De un humilde inicio vendiendo maní en cervecerías de barrio, a un imperio gastronómico que abarca cervecerías, un skybar de vanguardia y un restaurante de vinos secreto, la historia de Marco y Guido Sinopoli es un testimonio de visión, trabajo arduo y una aguda comprensión de las cambiantes preferencias del consumidor. Lo que comenzó como una forma de generar ingresos mientras Marco terminaba el colegio, se ha transformado en un grupo gastronómico de renombre en Buenos Aires, desafiando las adversidades económicas y reinventándose constantemente para ofrecer experiencias únicas.
Marco, quien comenzó su emprendimiento a los 15 años, recuerda los inicios con modestia. “Cuando uno arranca un camino, no sabe hasta dónde puede llegar. Haber construido todo esto en diez años es algo que nos pone muy contentos”, comenta a TN. Junto a su hermano Guido, 12 años mayor y con experiencia en contabilidad y administración de restaurantes, identificaron una oportunidad en el naciente auge de la cerveza artesanal en la ciudad.
El primer emprendimiento, operado “a pulmón” en el quincho de un amigo, carecía de estructura y planificación formal. Sin embargo, la demanda superó rápidamente su capacidad de producción, obligándolos a buscar un galpón a fines de 2017. Fue en ese momento cuando surgió la idea de expandir el negocio y abrir su propia cervecería, Lagerhaus. Con una inversión inicial de US$60.000, combinaron la experiencia de Marco en cocina y atención al público con la perspicacia administrativa de Guido, creando un formato clásico pero efectivo: cerveza artesanal de calidad acompañada de comida sencilla y sabrosa.
Lagerhaus prosperó, expandiéndose a tres sedes. En 2019, sumaron una cuarta cervecería bajo la marca Nómade, consolidando su presencia en el mercado. Sin embargo, los hermanos Sinopoli no se conformaron con el éxito de sus cervecerías. Antes de la pandemia, ya tenían en mente un proyecto más ambicioso: un bar en altura con terraza y vistas panorámicas.
La pandemia de coronavirus, sin embargo, puso en pausa sus planes. Las restricciones sanitarias y la incertidumbre económica obligaron a replantearse la estrategia. Pero, paradójicamente, la pandemia también reveló una nueva tendencia: la creciente demanda de espacios al aire libre. “Después de la pandemia hubo un cambio muy fuerte en lo que buscaba la gente. Apareció ese chip de querer salir a tomar algo al aire libre”, explica Marco.
Aprovechando una oportunidad que les presentó un amigo del rubro inmobiliario, los hermanos Sinopoli encontraron el espacio ideal: una terraza en un edificio sobre la avenida Corrientes, en el corazón del distrito teatral de Buenos Aires. La transformación de la terraza, que originalmente estaba destinada a ser una sala de máquinas, fue un desafío monumental. No había conexiones de agua, electricidad ni servicios básicos, ni siquiera un ascensor o paredes. “Hubo que construir todo desde cero, baños, cocina y toda la infraestructura”, recuerda Marco. Las restricciones sanitarias también complicaron el proceso, obligando a detener la obra cada vez que alguien presentaba síntomas de fiebre.
A pesar de los obstáculos, el bar finalmente abrió sus puertas en 2023, convirtiéndose en un skybar pionero en la capital porteña, con la mayoría de sus espacios al aire libre. El nuevo local, con su vista de 360 grados, rápidamente se convirtió en un punto de encuentro popular, ofreciendo una propuesta gastronómica innovadora y una agenda cultural diversa, que incluye catas, talleres y eventos en colaboración con el Ministerio de Cultura porteño.
La apuesta por la experiencia como diferencial clave en su modelo de negocio continuó con la adquisición, el año pasado, de un bar de vinos en la calle Maipú. El local, llamado Boca Abajo, Boca Arriba, se presenta como un speakeasy oculto detrás de un lavadero. Durante el día funciona como una lavandería, pero por la noche, al tocar el timbre, una recepcionista guía a los clientes a un subsuelo donde se desarrolla una experiencia gastronómica única.
El restaurante opera con reservas previas y un menú de degustación por pasos, sin carta abierta. Los clientes pagan por una experiencia completa, con platos y bebidas diseñados en torno a un tema específico, como regiones vitivinícolas argentinas o maridajes explicados por el chef. “La gente no busca solo comer o tomar algo, quiere vivir una experiencia completa”, afirma Sinopoli.
Las cervecerías del grupo también han evolucionado, ofreciendo una propuesta gastronómica más amplia y eventos especiales, como shows de cumbia gratuitos y parrillas diseñadas en colaboración con Natu Lalo, ganadora de El Gran Premio de la Cocina. Cada local cuenta con una superficie de alrededor de 1000 m² y combina la cerveza artesanal con una oferta culinaria de alta calidad.
El grupo Sinopoli ha diversificado aún más sus actividades con la creación de una productora de eventos propia, Atmosphere, que ha organizado festivales y participado en eventos masivos como Corrientes 24 horas, atrayendo a 7000 personas a la calle.
Sin embargo, el contexto económico actual representa un desafío. “Hay una caída en el consumo que por lo menos en gastronomía se siente porque sabemos que en la parte del ocio, cuando hay crisis, es lo primero que se recorta”, reconoce Marco.
Ante esta realidad, los hermanos Sinopoli planean diversificar aún más sus inversiones, explorando el mundo del bienestar. “Tengo pensado ir más por el rubro de la estética, de los cuidados, del entrenamiento”, adelanta Marco. La idea es abrir un espacio dedicado al pilates y al universo health & fit, como una estrategia para no depender exclusivamente del sector gastronómico. “Hay momentos donde diversificar es inteligente”, concluye.
La historia de Marco y Guido Sinopoli es un ejemplo inspirador de cómo la pasión, la perseverancia y la capacidad de adaptación pueden transformar un pequeño emprendimiento en un imperio gastronómico. Desde aquel primer bolsón de maní vendido a bares ajenos, hasta la creación de un skybar de vanguardia y un restaurante de vinos secreto, los hermanos Sinopoli han demostrado que, con visión y trabajo duro, los sueños pueden hacerse realidad.


