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Canal de Panamá: ¿Próximo Campo de Batalla Global?

El mundo vuelve a vivir horas de incertidumbre estratégica. Yo vi cómo una guerra puede destruir un canal....

Canal de Panamá: ¿Próximo Campo de Batalla Global?

Panamá, custodio de una arteria vital del comercio mundial, se enfrenta a un llamado urgente a la acción ante el creciente panorama de inestabilidad geopolítica. Un veterano periodista, testigo de la devastación causada por la guerra en el Canal de Suez durante la Guerra de los Seis Días, advierte que la historia podría repetirse, y que la seguridad de las rutas marítimas globales está en juego.

El autor, exdirector del periódico La Prensa, relata su experiencia en Egipto, donde presenció cómo el Canal de Suez se transformó en un campo de batalla, con explosiones resonando mientras las columnas militares avanzaban hacia el frente. Esta experiencia le inculcó una profunda convicción: cuando un canal estratégico se convierte en objetivo de guerra, el mundo entero tiembla.

En un análisis contundente, el periodista señala que el mundo actual se encuentra en un momento de creciente tensión geopolítica, marcado por conflictos regionales, rivalidades entre grandes potencias y amenazas a la libre navegación. En este contexto, la geografía vuelve a ser un factor determinante en la historia.

Identifica cuatro puntos estratégicos cruciales para el funcionamiento del comercio mundial: el Estrecho de Ormuz, el Canal de Suez, el Estrecho de Malaca y el Canal de Panamá. Estos puntos son vitales para el flujo de energía, alimentos, materias primas y bienes que sostienen la economía global. La interrupción de uno solo de ellos ya genera perturbaciones significativas, pero la afectación simultánea de varios podría desencadenar una crisis económica global de proporciones sin precedentes.

El artículo subraya la importancia histórica de las "talasocracias", las grandes potencias marítimas que comprendieron que el control de las rutas marítimas es fundamental para la prosperidad de las naciones. Desde los griegos, con Temístocles entendiendo que el destino de Atenas dependía de su dominio del mar, hasta el almirante estadounidense Alfred Thayer Mahan, quien afirmó que el poder marítimo es un factor clave para la influencia y la prosperidad de las naciones, la historia ha demostrado consistentemente esta verdad. Las naciones que han comprendido y protegido las rutas marítimas han prosperado, mientras que aquellas que las han ignorado han quedado relegadas.

El Canal de Panamá, que une dos océanos y facilita el paso de una parte esencial del comercio marítimo mundial, se inscribe en esta misma lógica histórica. El autor enfatiza que la "conciencia marítima" implica comprender que el destino de Panamá está intrínsecamente ligado al mar y a las rutas que cruzan sus océanos.

El Canal de Panamá no es simplemente una obra de ingeniería o un activo económico nacional; es una responsabilidad internacional. Por ello, cuando el canal fue transferido a manos panameñas en 1977, se estableció el principio de su neutralidad permanente, un acuerdo respaldado por decenas de países. Este tratado no es solo un documento diplomático, sino un compromiso internacional para garantizar que el canal permanezca abierto al servicio de todas las naciones, incluso en tiempos de conflicto.

Sin embargo, el autor advierte que Panamá no puede seguir pensando que las crisis internacionales ocurren lejos de sus costas. Al custodiar uno de los grandes caminos del comercio mundial, el país inevitablemente se convierte en parte del tablero estratégico global.

En este sentido, propone una iniciativa diplomática audaz: Panamá debería convocar una conferencia internacional de las naciones firmantes del Tratado de Neutralidad del Canal, con el objetivo de reflexionar sobre la seguridad de las grandes rutas marítimas y reafirmar el compromiso de la comunidad internacional con la neutralidad permanente del canal y la libre navegación.

Panamá, según el autor, cuenta con la infraestructura y la autoridad moral para liderar esta iniciativa. Su moderno centro de convenciones tiene la capacidad de albergar a los representantes de todos los países que han respaldado el tratado histórico. Una reunión de esta naturaleza no sería un mero acto protocolario, sino una señal clara al mundo de que las naciones que dependen del comercio marítimo están dispuestas a preservar abiertos los grandes caminos oceánicos que sostienen la estabilidad económica del planeta.

El periodista concluye con una advertencia sombría, recordando que aquellos que han visto un canal convertirse en campo de batalla saben que las tragedias siempre parecen lejanas… hasta que ocurren. Subraya que mientras algunas naciones simplemente ocupan un territorio, Panamá ocupa un destino, una posición estratégica que conlleva una gran responsabilidad. La llamada a la acción es clara: Panamá debe asumir su papel de liderazgo en la protección de una de las arterias vitales del comercio mundial, antes de que sea demasiado tarde.

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