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Panamá se enfrenta a una creciente controversia internacional tras anular la concesión de la operación de dos puertos clave del Canal de Panamá a la filial de la firma hongkonesa CK Hutchison Holdings, Panamá Ports Company (PPC). La decisión, que ha generado tensiones con China y ha levantado interrogantes sobre la estabilidad del comercio global, ha desencadenado una batalla legal y acusaciones de daños drásticos por parte de la empresa afectada.
El pasado 23 de febrero, las autoridades panameñas tomaron el control de las terminales de Balboa, en el Pacífico, y Cristóbal, en el Atlántico, dos puntos estratégicos en las entradas del Canal. Los activos, incluyendo la maquinaria y equipos de Hutchison, fueron cedidos a las navieras danesa Maersk y ítalo-suiza MSC por un período de 18 meses, una medida que PPC considera una expropiación y una violación de sus derechos contractuales.
PPC ha denunciado que Panamá ha causado “daños drásticos y crecientes” a la empresa y a sus inversionistas, y ha presentado una demanda ante la Cámara de Comercio Internacional (ICC) en París para impugnar la sentencia. La compañía ha acusado al gobierno panameño de incumplir sus obligaciones ante la ICC al no presentar su respuesta a la demanda en el plazo establecido el pasado viernes.
Según PPC, Panamá argumentó ante la ICC que no pudo responder a tiempo debido a que no había contratado abogados y no estaba familiarizado con la controversia, una justificación que la empresa considera insostenible y una muestra de falta de seriedad por parte del gobierno panameño.
La disputa se produce en un contexto geopolítico delicado, con acusaciones de que la decisión de Panamá fue influenciada por presiones externas, especialmente de Estados Unidos. El expresidente estadounidense Donald Trump había amenazado con retomar el control del Canal, argumentando que China lo controlaba a través de Hutchison, una acusación que generó tensiones con Pekín. China, por su parte, ha advertido sobre posibles represalias si Panamá no resuelve la disputa de manera satisfactoria.
El gobierno panameño, encabezado por el presidente José Raúl Mulino, defiende la anulación de la concesión argumentando que el contrato original era opaco y perjudicial para los intereses del país. Según Mulino, PPC había convertido los dos puertos en un “territorio autónomo”, operando con una falta de transparencia que impedía al Estado panameño ejercer su soberanía.
La Contraloría de Panamá, por su parte, ha demandado la concesión alegando que el país dejó de recibir aproximadamente 1.200 millones de dólares por las operaciones de Hutchison. La Contraloría también acusa a la empresa de haber disfrutado de “muchas exenciones fiscales”, de no haber pagado la renta adecuada por la concesión y de haber incurrido en irregularidades en una auditoría previa que justificó la renovación del contrato en 2021 por 25 años más.
La anulación de la concesión ha generado preocupación en el sector marítimo y logístico, ya que los puertos de Balboa y Cristóbal son fundamentales para el flujo del comercio internacional a través del Canal de Panamá. La incertidumbre sobre la gestión de estos puertos podría afectar la eficiencia y la confiabilidad del Canal, lo que a su vez podría tener un impacto negativo en la economía global.
La disputa legal ante la ICC podría prolongarse durante meses o incluso años, y el resultado final es incierto. Mientras tanto, Panamá se enfrenta a la posibilidad de sanciones comerciales por parte de China y a una creciente presión internacional para resolver la disputa de manera justa y transparente.
La situación plantea interrogantes sobre el futuro de las inversiones extranjeras en Panamá y sobre la estabilidad del Canal de Panamá como una ruta comercial clave. El gobierno panameño deberá demostrar que su decisión de anular la concesión a Hutchison se basó en fundamentos legales sólidos y en el interés nacional, y que está dispuesto a negociar una solución que satisfaga a todas las partes involucradas.
La comunidad internacional observa de cerca el desarrollo de esta crisis, que podría tener implicaciones significativas para el comercio global y para las relaciones geopolíticas en la región. La resolución de la disputa requerirá un diálogo constructivo y un compromiso por parte de Panamá, Hutchison, China y Estados Unidos para evitar una escalada de tensiones y garantizar la estabilidad del Canal de Panamá.


