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Gasolina Maldita: Miles de Bolivianos Exigen Justicia por Motores Destruidos

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Gasolina Maldita: Miles de Bolivianos Exigen Justicia por Motores Destruidos

La petrolera estatal YPFB de Bolivia enfrenta una crisis de compensaciones sin precedentes, tras revelarse que más de 10.874 propietarios de vehículos han presentado reclamaciones por daños en sus motores, atribuidos a la mala calidad de la gasolina suministrada. La situación, que se agrava en medio de una transición política y económica delicada, pone en el centro del debate las consecuencias de dos décadas de políticas de subsidios a los combustibles y la gestión de las reservas del Estado.

El problema se originó tras la eliminación de los subsidios a los combustibles decretada en diciembre por el presidente Rodrigo Paz, quien asumió el cargo en noviembre con la promesa de estabilizar el suministro y las finanzas públicas. Durante los gobiernos socialistas de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025), los subsidios mantuvieron los precios de la gasolina y el diésel artificialmente bajos, pero a costa de agotar las reservas en dólares y dificultar la importación de combustibles.

Si bien la eliminación de los subsidios puso fin a las largas colas en las estaciones de servicio, también desató el temor entre los conductores de que la gasolina de mala calidad dañara sus vehículos. Ese temor se confirmó rápidamente, con un aumento exponencial de denuncias sobre motores averiados y un rendimiento deficiente.

Yussef Akly, presidente de YPFB, confirmó en una rueda de prensa la magnitud del problema, revelando que la compañía está procesando las reclamaciones de más de 10.874 personas. El Ministerio de Energía e Hidrocarburos admitió la semana pasada que los tanques de almacenamiento de combustible habían acumulado óxido debido a la falta de uso, y que estos residuos se mezclaron con los nuevos suministros al reanudarse las operaciones.

El gobierno de Paz ha calificado esta situación como un acto de "sabotaje", acusando a funcionarios de la administración anterior de no haber advertido sobre los riesgos de utilizar los tanques oxidados. Según el gobierno, estos funcionarios tenían la responsabilidad de informar sobre el estado de las instalaciones y tomar medidas preventivas para evitar la contaminación del combustible.

En febrero, el presidente Paz ordenó la militarización de 16 plantas de almacenamiento de YPFB en todo el país, en un intento por asegurar el control de los suministros y prevenir futuros incidentes. Sin embargo, las autoridades no han ofrecido información actualizada sobre el estado de esta vigilancia interna.

Akly aseguró que se están llevando a cabo investigaciones para determinar la responsabilidad de los implicados, aunque no proporcionó detalles específicos sobre el avance de las pesquisas. También aclaró que el daño no afectó a todo el parque automotor, sino que se limitó a "algunos lotes" importados y a "situaciones muy puntuales".

Para atender las quejas de los usuarios, se habilitó una línea telefónica de atención al cliente y se anunció el inicio de las compensaciones esta semana. Sin embargo, los detalles sobre el proceso de indemnización y los criterios para determinar la cuantía de las mismas aún no han sido completamente definidos.

Bolivia importa combustibles principalmente de Argentina, Chile y Paraguay. La dependencia de estos países para el suministro de gasolina y diésel ha exacerbado la vulnerabilidad del país ante fluctuaciones en los precios internacionales y problemas logísticos. La crisis actual ha reavivado el debate sobre la necesidad de diversificar las fuentes de suministro y fortalecer la capacidad de refinación nacional.

La situación plantea serias interrogantes sobre la gestión de YPFB y la supervisión de la calidad de los combustibles. La falta de mantenimiento de los tanques de almacenamiento y la inacción de los funcionarios responsables han generado una pérdida de confianza en la empresa estatal y en las autoridades.

La compensación a los propietarios de vehículos afectados representa un costo significativo para el Estado boliviano, en un momento en que las finanzas públicas ya están bajo presión. La eliminación de los subsidios a los combustibles, aunque necesaria para estabilizar la economía, ha generado un impacto social importante, especialmente entre los sectores más vulnerables de la población.

El gobierno de Paz enfrenta el desafío de equilibrar la necesidad de sanear las finanzas públicas con la protección de los derechos de los ciudadanos. La resolución de la crisis de la gasolina y la implementación de un sistema de compensación justo y transparente son cruciales para recuperar la confianza de la población y consolidar la estabilidad política y económica del país.

La investigación en curso sobre las responsabilidades de los funcionarios implicados en la contaminación del combustible es fundamental para evitar que situaciones similares se repitan en el futuro. La transparencia y la rendición de cuentas son esenciales para garantizar la integridad de la gestión pública y fortalecer el estado de derecho.

La crisis de la gasolina en Bolivia es un claro ejemplo de las consecuencias de las políticas económicas populistas y la falta de planificación a largo plazo. La eliminación de los subsidios a los combustibles, aunque impopular, era una medida necesaria para evitar el colapso del sistema financiero del país. Sin embargo, la transición hacia un nuevo modelo económico debe ser acompañada de medidas para proteger a los sectores más vulnerables y garantizar el acceso a los servicios básicos.

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