La presión desde diversos sectores políticos y, sorprendentemente, desde dentro de su propio bloque, ha comenzado a surtir efecto en José Antonio Kast, quien se encuentra reconsiderando la abrupta suspensión del proceso de traspaso con el gobierno de Gabriel Boric. La decisión inicial, motivada por la controversia en torno al cable submarino chino, generó una ola de críticas y llamados a la sensatez, incluso por parte de figuras clave del futuro oficialismo.
Si bien la determinación de la Oficina del Presidente Electo (OPE) de poner fin a las reuniones bilaterales contó inicialmente con el respaldo de la mayoría de los partidos que conformarán el nuevo gobierno, en las últimas horas se ha evidenciado un creciente descontento y una fuerte presión para que Kast dé marcha atrás. La preocupación radica en que la interrupción del traspaso podría generar un caos administrativo y dificultar la gestión de las urgencias que el nuevo gobierno se ha comprometido a abordar.
El senador Rodrigo Galilea, presidente de Renovación Nacional (RN), fue uno de los primeros en expresar públicamente su inquietud. Si bien reconoció que Kast tenía motivos para marcar una posición firme frente a la falta de transparencia en el caso del cable chino, instó al futuro mandatario a reconsiderar la suspensión total del traspaso. “Le daría una vuelta a seguir con el traspaso del mando”, declaró Galilea en una entrevista con CNN Chile.
La presión se intensificó durante el miércoles, con otros dirigentes de RN sumándose al llamado a la prudencia. El diputado Diego Schalper, jefe de bancada de RN, enfatizó la importancia de separar la controversia del cable submarino del proceso administrativo de traspaso de políticas públicas. “Es perfectamente compatible el dejar de manifiesto que acá ha habido un manejo de la información en lo que respecta al llamado cable chino (...) y otra cosa muy distinta es el traspaso administrativo de proyectos de políticas públicas, y por lo tanto yo separaría ambas cosas”, argumentó Schalper.
La diputada Ximena Ossandón, también de RN, fue aún más contundente al afirmar que el bien superior de Chile debe prevalecer. “Lo que los chilenos esperan es que se retomen las bilaterales para que el traspaso sea lo más eficiente y transparente posible, para que el gobierno entrante pueda comenzar de buena forma. En un gobierno de emergencia no se puede perder tiempo”, declaró Ossandón, haciendo hincapié en la importancia de las tradiciones republicanas del país.
El diputado Andrés Longton (RN) se sumó a los llamados a retomar las reuniones bilaterales, argumentando que la continuidad del proceso es fundamental para evitar “sorpresas desagradables” y “profundizar el deterioro” de las relaciones políticas. “Para que no sigan ocurriendo sorpresas desagradables, creo que vale la pena reconsiderarlo, para no profundizar el deterioro que hemos visto en los últimos años de las relaciones políticas y humanas y encauzar un proceso que, a pesar de todo, ha sido ejemplar durante varias décadas”, afirmó Longton.
Incluso el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, si bien evitó un llamado directo a retomar las reuniones, reconoció que “nunca es bueno para la política y el país que se corte el diálogo”. En Evópoli, el diputado Jorge Guzmán insistió en que un traspaso ordenado y transparente es crucial para el éxito del nuevo gobierno. “Un traspaso ordenado, transparente y con verdadero sentido republicano le hace mucho mejor a Chile que las diferencias y enemistades que hemos visto en las últimas horas. Espero que se retome el diálogo y que este proceso se desarrolle de manera responsable”, declaró Guzmán.
La disidencia no se limitó a los partidos de derecha. Algunos republicanos también expresaron su preocupación por la suspensión del traspaso. El subjefe de la bancada de diputados, Luis Fernando Sánchez, afirmó que “por lo relativo al 11 de marzo yo espero que todo funcione en orden, y lo que dice relación con el traspaso de mando en sí, ocurra. Chile no es un país bananero, no debiésemos tener problemas en ese nivel”. Su par, Stephan Schubert, llamó a “limar estas asperezas” para asegurar un proceso de transición exitoso.
La decisión de Kast también generó inquietud entre las nuevas autoridades designadas. Según fuentes cercanas a los equipos de transición, muchos se sintieron descolocados por la abrupta suspensión del traspaso y temen que esto complique la gestión de las urgencias que el nuevo gobierno se ha propuesto abordar.
En algunos ministerios sectoriales, el proceso de traspaso había avanzado de manera tranquila y ordenada, con decenas de reuniones bilaterales ya realizadas. En el Mineduc, por ejemplo, se habían programado 29 citas hasta el anuncio de Kast. Cercanos a los futuros inquilinos de la cartera coinciden en que el proceso ha sido bien llevado y que la suspensión es innecesaria. “Si fuera tan malo el proceso no se habrían dado tantas reuniones”, resumieron desde la actual administración.
En el Minsal, también se habían programado cinco citas antes de la suspensión del traspaso. Las mismas fuentes aseguran que los equipos de algunos futuros secretarios de Estado están considerando la posibilidad de reagendar las reuniones de carácter administrativo, ya que hay materias “ineludibles” que deben ser tratadas bilateralmente.
Ante la creciente presión, el entorno de Kast salió a bajar el tono. Durante una reunión con los futuros ministros y subsecretarios, la próxima vocera de Gobierno, Mara Sedini, afirmó que “no hemos cortado el diálogo, el diálogo sigue abierto con el gobierno actual y con quien quiera que quiera aportar a nuestro país. Dicho eso, hemos dado las reuniones bilaterales por terminadas”.
Sedini recalcó que “si se necesita tener contacto entre el presidente y el presidente electo, las líneas están abiertas”. Explicó que la suspensión de las reuniones bilaterales no implica un corte total de las relaciones con la actual administración y que el nuevo gobierno está dispuesto a mantener un diálogo constructivo en aquellos temas que sean de interés para el país.
En concreto, la OPE ha indicado que algunos equipos seguirán en contacto y que las futuras autoridades participarán en aquellas actividades a las que sean invitados por el actual gobierno. La decisión de Kast, por lo tanto, parece estar evolucionando hacia una postura más flexible, aunque manteniendo una línea firme en cuanto a la necesidad de transparencia en el caso del cable submarino chino. El futuro del traspaso de poder, sin embargo, sigue siendo incierto y dependerá de la capacidad de ambas administraciones para encontrar un punto de encuentro que permita asegurar una transición ordenada y eficiente.


