La vida de Éver Benítez, un joven de 27 años, dio un vuelco trágico en octubre de 2023, cuando un accidente de tráfico mientras trabajaba como repartidor en Fernando de la Mora lo dejó al borde de la muerte y con una batalla constante por su supervivencia. Su madre, Leidi Benítez, relata con el corazón en la mano la odisea que han vivido desde entonces, una historia de abandono, lucha judicial y un amor incondicional que se niega a rendirse.
Éver, con tan solo 24 años en el momento del accidente, se encontraba realizando su último pedido del día cuando fue impactado por otro vehículo. El golpe fue devastador, provocándole un grave traumatismo craneoencefálico. “Era un día más de trabajo”, recuerda doña Leidi con la voz quebrada, como si reviviera el instante en que supo que la vida de su hijo cambiaría para siempre.
La atención médica inicial fue un laberinto burocrático. Tras ser trasladado a un IPS, se encontraron con la imposibilidad de costear los servicios debido a la falta de aportes. La urgencia dictaminó su traslado al Hospital del Trauma, donde fue sometido a una cirugía de emergencia para intentar salvar su vida. Quince días en terapia intensiva fueron una agonía para la familia, una espera angustiosa por un milagro.
Pero la lucha por la vida de Éver no solo se libraba en la sala de terapia. Paralelamente, doña Leidi enfrentaba un duro golpe en su vida personal. “Sus patrones no le ayudaron en nada y su pareja se fue alejando”, lamenta. “Me quedé sola sin la ayuda de nadie, fueron días muy difíciles”. La falta de apoyo económico y emocional la sumió en una profunda desesperación, pero su instinto maternal la impulsó a seguir adelante.
El verdadero calvario comenzó con el alta médica. Doña Leidi se encontró con una barrera inesperada: le negaron el acceso a su propio hijo. “No me dejaban verlo”, afirma con indignación. “Su papá, de quien estoy separada por violencia, y la pareja de mi hijo, lo retiraron del hospital y no me permitían verlo”. Ante esta situación injusta, recurrió a la justicia para poder ejercer sus derechos como madre.
Cuando finalmente pudo ver a Éver, el panorama era desolador. “Cuando al fin lo vi, estaba sucio, abandonado y a punto de morir”, relata con el dolor aún presente en su voz. La imagen de su hijo en esas condiciones la impactó profundamente. La pareja de Éver, al ser confrontada por doña Leidi, le respondió con frialdad: “Llévale, para mí es una molestia”.
A partir de ese momento, doña Leidi asumió la responsabilidad total del cuidado de su hijo. Lo llevó a consultar con especialistas, quienes descubrieron un coágulo en su cabeza. Se le practicó una nueva cirugía para extraer el coágulo y se le realizó una traqueotomía. Además, presentaba una infección por neumococo que requirió tratamiento inmediato.
Los médicos fueron claros en su diagnóstico: las secuelas serían graves. “Antes de la cirugía dijeron que si salía con vida, iba a quedar con secuelas graves, que no volvería a caminar y con problemas neurológicos”, recuerda doña Leidi. Sin embargo, ella se aferró a la esperanza y tomó una decisión firme: “Yo solo le pedí a la Virgen que mi hijo viva, no importa cómo, que yo le voy a cuidar, hasta mis últimos días”.
Hoy, Éver es un reflejo de la tenacidad de su madre. A sus 27 años, ha regresado a la etapa de la infancia. Necesita cuidados constantes, pañales, alimentación asistida y no puede valerse por sí mismo. Su estado requiere una nueva prótesis para cubrir el cerebro, ya que la anterior no se adhirió correctamente y le causó una infección. El costo de esta prótesis asciende a 14 millones de guaraníes, una suma que está fuera del alcance de doña Leidi.
“Ya toqué muchas puertas y no tengo respuesta”, confiesa con angustia. “Estoy desesperada, no sé qué más hacer”. A pesar de las dificultades, su amor por Éver sigue siendo inquebrantable. Está decidida a luchar por su hijo hasta el final, sin importar los obstáculos que se presenten.
Doña Leidi hace un llamado a la solidaridad de la comunidad para poder costear la prótesis que necesita Éver. Aquellos que deseen colaborar pueden comunicarse al número (0985) 910-874. Cada aporte, por pequeño que sea, puede marcar la diferencia en la vida de Éver y devolverle la esperanza de una mejor calidad de vida. La historia de Éver es un testimonio de la fragilidad de la vida, la importancia del amor maternal y la necesidad de una sociedad más solidaria y compasiva. Es un grito de auxilio que busca despertar la conciencia de todos y brindar una oportunidad a un joven que ha sufrido demasiado.


