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¡Guerra en el Golfo! El petróleo se dispara y el mundo al borde del caos

La guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz ha provocado un terremoto en los mercados energéticos, con fuertes consecuencias para la economía mundial.

¡Guerra en el Golfo! El petróleo se dispara y el mundo al borde del caos

El mundo se enfrenta a una crisis energética de proporciones históricas tras el ataque a Irán y la consiguiente escalada de tensiones en Medio Oriente. El precio del petróleo se ha disparado, alcanzando niveles no vistos en años, y el bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza con interrumpir el suministro global de energía, desestabilizando economías y sembrando el pánico en los mercados.

Desde el pasado sábado 28 de febrero, cuando Donald Trump y Benjamin Netanyahu ordenaron atacar instalaciones iraníes, la región se encuentra en un estado de alerta máxima. La respuesta de Teherán, que incluyó el cierre del estrecho de Ormuz, ha exacerbado la crisis, provocando una subida vertiginosa del precio del barril de petróleo, que pasó de US$60 a rozar los US$120 en un solo día antes de estabilizarse en torno a los US$90. Esta volatilidad sin precedentes ha generado una jornada de pánico en los mercados financieros y ha puesto en alerta a gobiernos de todo el mundo.

La reacción del presidente Trump ha sido caótica y contradictoria. En una serie de llamadas telefónicas a periodistas, el mandatario estadounidense ha intentado minimizar la gravedad de la situación, asegurando que la guerra está "prácticamente concluida" y que tiene un "plan para todo". Sin embargo, sus explicaciones han sido vagas y poco convincentes, generando aún más incertidumbre. "Tengo un plan para todo, ¿de acuerdo?", le dijo a un periodista del New York Post. "Estarás muy contento". A CBS News, Trump afirmó que la guerra "está prácticamente terminada", pero admitió que la operación podría no terminar pronto y que su administración aún no ha tomado una decisión sobre el envío de tropas a Irán.

El frenesí telefónico de Trump y la reunión de emergencia de los ministros de Finanzas del G7, que consideraron la posibilidad de liberar 300 millones de barriles de reservas de emergencia, lograron calmar temporalmente los mercados y moderar la subida del petróleo. Sin embargo, la falta de claridad sobre las intenciones de Trump y la persistencia del bloqueo del estrecho de Ormuz mantienen la situación en un punto crítico. Como señala el editor de Economía de la BBC, Faisal Islam, la crisis "tiene el potencial de convertirse en el mayor shock petrolero de la historia".

El estrecho de Ormuz, el principal cuello de botella energético del planeta, es vital para el suministro mundial de petróleo. Por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y el 25% del transporte marítimo de crudo. Además, el 30% del gas natural licuado (GNL) mundial también pasa por este estrecho. El cierre del estrecho ha frenado drásticamente el tráfico marítimo, reduciendo el número de petroleros que lo cruzan de 37 diarios a prácticamente cero en pocos días.

Aunque el petróleo tiene un menor peso en la economía global actual que en la década de 1970, sigue siendo un componente esencial del sistema económico mundial. La interrupción del suministro, la mayor de todos los tiempos, ya está afectando los bolsillos de millones de personas. Industrias como el transporte, la petroquímica, la industria pesada y la agroalimentaria son especialmente sensibles a la subida de los precios del petróleo, y su perturbación podría tener graves consecuencias para las economías dependientes del crudo del Golfo Pérsico, especialmente las asiáticas.

Rafael Pampillón, profesor de Economía de la IE Business School, advierte que el mundo "atraviesa la crisis energética más grave en décadas y, potencialmente, la más seria desde los grandes shocks petroleros de los años 70". La situación actual comparte varios elementos con las crisis de 1973 y 1979, incluyendo interrupciones físicas del suministro, fuertes subidas de precios y un contexto geopolítico altamente volátil.

El bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza con obligar a los países productores de la región a cerrar temporalmente sus pozos de petróleo, ya que no dispondrían de espacio para almacenar el crudo si los buques no pueden transitar por el estrecho. Esta medida, sin embargo, no es una solución viable, ya que el cierre y reapertura de los pozos de petróleo es un proceso complejo y arriesgado que podría dañar la infraestructura y reducir la capacidad de producción a largo plazo.

