El extremismo religioso se infiltra en las Fuerzas Armadas de EE.UU., con oficiales que justifican la confrontación con Irán como parte de un “plan divino” para el regreso de Cristo. A pesar de que el propio Donald Trump no es considerado un hombre de fe, su figura ha sido comparada con la del rey persa Ciro el Grande por creyentes que ven en el ataque a Irán una misión encomendada por Dios. La ONG Military Religious Freedom (MRFF) ha recibido más de 200 denuncias procedentes de al menos 50 bases militares en todo el país, revelando que comandantes están transmitiendo a sus subordinados la idea de que la guerra en Irán es una etapa previa al Apocalipsis.
Los testimonios recogidos por The HuffPost revelan un clima de fervor religioso preocupante. Soldados aseguran que sus superiores les aseguran que “no se preocupen, que es el plan de Dios”, incluso llegando a afirmar que Trump “había sido ungido por Jesús para encender la señal de fuego en Irán que causará el Armagedón y marcará su regreso a la Tierra”. Esta interpretación apocalíptica se basa en el libro del Apocalipsis y la batalla final del monte Megido, donde Dios se enfrentará a aquellos que no aceptan su autoridad.
Michael Weinstein, presidente de MRFF, califica estos hechos como “extremismo religioso” vinculado al auge del nacionalismo cristiano en Estados Unidos. Este movimiento, influenciado por las teorías del teólogo John Nelson Darby, cree en la inminencia del fin de los tiempos y en el “rapto”, donde los creyentes verdaderos ascenderán al cielo mientras los pecadores enfrentarán la “gran tribulación” y la llegada del anticristo. Tim Whitaker, un exnacionalista cristiano que ahora denuncia el movimiento, relata el temor constante que sentía en su infancia ante la posibilidad del rapto y cómo esta visión del mundo lleva a interpretar cada conflicto como una señal de la profecía.
Para muchos nacionalistas cristianos, la situación en Irán es una confirmación de la cercanía del fin de los tiempos. Aclaman lo que consideran un “genocidio en Palestina” y el bombardeo de Irán, creyendo que estos actos los acercan al cumplimiento de las profecías. La situación es descrita por algunos como un “culto apocalíptico instalado en el asiento del piloto del Ejército más poderoso del mundo”.
La retórica belicista y las referencias religiosas no se limitan a las bases militares. El Secretario de Estado, Marco Rubio, justificó la nueva guerra describiendo a los líderes iraníes como “lunáticos, fanáticos religiosos lunáticos”, lo que generó burlas y memes en redes sociales. La recepción de Donald Trump a un grupo de pastores encabezados por el teleevangelista Greg Laurie, y la posterior publicación de una foto donde Laurie recuerda que Trump ha sobrevivido a dos atentados y cree que Dios lo salvó, alimentan aún más la percepción de una conexión entre la administración y el fervor religioso.
Las imágenes virales de la pastora Paula White-Cain, consejera de la oficina de la Fe de la Casa Blanca, cayendo en un éxtasis místico y “hablando en lenguas”, evocan prácticas similares a las de Paul Schäfer, líder de la secta de Colonia Dignidad, cuyas creencias apocalípticas también se basaban en la doctrina de “la lluvia tardía”.
La influencia del nacionalismo cristiano se extiende a altos cargos del gobierno. El senador republicano Kevin Cramer afirmó que Estados Unidos tiene “una responsabilidad bíblica hacia Israel”, mientras que el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, llevó al telepredicador Doug Wilson a encabezar el servicio mensual de oración del Pentágono. Wilson, conocido por sus controvertidas opiniones, cree que las mujeres no deberían tener derecho a voto y ha defendido la esclavitud sureña, argumentando que la vida de los esclavos era “plena de placeres simples”.
Janessa Goldbeck, directora ejecutiva de Vet Voice Foundation, advierte sobre el peligro que representa Hegseth, describiéndolo como un “nacionalista cristiano blanco” con acceso al arsenal del gobierno estadounidense y la autorización de Trump para “desatar una carnicería”. Amaro Gómez-Pablos, periodista chileno, sugiere examinar los tatuajes de Hegseth en busca de pistas sobre sus motivaciones, aludiendo a la posibilidad de que estén marcados con símbolos religiosos y políticos como la cruz, la espada y la frase “Deus Vult” (“Dios lo quiere”).
Expertos en sectas, como Steve Hassan, señalan que la idea de Trump como un elegido por Dios y la guerra en Irán como una guerra santa encajan en patrones típicos de manipulación ideológica. Hassan advierte que intentar convertir a los militares en una fuerza nacionalista cristiana no es patriotismo, sino una forma de “reconversión del pensamiento” que justifica la violencia y suprime el disenso.
El cientista político Robert Funk explica que el término “nacionalismo cristiano” es relativamente nuevo, pero se refiere a algo que antes se conocía como la extrema derecha o grupos de supremacía blanca como el Ku Klux Klan. Funk traza la evolución de este movimiento desde sus orígenes en la oposición a la inmigración hasta su alianza con el movimiento evangélico en la época de Reagan.
La persistencia del ideal WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) se ha mezclado con el catolicismo conservador representado por figuras como Steve Bannon, asesor de Trump. Sin embargo, Funk señala que esta alianza no incluye a los judíos, a pesar del apoyo de Trump a Israel, ya que la comunidad judía en Estados Unidos tiende a votar por los demócratas.
A pesar de su trayectoria personal, Trump ha sido abrazado por el nacionalismo cristiano, que lo ve como un instrumento para restaurar el rol divino de Estados Unidos en el mundo. Douglas Farah, periodista de investigación, explica que Trump ha aprovechado esta tendencia para legitimar sus políticas y que muchos de sus votantes creen que Dios lo utilizó, al igual que al rey Ciro el Grande, para cumplir un propósito superior.
Farah destaca que el 25% de la población estadounidense comulga con estas ideas y que la clave está en la creencia de que Estados Unidos es un país elegido por Dios para gobernar el mundo. Esta teología, aunque pueda parecer “una locura” fuera de Estados Unidos, es profundamente arraigada en la cultura del país. La comparación con Ciro el Grande justifica el apoyo a Trump, incluso a pesar de sus “problemas morales y éticos”, ya que se cree que Dios puede utilizar a una persona pecadora para lograr grandes obras.
La situación es descrita como “sumamente peligrosa”, ya que oficiales militares están hablando de la guerra en Irán como una operación divina. La infiltración del extremismo religioso en las Fuerzas Armadas plantea serias interrogantes sobre la toma de decisiones y el futuro de la política exterior estadounidense.


