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Argentina: La Calificación Crediticia Cuelga de un Hilo… ¿Reservas o Riesgo?

Miguel Kiguel, Daniel Marx y Todd Martínez coincidieron en que una baja sostenida del indicador depende de corregir debilidades externas y consolidar la estabilidad macro; compartieron panel en el IAEF - LA NACION

Argentina: La Calificación Crediticia Cuelga de un Hilo… ¿Reservas o Riesgo?

BUENOS AIRES – La Argentina enfrenta un desafío crucial para mejorar su calificación crediticia, según advirtió Todd Martínez, co-jefe de Calificación Soberana para las Américas de Fitch Ratings, durante su visita a la Argentina y su participación en el 21º Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas del IAEF. La clave, según el representante de la agencia calificadora, no reside únicamente en el cumplimiento de los pagos de deuda, sino en la acumulación sostenida de reservas que sirvan como un sólido colchón frente a shocks económicos inesperados, tanto internos como externos.

Martínez enfatizó que la mera evitación del incumplimiento en el escenario base ya no es suficiente para convencer a las agencias de calificación. La Argentina debe demostrar resiliencia y capacidad de respuesta ante eventos imprevistos, como el actual conflicto en Irán y sus potenciales repercusiones en la economía global. Esta perspectiva se alinea con las opiniones expresadas por destacados economistas y exsecretarios de Finanzas, Miguel Kiguel y Daniel Marx, quienes coincidieron en que la compresión del riesgo país no dependerá únicamente del ajuste fiscal o la solvencia contable de la deuda, sino de la capacidad del país para fortalecer sus reservas, mejorar su perfil de financiamiento y construir un esquema económico más robusto.

A pesar de que la Argentina presenta actualmente un panorama macroeconómico más ordenado en comparación con años anteriores –con equilibrio fiscal, una inflación en descenso y una deuda pública relativamente baja en relación al PBI–, el riesgo país se mantiene en niveles elevados, obstaculizando la convergencia hacia los niveles de otros mercados emergentes. El jueves, el riesgo país se situó en torno a los 614 puntos básicos, superando los menos de 500 puntos registrados a fines de enero, aunque significativamente por debajo de los más de 1000 puntos previos a las elecciones legislativas.

Fitch Ratings actualmente califica a la Argentina en CCC+, un nivel que indica riesgos de crédito muy elevados. La mejora de la calificación en 2024 se basó en una mayor confianza en la capacidad de pago, pero Martínez advirtió que el siguiente escalón, hacia la zona de B-, requerirá algo más que simplemente cumplir con los vencimientos de deuda. Este diagnóstico resonó con la presentación de Kiguel, director ejecutivo de Econviews, quien señaló que, excluyendo la deuda intra sector público, la deuda argentina se sitúa alrededor del 40% del PBI, un ratio que consideró manejable y que, en condiciones normales, no justificaría un riesgo país tan elevado.

Sin embargo, Kiguel advirtió que la Argentina se ha rezagado en comparación con otros emisores de baja calificación. Mientras que países con calificaciones similares operan con spreads en torno a los 400 puntos básicos, la deuda argentina mantiene un diferencial cercano a los 200 puntos adicionales. Para Kiguel, una parte importante de esta explicación reside en la debilidad de las reservas y en la composición de la deuda, que es casi en su totalidad denominada en dólares. En este sentido, la acumulación de reservas es más crucial para la Argentina que para otros países soberanos, debido a su menor margen para absorber tensiones cambiarias o financieras. Aunque reconoció que el Banco Central (BCRA) ha retomado la compra de divisas, con adquisiciones por unos US$3.611 millones en lo que va del año, señaló que una parte sustancial de este flujo ha sido absorbida por el Tesoro para cubrir vencimientos, lo que limita el aumento de las reservas netas.

Marx, director ejecutivo de Quantum Finanzas, coincidió con este diagnóstico, pero añadió un elemento adicional: la calidad y estabilidad de las fuentes de financiamiento. Señaló que el riesgo país no solo refleja los montos de deuda o la disciplina fiscal, sino también la percepción de que la Argentina sigue dependiendo en gran medida de fuentes de financiamiento internacional “extraordinarias”, lo que no puede considerarse normal ni permanente. Además, la estructura de acreedores y la subordinación de los bonos soberanos también influyen en la valoración del riesgo por parte del mercado. Marx propuso que el desafío es construir una estructura más sostenible “con méritos propios”, desarrollando el mercado local, tanto en pesos como en dólares, para extender los plazos y reducir la volatilidad, en lugar de depender exclusivamente del financiamiento externo.

La discusión adquiere mayor relevancia considerando el calendario de deuda, que sigue siendo exigente. Kiguel relativizó las preocupaciones sobre los vencimientos de 2027, argumentando que, si el país continúa implementando políticas adecuadas, no debería tener problemas para obtener financiamiento. Marx, por su parte, consideró que estos compromisos son “manejables” en la medida en que el sistema gane estabilidad y permita extender los plazos. Sin embargo, las cifras revelan la magnitud del desafío. Según JP Morgan, el servicio de deuda promedio entre 2027 y 2030 rondará los US$27.700 millones anuales, lo que subraya la necesidad de recuperar el acceso al financiamiento internacional o, alternativamente, desarrollar fuentes domésticas más profundas.

El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Gobierno ya ha identificado fuentes para cubrir vencimientos de capital por unos US$9000 millones en el corto plazo, correspondientes a los próximos pagos de capital. Sin proporcionar detalles específicos, Caputo planteó que la estrategia combinará diversas herramientas de refinanciamiento y relativizó los movimientos recientes del riesgo país, atribuyéndolos a factores transitorios.

Finalmente, Martínez advirtió que el aumento del precio del petróleo, vinculado al conflicto en Irán, podría tener un efecto ambiguo sobre la Argentina. Por un lado, podría mejorar los términos de intercambio; por otro, podría complicar la desinflación y afectar el crecimiento económico. En definitiva, el panel de expertos dejó en claro que la Argentina ha corregido parte de los desequilibrios que provocaron su crisis, pero aún no ha logrado convencer al mercado de que esta mejora es suficiente para superar episodios de estrés sin contratiempos. En este contexto, el riesgo país no se considera una anomalía, sino una señal de lo que aún queda por construir para garantizar la estabilidad económica y la confianza de los inversores.

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