Los expresidentes Bill y Hillary Clinton enfrentaron un intenso escrutinio en el Congreso esta semana, al testificar ante el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes en el marco de la investigación sobre Jeffrey Epstein, el financiero convicto por delitos sexuales. Las declaraciones, a puerta cerrada, fueron publicadas por los republicanos del comité, marcando un hito histórico al ser la primera vez que un exmandatario estadounidense es citado para testificar ante el Congreso. Las revelaciones, aunque marcadas por negaciones y lagunas de memoria, han reavivado el debate sobre las conexiones de figuras prominentes con Epstein y su red de tráfico sexual.
Bill Clinton, en su extensa declaración, se esforzó por distanciarse de Epstein, afirmando que desconocía la magnitud de sus crímenes y que había interrumpido su relación con él mucho antes de su primera condena en 2008. “No vi nada cuando estaba cerca de él que me hiciera darme cuenta de que estaba traficando con mujeres”, declaró Clinton al comité. “No vi nada ni hice nada malo”. Sin embargo, admitió haber viajado en el avión privado de Epstein en aproximadamente media docena de ocasiones durante un período de dos años, argumentando que lo veía como una forma económica de realizar viajes internacionales en beneficio de su fundación benéfica. Clinton atribuyó la conexión inicial con Epstein a su exsecretario del Tesoro, Larry Summers, quien, según relató, lo recomendó a Epstein poco después de dejar el cargo en 2001 o 2002. Summers, según Clinton, describió a Epstein como un “hombre ávido de información” y propietario de un “avión enorme”.
El expresidente insistió en que consideraba a Epstein un “hombre interesante, pero no creía que estuviera realmente interesado” en sus actividades. Clinton afirmó que se enteró de los crímenes de Epstein por primera vez en 2008, cuando fue procesado, y negó haber sido contactado por alguna agencia policial para ser interrogado sobre su relación con Epstein. También negó haber visitado la isla privada de Epstein o haber tenido contacto con Ghislaine Maxwell, la colaboradora clave de Epstein, durante la última década.
La declaración de Hillary Clinton, por su parte, se centró en negar cualquier conocimiento previo sobre Epstein. Afirmó no recordar haberlo conocido y que solo había tenido un contacto casual con Maxwell a través de un conocido en común, Ted Waitt, un desarrollador de software que la invitó a la boda de su hija Chelsea en 2010. Hillary Clinton calificó la citación como un “teatro político” y cuestionó los motivos de los republicanos. Se negó a caracterizar la relación entre su esposo y Maxwell, sugiriendo que Bill Clinton debía responder a esa pregunta.
La sesión de interrogatorio se vio interrumpida cuando fotografías de Hillary Clinton testificando fueron publicadas en Internet por la representante republicana Lauren Boebert. El abogado de Hillary Clinton argumentó que la publicación de las fotografías violaba las reglas del comité y que los Clinton habían solicitado repetidamente que las declaraciones se realizaran en público. Visiblemente frustrada, Hillary Clinton amenazó con declararse en desacato si los republicanos continuaban compartiendo imágenes de la entrevista. El presidente del comité, James Comer, finalmente instruyó a los republicanos a no publicar más fotos ni videos de la declaración, y la audiencia se suspendió brevemente.
Un momento particularmente llamativo de la declaración de Bill Clinton fue cuando se le mostró una fotografía de él en un jacuzzi durante un viaje a Asia, una imagen que había circulado ampliamente en los archivos de Epstein. Clinton explicó que la foto fue tomada en Brunei, donde él y su grupo eran huéspedes de un hotel propiedad del sultán de Brunei, con quien había mantenido una relación cordial durante su presidencia. Según su relato, él y Epstein pasaron un tiempo en el jacuzzi y la piscina, que estaban ubicados en el mismo piso que sus suites.
La presencia de dos abogados de larga data de los Clinton, David Kendall y Cheryl Mills, durante las declaraciones subraya la seriedad con la que los Clinton están tomando la investigación. Ambos abogados han sido asesores de confianza de los Clinton durante décadas y desempeñaron un papel clave en su defensa durante el juicio político de Bill Clinton en 1999.
La investigación del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes sobre Jeffrey Epstein continúa, y se espera que se citen a más personas en las próximas semanas. Los republicanos han criticado la falta de transparencia en torno a las conexiones de figuras prominentes con Epstein y han prometido seguir investigando a fondo para determinar si se cometieron delitos. La decisión de no citar al expresidente Donald Trump, a pesar de su larga amistad con Epstein, ha generado críticas por parte de los demócratas, quienes argumentan que la investigación está motivada políticamente. Trump ha reconocido haber conocido a Epstein, pero ha insistido en que desconocía su conducta criminal.
Las declaraciones de los Clinton, aunque marcadas por negaciones y evasivas, han proporcionado nueva información sobre sus relaciones con Epstein y Maxwell. La investigación continúa desvelando detalles inquietantes sobre la red de tráfico sexual de Epstein y las conexiones de figuras poderosas con este criminal convicto. El impacto de estas revelaciones en la reputación de los Clinton y en el panorama político estadounidense aún está por verse. La publicación de los archivos de Epstein ha abierto una caja de Pandora, y se espera que sigan saliendo a la luz nuevos detalles en los próximos meses. La investigación promete ser larga y compleja, y sus resultados podrían tener consecuencias significativas para las figuras involucradas.

