La industria de etanol de Estados Unidos ha extendido una oferta de colaboración técnica y regulatoria a México, en un momento crítico para la calidad del aire y la política energética del país. La propuesta busca acelerar la incorporación de etanol en las gasolinas mexicanas, aprovechando la vasta experiencia acumulada por la industria estadounidense durante décadas de transición y adaptación. Sin embargo, la incertidumbre regulatoria y las restricciones actuales en zonas metropolitanas amenazan con frenar la inversión y limitar el potencial de esta solución.
Robert White, vicepresidente senior de Relaciones Industriales y Desarrollo de Mercados del Renewable Fuels Association (RFA), presentó la oferta durante la National Ethanol Conference en Orlando, Florida, ante una audiencia de funcionarios y representantes del sector energético mexicano. White enfatizó la disposición de la industria estadounidense para “llevar de la mano” a México a través del proceso de implementación, ofreciendo su conocimiento en ajustes de infraestructura, especificaciones de combustibles y estrategias regulatorias.
La industria de etanol en Estados Unidos ha alcanzado cifras récord en 2023, con una producción de 16.4 mil millones de galones, superando cualquier marca anterior. Las exportaciones también han crecido significativamente, alcanzando los 2.2 mil millones de galones, 300 millones más que el año previo. El consumo interno se mantuvo robusto en 14.4 mil millones de galones, con una tasa de mezcla promedio de 10.5 por ciento de etanol en la gasolina. Esta expansión se ha visto impulsada por la creciente adopción de mezclas superiores, como E15 (15 por ciento etanol) y E85 (hasta 85 por ciento en vehículos flex fuel).
White destacó que el etanol representa la fuente de octanaje más económica disponible, permitiendo a las refinerías estadounidenses optimizar costos al reducir el octanaje base de la gasolina y complementarlo con etanol. Esta estrategia ha resultado en ahorros significativos para las refinerías y, potencialmente, para los consumidores. “Pudieron detener antes el proceso de refinación, ahorrar dinero y usar el etanol para terminar el producto al consumidor”, explicó White.
Sin embargo, la situación en México presenta desafíos únicos. White calificó de “extraño” la restricción al uso de etanol en las principales zonas metropolitanas, argumentando que son precisamente estas áreas las que más se beneficiarían de la mejora en la calidad del aire que el etanol puede ofrecer. En Estados Unidos, la introducción de etanol en ciudades como Los Ángeles, Chicago y Denver fue una pieza clave en la estrategia para reducir la contaminación atmosférica, especialmente el smog y los compuestos aromáticos nocivos como el benceno.
“Vayan a casa y vean una película de los años 80 ambientada en Los Ángeles. Miren el cielo. Verán el smog. ¿Qué hicimos para limpiarlo? Etanol”, afirmó White, recordando que la reformulación de combustibles, junto con los avances tecnológicos en vehículos, fue fundamental para mejorar la calidad del aire en estas ciudades.
La propuesta de la industria estadounidense se centra en un enfoque gradual y flexible. White recomendó iniciar la implementación en regiones donde ya exista infraestructura de mezclado, permitir expansiones estacionales inmediatas y, en paralelo, desarrollar una estrategia nacional clara con un horizonte temporal definido. No obstante, advirtió contra la imposición de un límite rígido al porcentaje de etanol en la gasolina, como un estándar E10.
“No pongan E10 como su techo, como su máximo. Nunca se sabe. Podrían ir a 11, 12, 15 o 20 por ciento. Nosotros no lo sabíamos y ahora tenemos que regresar estado por estado a corregirlo”, afirmó White. Citó como ejemplo las regulaciones en Georgia, donde la definición explícita de un límite de 10 por ciento ha obstaculizado la expansión de E15.
La industria de etanol estadounidense considera que la flexibilidad regulatoria es crucial para permitir la innovación y la adaptación a las condiciones locales. Un enfoque demasiado restrictivo podría limitar el potencial del etanol para mejorar la calidad del aire, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y fortalecer la seguridad energética de México.
La oferta de colaboración de Estados Unidos llega en un momento en que la política energética de México se encuentra en un punto de inflexión. Las restricciones a la inversión privada y la incertidumbre regulatoria han generado preocupación entre los inversores y han frenado el desarrollo de nuevas fuentes de energía. La adopción del etanol podría representar una oportunidad para diversificar la matriz energética, reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mejorar la calidad del aire en las ciudades mexicanas.
Sin embargo, la decisión final dependerá de la voluntad política del gobierno mexicano y de su capacidad para crear un entorno regulatorio favorable a la inversión y la innovación. La industria estadounidense ha dejado claro que está dispuesta a colaborar, pero el éxito de esta iniciativa dependerá de la respuesta de México y de su compromiso con un futuro energético más limpio y sostenible. La falta de claridad en las regulaciones y la persistencia de las restricciones actuales podrían significar la pérdida de una valiosa oportunidad para mejorar la calidad de vida de millones de mexicanos y avanzar hacia un futuro más verde.


