Nueva York, NY – La ciudad de Nueva York rindió un emotivo homenaje al legendario salsero Willie Colón, fallecido el pasado 21 de febrero a los 76 años. Miles de fanáticos, amigos y familiares se congregaron frente a la Catedral de San Patricio en Manhattan para despedir al ícono de la salsa, cuya música trascendió fronteras y generaciones. La ceremonia, marcada por la nostalgia y el ritmo contagioso de sus canciones, fue un testimonio del impacto cultural y personal que Colón dejó en el mundo.
Desde tempranas horas de la mañana, la Quinta Avenida se convirtió en un mar de banderas de Puerto Rico, Ecuador y otros países latinoamericanos, ondeadas por admiradores que viajaron desde distintas partes de Estados Unidos y Canadá para rendir tributo al artista. La banda sonora del adiós estuvo a cargo de una vibrante interpretación de “La Murga”, uno de los grandes éxitos de Colón, grabado en 1970 junto a su inseparable compañero, Héctor Lavoe. Los trombones, instrumento emblemático en la música de Colón, resonaron con fuerza, acompañando el cortejo fúnebre mientras se abrian las puertas de la catedral.
Los aplausos y el canto espontáneo de los asistentes acompañaron cada nota musical, creando una atmósfera de celebración y despedida. Muchos se dejaban llevar por el ritmo, contorneando sus cuerpos y moviendo los pies al compás de la salsa, como un último baile en honor al “Malo de El Bronx”. Tras dos días de velatorio, el ataúd con los restos de Colón fue introducido en la catedral para una ceremonia privada, reservada para familiares y amigos cercanos.
Entre la multitud, rostros marcados por la emoción y el recuerdo. Ángela Lebrón, de ochenta años, sostenía con orgullo una pequeña bandera de Puerto Rico mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. “Estamos despidiendo a uno de los mejores de la salsa. Él puso en alto el nombre de Puerto Rico”, declaró a EFE, con la voz quebrada por el dolor. “Es como un familiar que se nos va, lo vamos a recordar siempre”.
Junto a ella, Emilia, una repartidora de comida originaria de Ecuador, movía su bandera al ritmo de “Che Che Colé”, otro de los temas inolvidables de Colón, incluido en su álbum “Cosa Nuestra” (1969). “Pedí permiso en el trabajo para venir y me lo dieron”, dijo con entusiasmo, demostrando la importancia que Colón tenía para la comunidad latina. “Su música nos da alegría, nos hace bailar, nos hace sentir orgullosos de nuestra cultura”.
La presencia de jóvenes entre la multitud demostró que el legado de Colón sigue vivo en las nuevas generaciones. Davis Alvarado, acompañado de su esposa Yanice y su hijo Ismael, de 9 años, viajaron desde Montreal, Canadá, para asistir al funeral. “Tuve la suerte de conocerle, tomarme una foto con él y que me firmara un disco”, compartió Davis, mostrando con orgullo una sudadera negra con la carátula de uno de los álbumes de Colón. “Quería que mi hijo conociera la música de Willie Colón y entendiera su importancia”.
La misa, celebrada en inglés y español, fue un momento de reflexión y homenaje. El obispo Joseph Espaillat, de origen dominicano, recibió el ataúd de madera en las puertas de la iglesia y encabezó la marcha hasta el altar. Escoltando el féretro, un grupo de alguaciles del condado de Westchester, donde Colón residía, rindiendo homenaje a su labor como voluntario y su cargo de “teniente sheriff”.
Durante la ceremonia, los hijos de Colón, Diego y Alejandro Miguel, ofrecieron un conmovedor panegírico, recordando la pasión de su padre por la música y su sueño de celebrar su funeral en la catedral. “Lo logramos”, afirmó Alejandro Miguel, con la voz llena de emoción.
El obispo Espaillat, un declarado amante de la salsa, compartió una anécdota personal sobre su padre, quien siempre le hablaba de la maestría de Colón con el trombón. “Mi padre decía: ‘No hay trombón como ese, óyelo’”, recordó Espaillat, también originario de El Bronx. Agradeció a la familia del músico por haberlo elegido para el servicio y culminó su mensaje con una referencia a otro de los grandes éxitos de Colón y Lavoe, “El Día de Mi Suerte”. “Pronto llegará el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte seguro que mi suerte cambiará”, dijo, provocando una ovación espontánea entre los asistentes.
Willie Colón, nacido William Anthony Colón Román en el sur de El Bronx en 1950, firmó su primer contrato discográfico a los 15 años y grabó su primer álbum dos años después. A lo largo de su prolífica carrera, colaboró con los más grandes de la salsa, incluyendo a Héctor Lavoe, con quien formó uno de los dúos más emblemáticos del género. Su música, caracterizada por la fusión de ritmos latinos, jazz y funk, dejó una huella imborrable en la historia de la música latina y lo consagró como uno de los artistas más influyentes de su generación. Su partida deja un vacío en el mundo de la música, pero su legado perdurará a través de sus canciones, que seguirán inspirando y emocionando a generaciones venideras.


