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Reservas en alerta: El impacto de la guerra contra Irán en el arsenal de misiles de Estados Unidos

Washington ha utilizado misiles difíciles de reemplazar durante su guerra contra Teherán. Analizamos si realmente se está quedando sin reservas.

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Reservas en alerta: El impacto de la guerra contra Irán en el arsenal de misiles de Estados Unidos
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Estados Unidos enfrenta una crisis de suministros militares tras la Operación Furia Épica contra Irán, que ha dejado al país con reservas críticas de misiles sofisticados. A pesar del discurso de fortaleza de la administración Trump, el Pentágono ha solicitado 87.000 millones de dólares para cubrir déficits en sistemas clave como el Tomahawk, el Patriot y el THAAD, cuya reposición completa podría demorarse hasta el año 2031. Esta escasez genera una peligrosa ventana de vulnerabilidad estratégica ante posibles conflictos con China en Taiwán o amenazas de Rusia y Corea del Norte. Mientras Washington intenta revitalizar su industria armamentística y equilibra la ayuda a Ucrania, expertos advierten que los prolongados tiempos de fabricación impiden una recuperación inmediata, comprometiendo la capacidad de respuesta global de la potencia norteamericana.

El gobierno de Estados Unidos se encuentra en una encrucijada estratégica tras la Operación Furia Épica, la ofensiva militar contra Irán que tuvo lugar a principios de este año. Aunque la administración de Donald Trump ha mantenido un discurso de fortaleza y superioridad armamentística, datos recientes y análisis de expertos sugieren que el uso intensivo de armamento sofisticado ha dejado al país con reservas críticas de misiles que serán difíciles de reponer a corto plazo.

Durante la Cumbre de Defensa e Innovación de Pensilvania, el presidente Trump, acompañado por el secretario de Guerra Pete Hegseth, instó a los fabricantes de armas a incrementar la velocidad de producción. Si bien la cumbre se presentó como un plan para revitalizar la industria nacional y reforzar el "arsenal de la libertad", el evento omitió los detalles del gasto masivo en armamento durante los casi 40 días de combates intensos en Irán. Hasta la fecha, el gobierno estadounidense ha reportado que la guerra ha costado 37.500 millones de dólares, una cifra donde las municiones representan una parte considerable.

La magnitud de la operación fue considerable: la Casa Blanca informó que se atacaron más de 13.000 objetivos en territorio iraní y se interceptaron más de 1.700 drones y misiles balísticos. Esta intensidad llevó a que, según reportes de The New York Times, se aconsejara al presidente Trump detener la intensificación del conflicto para evitar el agotamiento total de las reservas de municiones antes de que entrara en vigor un frágil alto el fuego el 8 de abril.

A pesar de que Trump ha negado públicamente la existencia de una escasez, asegurando que el país posee más municiones que cualquier otra nación, las acciones del Pentágono sugieren lo contrario. Pete Hegseth, quien inicialmente negó que los suministros estuvieran disminuyendo, solicitó recientemente ante el Comité de Asignaciones Presupuestarías del Senado una suma adicional de 87.000 millones de dólares para cubrir "déficits críticos" en el equipamiento.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ha advertido que la situación es preocupante debido a los tiempos de fabricación. Mark Cancian, coronel retirado y asesor del CSIS, señaló que producir un solo misil puede tomar entre uno y cinco años, un proceso que no puede acelerarse simplemente con más inversión inmediata.

El análisis del CSIS detalla la afectación en sistemas clave. En cuanto a los misiles de ataque de largo alcance, se dispararon más de 1.000 misiles Tomahawk (TLAM), cuyos costos rondan los 2,6 millones de dólares por unidad. Se estima que las reservas de este sistema no recuperarán sus niveles previos al conflicto hasta el año 2031.

En el ámbito de la defensa aérea, el sistema Patriot sufrió un desgaste significativo, utilizándose hasta 1.430 interceptores de un arsenal estimado en 2.330. Cada interceptor Patriot cuesta aproximadamente 4 millones de dólares. Aún más crítica es la situación del sistema THAAD, diseñado para destruir misiles balísticos a gran altitud. De una reserva calculada en 360 unidades, se dispararon entre 190 y 290. Con solo nueve baterías THAAD operativas en el mundo, el agotamiento de estos interceptores podría dejar a EE.UU. vulnerable ante posibles lanzamientos de misiles desde Rusia, China o Corea del Norte.

Esta escasez coincide con lo que los estrategas llaman la "ventana Davidson", el periodo en el que se cree que China podría intentar tomar el control de Taiwán, una posibilidad que algunos analistas, incluido el director de la CIA William Burns, sitúan hacia el año 2027. El coronel Cancian define este escenario como una "ventana de vulnerabilidad", donde EE.UU. podría no contar con la munición suficiente para enfrentar el arsenal de misiles hipersónicos y tácticas de "enjambre de drones" de Pekín.

No obstante, existen visiones divergentes. Jacob Olidort, exasesor de política para Medio Oriente, sostiene que el despliegue de estas armas envía un mensaje disuasorio poderoso, demostrando la voluntad de Washington de utilizarlas para debilitar las capacidades militares de sus adversarios.

La tensión entre el suministro a aliados y la preservación de reservas también ha afectado a Ucrania. El presidente Zelenski señaló a la BBC que el agotamiento de las reservas estadounidenses impacta directamente en su capacidad de defensa, destacando que mientras EE.UU. produce entre 60 y 65 misiles Patriot al mes, en el primer día de la Operación Furia Épica se utilizaron 803. Ante esto, Trump ha propuesto que Ucrania fabrique misiles Patriot en su propio territorio.

A corto plazo, el gobierno de EE.UU. sostiene que mantiene la capacidad de cumplir sus objetivos estratégicos, argumentando que la base industrial de defensa de Irán ha quedado significativamente destruida y que Teherán tiene una capacidad muy limitada para reponer sus propias pérdidas. Mientras tanto, Washington intenta equilibrar la prioridad inmediata en Oriente Medio con la amenaza a largo plazo en el Indopacífico.

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