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¿Fin de la Fiesta? Economía Mexicana en Riesgo de Recesión

En una economía que ya crece poco, cualquier freno adicional se siente rápido y un entorno adverso la hace vulnerable a una recesión.

¿Fin de la Fiesta? Economía Mexicana en Riesgo de Recesión

La economía mexicana, tras un cierre de año mejor de lo previsto y un alentador inicio de 2026, enfrenta ahora señales de advertencia que podrían desembocar en una recesión. Los primeros datos de febrero revelan una pérdida de impulso que contrasta con el optimismo inicial, generando preocupación entre analistas y expertos.

El Producto Interno Bruto (PIB) del cuarto trimestre de 2025 mostró un avance del 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior, culminando el año con un crecimiento general del 1.8 por ciento en comparación con 2024. Si bien el Indicador Oportuno de Actividad Económica (IOAE) anticipaba un crecimiento mensual de 0.3 por ciento y uno anual de 2.3 por ciento para enero de 2026, las cifras de febrero han sembrado dudas sobre la sostenibilidad de esta mejora. ¿Fue enero un mes aislado de buen desempeño o el preludio de una desaceleración más profunda?

Uno de los focos de atención más importantes se encuentra en el mercado automotriz. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que en febrero se vendieron 118 mil 297 vehículos ligeros, una cifra 0.3 por ciento inferior a la del mismo mes del año anterior. Este dato es particularmente significativo, ya que el sector automotriz se considera un termómetro del ánimo del consumidor, reflejando decisiones de gasto importantes, la disponibilidad de crédito y las expectativas sobre los ingresos futuros. Una contracción en este mercado sugiere una mayor cautela por parte de los hogares.

Además, el Indicador de Pedidos Manufactureros disminuyó 1.3 puntos en febrero, ubicándose en 50.2 unidades. Aunque este valor aún se mantiene por encima del umbral de 50, que indica contracción, la caída sugiere una pérdida de vigor en el sector manufacturero. La confianza del consumidor, según los datos más recientes de enero, también retrocedió 0.6 puntos, con disminuciones en todos sus componentes. El deterioro más notable se observó en la percepción sobre la situación económica del país y las perspectivas de empleo, lo que refuerza la señal de un enfriamiento económico generalizado.

El mercado laboral tampoco ofrece un panorama alentador. El crecimiento del empleo formal en febrero, en comparación con el mismo mes del año anterior, fue de apenas 0.4 por ciento, lo que se traduce en la creación de solo 18 mil 882 nuevos puestos de trabajo, una cifra significativamente inferior a los 119 mil 385 registrados en febrero de 2025. Esta tendencia débil en la generación de empleo contribuye a la incertidumbre económica.

En resumen, los primeros indicadores de febrero revelan un patrón familiar en la economía mexicana: avances parciales, señales contradictorias y una dificultad persistente para mantener una trayectoria de crecimiento robusta durante varios meses consecutivos. El consumo muestra señales mixtas, la industria se mueve con debilidad y el empleo formal no logra despegar. Estos elementos combinados sugieren un posible tropiezo en el camino hacia la recuperación económica.

El consenso de los analistas consultados por el Banco de México prevé un crecimiento cercano al 1.5 por ciento para 2026, una expansión positiva, pero modesta. Esto significa que cualquier pérdida de impulso en el consumo, la industria o la inversión podría tener un impacto rápido y significativo en el desempeño general de la economía.

La situación se complica aún más por un entorno externo adverso. La amenaza de aranceles por parte de Estados Unidos, la desaceleración económica global y la incertidumbre generada por el conflicto en Irán limitan el margen de maniobra de México. En una economía que ya crece poco, cualquier freno adicional se siente con rapidez, y un entorno externo desfavorable la hace más vulnerable a una recesión.

La escalada del conflicto en Irán ha impulsado los precios del petróleo a niveles no vistos desde 2022, lo que podría generar presiones inflacionarias y afectar negativamente el crecimiento económico. Además, las fusiones y adquisiciones, que suelen ser un indicador del ánimo empresarial, podrían verse afectadas por la incertidumbre económica y geopolítica.

Ante este panorama, la atención se centra en los próximos indicadores económicos, que determinarán si la desaceleración de febrero fue un simple bache o el inicio de una nueva recesión. En una economía que crece poco, los cambios de tono son cruciales, y los primeros datos de febrero sugieren que el tono favorable con el que comenzó el año podría estar debilitándose rápidamente. La capacidad de México para sortear estos desafíos dependerá de su habilidad para adaptarse a un entorno externo complejo y de la implementación de políticas económicas que impulsen el crecimiento sostenible y la creación de empleo.

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