WASHINGTON – En una escalada de tensiones sin precedentes, el presidente Donald Trump anunció este sábado el inicio de una operación militar conjunta con Israel contra Irán, bautizada como “Furia Épica”. Desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida, Trump ha delineado una estrategia ambivalente, oscilando entre la promesa de una destrucción total y la posibilidad de una retirada rápida, dejando al mundo en vilo sobre el futuro de la región.
El mandatario, en declaraciones a Axios, afirmó que los bombardeos “pesados y precisos” continuarán “sin interrupciones durante la semana” o hasta que Washington alcance su “objetivo”. Sin embargo, también dejó la puerta abierta a una conclusión más rápida: “Puedo prolongarlo y tomar el control de todo, o terminarlo en dos o tres días y decirles a los iraníes: ‘Nos vemos de nuevo en unos años si comienzan a reconstruir (sus programas nucleares y de misiles)'”. Esta declaración refleja una incertidumbre estratégica que ha generado preocupación entre aliados y adversarios por igual.
La motivación detrás de la operación, según Trump, radica en dos factores principales. El primero, el fracaso de las recientes negociaciones nucleares en Ginebra, donde, según su relato, los iraníes se acercaron y se retiraron repetidamente, demostrando una falta de compromiso genuino con un acuerdo. El segundo, el comportamiento del régimen iraní en los últimos años, que Trump describe como una serie de acciones hostiles, incluyendo ataques y asesinatos de estadounidenses. El presidente reveló que solicitó a su equipo un análisis exhaustivo de todos los incidentes relacionados con Irán en los últimos 25 años antes de tomar la decisión de lanzar la operación.
Una de las afirmaciones más impactantes de Trump fue su creencia de que la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jameneí, podría allanar el camino hacia una solución diplomática. “Ahora es mucho más fácil que hace un día, obviamente”, declaró en una entrevista con CBS, celebrando los ataques como “un gran día para este país y para el mundo”. El mandatario insinuó la existencia de “buenos candidatos” para suceder a Jameneí, aunque se abstuvo de proporcionar detalles.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, elevó aún más el tono de la retórica, prometiendo la destrucción de la Armada iraní y su programa de misiles, así como la garantía de que Teherán nunca poseerá un arma nuclear. En un mensaje en X, Hegseth calificó la operación como “la más letal, compleja y precisa de la historia”, acusando a Irán de “atacar y asesinar a estadounidenses” durante décadas.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha confirmado que no ha habido bajas ni heridos estadounidenses en el ataque, y que los daños a las instalaciones estadounidenses han sido mínimos y no han afectado a las operaciones. El almirante Brad Cooper, comandante del CENTCOM, describió la operación como “la mayor concentración regional de potencia de fuego militar estadounidense en una generación”. Los objetivos de los ataques incluyeron instalaciones de mando y control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, capacidades de defensa aérea iraníes, bases de lanzamiento de misiles y drones, y aeródromos militares.
Mientras tanto, Irán ha respondido al ataque con el lanzamiento de misiles hacia territorio israelí y contra bases militares estadounidenses en la región, intensificando aún más la escalada.
La Casa Blanca ha informado que Trump ha mantenido conversaciones telefónicas con los líderes de Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos, así como con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para discutir la situación. También se ha confirmado una conversación con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
En respuesta a la creciente amenaza, el FBI ha elevado el nivel de alerta terrorista en Estados Unidos, movilizando sus equipos de contraterrorismo e inteligencia. El director del FBI, Kash Patel, anunció que los JTTFs (Joint Terrorism Task Forces) en todo el país están trabajando las 24 horas del día para abordar cualquier amenaza potencial. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha confirmado la coordinación directa con las agencias de inteligencia y las fuerzas del orden para “vigilar de cerca y frustrar cualquier amenaza potencial contra la patria”. El Servicio Secreto también ha anunciado un “incremento de la seguridad” en los lugares bajo su jurisdicción, y los departamentos de policía locales en todo el país han activado protocolos de precaución y reforzado la presencia de patrullas en sitios de culto y sedes diplomáticas.
La exvicepresidenta Kamala Harris, rival de Trump en las elecciones de 2024, ha expresado su rechazo a “una guerra para un cambio de régimen” en Irán, criticando a Trump por “arrastrar a Estados Unidos a una guerra que el pueblo estadounidense no desea”. Harris recordó que cualquier acción militar requiere la aprobación del Congreso y que, incluso si se obtuviera, los estadounidenses “no apoyan” iniciar un conflicto bélico.
La situación sigue siendo fluida y altamente volátil. La ambivalencia de Trump, combinada con las promesas de una respuesta contundente por parte de sus funcionarios, ha sumido al mundo en una incertidumbre profunda sobre el futuro de la región y las posibles consecuencias de esta escalada militar. La comunidad internacional observa con preocupación, esperando que se encuentre una solución diplomática antes de que la “Furia Épica” desate una conflagración a gran escala.


