La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha entrado en una fase crítica, con ataques israelíes intensificados sobre Teherán y el sur del Líbano, y la amenaza inminente de Irán de cerrar el estratégico estrecho de Ormuz. La situación, que ya ha provocado un aumento significativo en los precios internacionales del petróleo, se complica aún más con el ultimátum de 48 horas lanzado por el expresidente Donald Trump a Teherán para que abra el paso marítal, bajo la amenaza de ataques a centrales eléctricas iraníes. El conflicto, iniciado el 28 de febrero, ha sumido a la región en una espiral de violencia con un creciente saldo humanitario, especialmente en Irán y Líbano.
El gobierno israelí, liderado por Benjamín Netanyahu, insiste en que está “aplastando al enemigo y ganando la batalla”, a pesar del constante lanzamiento de misiles desde Irán. Durante una visita a Arad, una de las localidades israelíes alcanzadas por un misil iraní, Netanyahu hizo un llamamiento a otros países para que se sumen a la ofensiva. Según datos proporcionados por el ejército israelí, se han lanzado más de 400 misiles balísticos desde Irán desde el inicio del conflicto, de los cuales aproximadamente el 92% han sido interceptados. Sin embargo, los ataques continúan y la situación en el sur del Líbano es particularmente preocupante.
Israel ha aislado Tiro, la ciudad libanesa más importante del sur, tras lanzar ataques a gran escala contra viviendas y puentes sobre el río Litani, una infraestructura estratégica para el abastecimiento de agua y la generación de energía en el país. El presidente libanés, Joseph Aoun, ha calificado estas acciones como “un preludio de una invasión terrestre”, expresando su preocupación por la escalada del conflicto y la violación de la soberanía libanesa. La guerra en Líbano ya ha causado más de un millar de muertos y ha generado cientos de miles de desplazados.
La principal preocupación a nivel global reside en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Irán ha advertido que está dispuesto a cerrar “completamente” el paso en respuesta al ultimátum de Trump, lo que tendría consecuencias devastadoras para la economía mundial. El portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, Ebrahim Zolfagari, declaró que, en caso de un ataque a las centrales eléctricas iraníes, Teherán responderá con medidas inmediatas que incluyen el cierre del estrecho de Ormuz, ataques a infraestructuras en Israel e intereses vinculados a Estados Unidos en la región, y la destrucción de centrales eléctricas en países que alberguen bases militares estadounidenses.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha respondido a las amenazas de Trump en la red social X, afirmando que Ormuz “está abierto a todos, excepto a quienes violan nuestro territorio”. Pezeshkian también ha denunciado que “las amenazas y el terror no hacen más que reforzar nuestra unidad” y que “la ilusión de borrar a Irán del mapa muestra desesperación frente a la voluntad de una nación que hace historia”.
La administración estadounidense, por su parte, ha adoptado una postura ambivalente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha declarado que la Fuerza Aérea y la Armada iraníes están “completamente debilitadas” y que todas las opciones, incluyendo el envío de tropas para asegurar la isla de Jarg, que alberga la mayor terminal de exportación de crudo de Irán, están sobre la mesa. Bessent también ha sugerido que la administración de Trump podría estar buscando una escalada controlada del conflicto para luego desescalarlo, argumentando que “a veces hay que escalar para luego desescalar”. Además, ha afirmado que el sistema de mando del régimen iraní “está sumido en el caos” y que la mayoría de las acciones observadas son llevadas a cabo por “lobos solitarios”.
El impacto humanitario de la guerra es alarmante. Según estimaciones del ministerio de Sanidad iraní, al menos 210 niños han muerto y otros 1.510 han resultado heridos desde el inicio del conflicto. La ONG opositora HRANA, con sede en Estados Unidos, cifra los fallecidos en 3.230, entre ellos 1.406 civiles. Irán no ha ofrecido un balance global oficial de muertos desde el 5 de marzo, cuando situó la cifra en 1.230. En Líbano, la guerra ha provocado más de un millar de muertos y ha generado una crisis de desplazados sin precedentes. En territorio israelí, se han reportado 15 muertos y 4 mujeres en la Cisjordania ocupada.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación por la escalada del conflicto. El papa Francisco condenó este domingo la guerra en Oriente Medio durante su intervención en la Plaza de San Pedro, describiéndola como un “escándalo para toda la familia humana” y llamando a la paz y el cese de hostilidades. Sin embargo, las negociaciones diplomáticas para lograr un alto el fuego se encuentran estancadas y la situación en la región sigue siendo extremadamente volátil.
El precio del petróleo Brent ha alcanzado los 112,91 dólares por barril, su nivel más alto desde julio de 2022, reflejando la creciente preocupación por la posible interrupción del suministro de petróleo en caso de que Irán cierre el estrecho de Ormuz. La incertidumbre económica y geopolítica ha generado una ola de nerviosismo en los mercados financieros y ha aumentado el riesgo de una recesión global.
La situación en Oriente Medio se encuentra en un punto de inflexión. La decisión de Trump de lanzar un ultimátum a Irán ha elevado la tensión a niveles peligrosos y ha aumentado el riesgo de una guerra a gran escala. La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos diplomáticos para evitar una catástrofe humanitaria y económica, y para encontrar una solución pacífica y duradera al conflicto. El futuro de la región, y del suministro energético mundial, pende de un hilo.


