondo semilla para spin-offs universitarias y mecanismos de coinversión público-privada. La ciencia sin financiamiento se estanca en el laboratorio.

El cuarto pilar es la diplomacia científica. Panamá debe integrarse en redes globales de innovación, estableciendo acuerdos con instituciones como Fraunhofer, MIT, Stanford, KAIST, Technion y A*STAR. Esto implica promover la movilidad de investigadores, crear laboratorios compartidos y desarrollar programas de aceleración internacional. La Cancillería debe desempeñar un papel central en esta agenda.

El quinto pilar es la cultura de innovación en las universidades. Es necesario reformar los incentivos académicos para valorar las patentes, el emprendimiento y la colaboración con empresas. Se deben crear incubadoras universitarias, acelerar la formación en emprendimiento científico y conectar a los estudiantes con proyectos reales.

Panamá tiene el potencial para convertirse en un país de economía basada en el conocimiento, especialmente en el ámbito biotecnológico, gracias a su base científica, talento humano y posición geográfica estratégica. Lo que falta es un sistema, una estrategia clara y la decisión de apostar por un modelo económico que no dependa únicamente de su ubicación geográfica, sino de su capacidad para investigar y crear.

El futuro de Panamá no es solo mover mercancías, sino también ideas. No es solo prestar servicios, sino crear tecnología. No es solo administrar un canal, sino administrar conocimiento. La pregunta no es si Panamá puede lograr esta transformación, sino si está dispuesto a hacerlo. El país tiene la oportunidad de dejar de ser un punto de tránsito y convertirse en un centro de innovación y creación de valor.

¿Te gusta estar informado?

Recibe las noticias más importantes de Latinoamérica directamente en Telegram. Sin Spam, solo realidad.

Unirme Gratis