La Guardia Revolucionaria Islámica ha advertido que no permitirá el paso de ningún litro de petróleo por el estrecho de Ormuz mientras Israel y Estados Unidos continúen con sus ataques. Trump, por su parte, ha amenazado con desatar "la muerte, el fuego y la furia" sobre Irán si persiste en el bloqueo.

Varios países han tomado medidas de emergencia ante la gravedad de la crisis. Francia ha anunciado el despliegue de una decena de buques de guerra en la región para, potencialmente, escoltar a barcos comerciales por el estrecho de Ormuz una vez que la fase más intensa del conflicto haya terminado. Esta medida recuerda a las acciones tomadas por Estados Unidos y otras potencias en la década de 1980 durante la guerra entre Irán e Irak, cuando varios buques mercantes y petroleros fueron atacados en el Golfo Pérsico.

Irán parece estar utilizando una estrategia de coerción asimétrica, explotando su capacidad para interrumpir el flujo de energía como una forma de presionar a Estados Unidos e Israel para que detengan sus ataques. Como explica Omar Rachedi, economista y senior fellow de EsadeGeo, Teherán "está intentando transformar una inferioridad militar relativa en poder de negociación a través de un cuello de botella global". Al atacar instalaciones, terminales, refinerías y el tráfico marítimo, Irán busca elevar el coste económico y político del conflicto para Washington, sus aliados del Golfo y los grandes consumidores asiáticos y europeos, con el objetivo de forzar un alto el fuego o limitar la escalada.

El impacto de esta crisis energética se distribuye en cascada por toda la economía mundial, afectando especialmente a sectores intensivos en combustibles líquidos y a aquellos que dependen del Golfo como corredor físico. El transporte, especialmente la aviación, es uno de los sectores más afectados, con un aumento del 72% en el precio del combustible para aviones en Singapur y la cancelación de 37.000 vuelos desde finales de febrero. La industria petroquímica y la industria pesada también sufren las consecuencias de la subida de los precios del petróleo.

Las economías productoras de petróleo del Golfo, especialmente Irak, son las más vulnerables a esta crisis. La producción de Irak se ha hundido en torno al 70%, lo que representa un grave golpe para un país donde más del 90% de los ingresos públicos dependen del petróleo. Arabia Saudita ha comenzado a reducir la producción y a desviar el petróleo por un oleoducto que conduce al puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, pero esta medida no es suficiente para compensar la interrupción del flujo a través del estrecho de Ormuz.

Los grandes importadores de petróleo asiáticos, como China, India, Japón y Corea del Sur, también se encuentran en una situación vulnerable. China, aunque ha diversificado sus proveedores energéticos y cuenta con grandes reservas estratégicas, podría verse afectada si la crisis se prolonga. Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado, también se enfrenta a riesgos significativos.

Estados Unidos, que es el mayor productor mundial de gas y petróleo, está mejor posicionado para amortiguar el impacto de la crisis, pero no para neutralizarlo por completo. La Reserva Estratégica de Petróleo, uno de los mayores almacenes de petróleo de emergencia del mundo, podría utilizarse para estabilizar el mercado o compensar interrupciones temporales del suministro. Sin embargo, incluso con estas ventajas, el aumento del precio internacional del petróleo afectará a los consumidores estadounidenses.

El precio de los combustibles es un indicador económico clave para los votantes estadounidenses, ya que afecta directamente al presupuesto diario de los hogares. En el caso de Donald Trump, que se enfrenta a elecciones de medio mandato en noviembre, el aumento del precio del petróleo podría tener consecuencias negativas en su campaña.

En América Latina, el impacto de la crisis energética varía según el perfil energético de cada país. Los exportadores netos de crudo, como Brasil, Guyana, Argentina y Colombia, podrían beneficiarse de la subida de los precios, mientras que los importadores netos de combustibles, como los países del Caribe y Centroamérica, así como Chile y Perú, se verán más perjudicados.

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