La escalada del conflicto en Medio Oriente, más allá de su impacto en el precio del petróleo, está generando una fuerte presión sobre los costos de los fertilizantes, un insumo clave para la producción agrícola argentina. El aumento, especialmente en el comercio de Gas Natural Licuado (GNL) y en los fertilizantes nitrogenados, amenaza con encarecer los alimentos y afectar la rentabilidad del campo.
Según un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), cerca del 50% del consumo de fertilizantes en Argentina es importado, y en 2025 se preveía un aumento sostenido en las compras tras dos años consecutivos de crecimiento. Sin embargo, la crisis actual podría revertir esta tendencia y generar incertidumbre en el sector. El año pasado, el país importó fertilizantes por un valor superior a los USD 2.000 millones, un incremento del 38% respecto a 2023, impulsado en parte por una parada técnica en la planta de Profertil y por las condiciones climáticas adversas en Bahía Blanca, que afectaron la operación de la principal planta de producción nacional.
Los fertilizantes más demandados son la urea, fundamental para la producción de trigo y maíz, y el fosfato monoamónico (MAP), esencial para el cultivo de soja. Si bien la importación de fertilizantes potásicos tiene un peso menor, la situación general del mercado global impacta en todos los productos.
El conflicto en Medio Oriente ha provocado interrupciones en la producción, la logística y el comercio internacional de fertilizantes, especialmente en el Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente un tercio del comercio mundial de estos productos. La reacción del mercado fue inmediata: productores retiraron sus ofertas, los intermediarios se apresuraron a cubrir sus posiciones, los precios físicos y los derivados se dispararon, y los compradores se paralizaron. Incluso se declararon casos de fuerza mayor en cargamentos destinados a India.
En pocos días, el precio de la urea llegó a subir hasta un 40%, acercándose a los máximos observados durante la crisis energética de 2022. Este aumento se trasladó rápidamente a Sudamérica, con incrementos de 160 dólares por tonelada en el caso de la urea y 50 dólares por tonelada en los fosfatados en apenas siete días.
“El impacto se concentró en el Estrecho de Ormuz, corredor por donde circula cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes, incluyendo urea, amoníaco y materias primas fosfatadas”, señala el reporte de Ingeniería en Fertilizantes (IEF). “La reacción fue inmediata: retiro de ofertas de productores, traders cubriendo posiciones, subas abruptas en precios físicos y derivados, paralización de compradores y problemas logísticos severos con buques detenidos, navieras suspendiendo tránsito y aseguradoras retirando cobertura”.
En Argentina, la cadena comercial reaccionó de manera defensiva, con importadores y distribuidores retirándose del mercado ante la dificultad de estimar los costos de reposición en un contexto de extrema volatilidad. Hacia el final de la semana, reaparecieron ofertas muy cautelosas para cubrir necesidades puntuales a corto plazo.
Afortunadamente, el país se encuentra en plena época de cosecha, por lo que el consumo de fertilizantes no es tan elevado como lo sería en temporada de siembra. Sin embargo, el aumento de precios se produce justo antes de la siembra en el hemisferio norte, especialmente en Estados Unidos, lo que ejerce una presión adicional sobre los precios de los granos.
Guido D’Angelo, economista e investigador de la BCR, explica que el grueso de las importaciones de fertilizantes se realiza en la segunda mitad del año, pero las decisiones al respecto deben tomarse en mayo, es decir, en los próximos dos meses.
La situación actual favorece a países como Argentina, Uruguay y Paraguay, que no tienen una urgencia de compra inmediata en comparación con mercados como Estados Unidos, Brasil o India. Esto reduce el incentivo de los intermediarios a asumir riesgos comerciales en la región.
El mercado de fertilizantes fosfatados, como el MAP utilizado para la producción de soja, también se encuentra afectado por la incertidumbre. La posible interrupción de las exportaciones desde Arabia Saudita y el encarecimiento de materias primas como el azufre y el amoníaco han llevado a numerosos productores a retirar sus ofertas y adoptar una postura cautelosa.
El mercado estadounidense es el más dinámico, debido a la proximidad de la campaña de primavera (boreal), mientras que Sudamérica y Europa parecen estar en una situación de espera. En América Latina, el mercado brasileño está prácticamente paralizado, con proveedores e importadores retirados de las negociaciones mientras evalúan la evolución del conflicto. Sin embargo, se han reportado operaciones de MAP ruso con destino a Brasil y al Cono Sur, a precios superiores a los de semanas previas.
La paralización del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz y la interrupción de las operaciones energéticas en la región han generado una rápida reacción alcista en los precios de los fertilizantes. Al tratarse de una zona que concentra una porción significativa de las exportaciones globales de urea, las restricciones logísticas y productivas han provocado una inmediata búsqueda de orígenes alternativos. Al mismo tiempo, el aumento en los precios del gas natural y la incertidumbre sobre la disponibilidad de cargamentos han incrementado la volatilidad del mercado.
La producción en Qatar se ha detenido debido a los ataques a la infraestructura energética, y la actividad productiva en Irán también se ha interrumpido, con algunos embarques realizados desde puertos de Omán. En Europa, el aumento del gas natural y la incertidumbre de suministro han provocado fuertes incrementos en los precios, mientras que en Estados Unidos la expectativa de menor oferta global ha impulsado el mercado para la temporada de aplicación de primavera. En Brasil, el aumento del costo de reposición ha reducido la actividad comercial.
La situación actual exige un monitoreo constante de la evolución del conflicto en Medio Oriente, la reapertura del Estrecho de Ormuz, la continuidad de las exportaciones desde Omán, el posicionamiento de India en el mercado y el comportamiento de la demanda brasileña. La incertidumbre persiste y el impacto final en la producción agrícola argentina dependerá de la duración y la intensidad de la crisis.

