La escalada de tensiones en Medio Oriente continúa impactando negativamente en los mercados financieros argentinos, arrastrando consigo bonos, acciones y el riesgo país a terreno negativo. Este viernes, los mercados cerraron una semana tensa, con una fuerte aversión al riesgo global, exacerbada por la incertidumbre en torno al suministro energético y la posible extensión del conflicto bélico. El riesgo país, medido por el J.P. Morgan, superó los 580 puntos básicos, marcando una segunda subida consecutiva y alejándose de los niveles necesarios para una refinanciación exitosa de la deuda externa del país.
Los bonos soberanos en dólares registraron bajas generalizadas, con caídas de hasta 2,3% en el Global 2046, mientras que los Bonares, emitidos bajo legislación argentina, también cedieron terreno, aunque con menor intensidad (hasta 1,3% en el Bonar 2041). La excepción fue el Bonar 2029, que experimentó un ligero avance del 0,3%. Esta divergencia refleja una cautela selectiva por parte de los inversores, que parecen buscar refugio en instrumentos con vencimientos más cercanos.
El aumento del riesgo país en un 4,1%, situándolo en 584 puntos básicos, es un indicador preocupante para el Gobierno, que necesita acceder a financiamiento externo para hacer frente a sus obligaciones y sostener la economía. Un riesgo país elevado encarece el costo del endeudamiento y dificulta la atracción de capitales extranjeros, limitando las opciones de política económica.
La preocupación central de los mercados internacionales sigue siendo el posible impacto de la guerra en Medio Oriente en el suministro global de energía. El precio del petróleo Brent se mantiene en torno a los u$s100 por barril, lo que genera presiones inflacionarias y aumenta la incertidumbre económica a nivel mundial. Argentina, como importador neto de energía, es particularmente vulnerable a estas fluctuaciones.
En contraste con la caída de los bonos en dólares, los títulos CER, que ajustan por inflación, mostraron un comportamiento positivo, trepando hasta 1,5%. Este aumento se explica por la reciente publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero, que marcó un 2,9%, superando las expectativas del mercado (2,7%). La aceleración de la inflación refuerza la demanda de instrumentos que ofrecen protección contra la pérdida de poder adquisitivo.
En el mercado de renta variable, el S&P Merval sufrió una caída del 2% a 2.642.584,170 puntos, mientras que su contraparte en dólares retrocedió aún más, un 3,9%, ubicándose en torno a los 1.777,20 puntos. Las acciones más afectadas fueron las de Grupo Supervielle (-6,4%) y Banco BBVA (-6,3%), seguidas por Bioceres Crop, que se derrumbó un 12,9%. En el otro extremo, Banco Valores (+4,9%) y Transportadora de Gas del Norte (+2,2%) lograron registrar ganancias.
A pesar de la caída en el corto plazo, el selectivo local acumuló un aumento del 0,6% en pesos durante la semana, aunque el avance fue más modesto en dólares (0,1%). En lo que va del mes, la subida es apenas del 0,02% en pesos, pero la caída alcanza el 1,8% en dólares. Esta disparidad refleja la volatilidad del mercado y la influencia del tipo de cambio.
Los ADRs, que representan acciones de empresas argentinas cotizadas en bolsas extranjeras, también sufrieron fuertes bajas, con una caída de hasta 6,7% en el caso de BBVA Argentina. Grupo Supervielle (-6,6%) y Banco Macro (-5%) completaron el podio de las pérdidas. La caída de los ADRs es un reflejo de la percepción negativa de los inversores internacionales sobre la economía argentina.
La situación actual plantea desafíos importantes para el Gobierno, que debe buscar medidas para estabilizar los mercados, reducir el riesgo país y atraer inversiones. La negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la implementación de políticas económicas consistentes son fundamentales para recuperar la confianza de los inversores y sentar las bases para un crecimiento sostenible.
Analistas coinciden en que la incertidumbre geopolítica seguirá siendo un factor determinante en el comportamiento de los mercados financieros en las próximas semanas. La evolución del conflicto en Medio Oriente y sus posibles consecuencias en el suministro energético serán clave para determinar la dirección de los precios de los activos y la volatilidad de los mercados. En este contexto, la prudencia y la gestión de riesgos son esenciales para proteger el patrimonio de los inversores. La capacidad del gobierno para transmitir un mensaje de estabilidad y compromiso con las reformas económicas también será crucial para mitigar los efectos negativos de la crisis internacional.


