El lunes 9 de enero marcó un antes y un después en la política social chilena con la promulgación de la Ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, conocido como Chile Cuida. Esta legislación representa un reconocimiento histórico por parte del Estado a las necesidades de cuidado que existen en el país, y un paso fundamental hacia la construcción de una sociedad más justa y equitativa. La ley no solo amplía el acceso a prestaciones y apoyos estatales, sino que redefine el cuidado como un derecho social fundamental, integrándolo como un cuarto pilar del sistema de protección social, junto a la educación, la salud y la seguridad social.
La relevancia de esta ley se hace particularmente evidente al considerar la magnitud del trabajo de cuidado no remunerado que se realiza en Chile. Según datos recientes, más de 1.2 millones de personas dedican en promedio más de 40 horas semanales a esta tarea, y un abrumador 92% de ellas son mujeres. Esta desproporción no es casualidad, sino el resultado de una arraigada construcción social que ha asignado históricamente el cuidado como una responsabilidad primordialmente femenina. Esta carga desigual tiene consecuencias devastadoras en la vida de las cuidadoras, manifestándose en un deterioro de su salud física y mental, restricciones en su participación laboral y social, y una disminución significativa de su calidad de vida.
Durante décadas, el cuidado ha sido considerado un asunto privado, una responsabilidad exclusiva de las familias, especialmente de las mujeres. Chile Cuida busca romper con este paradigma, trasladando el cuidado del ámbito privado al ámbito público, reconociéndolo como una responsabilidad compartida entre el Estado, la comunidad, las familias y el mercado. La ley establece una serie de medidas para apoyar a las personas en situación de dependencia y a sus cuidadores, incluyendo prestaciones económicas, servicios de cuidado en domicilio, residencias de largo plazo, y programas de apoyo psicosocial.
La implementación de este sistema de cuidados es un desafío complejo que requerirá una inversión significativa de recursos y una coordinación efectiva entre los diferentes actores involucrados. Sin embargo, los beneficios potenciales son enormes. Al aliviar la carga de cuidado que recae sobre las mujeres, Chile Cuida podría liberar a millones de personas para que puedan participar plenamente en el mercado laboral, desarrollar su potencial profesional y personal, y contribuir al crecimiento económico del país.
Desde la perspectiva de la Terapia Ocupacional, la promulgación de Chile Cuida representa un hito de gran importancia. Esta disciplina ha reconocido históricamente el cuidado como una ocupación central para la vida humana, esencial para el desarrollo y el bienestar de las personas. Sin embargo, también ha advertido sobre los riesgos ocupacionales asociados al cuidado, especialmente cuando se ejerce en contextos de alta demanda y escaso apoyo. La Terapia Ocupacional no se limita a trabajar con las personas que necesitan cuidado, sino que también se enfoca en las necesidades de los cuidadores, reconociéndolos como una diada ocupacional que requiere acompañamiento, intervención y apoyo integral.
La ley Chile Cuida dialoga directamente con este enfoque, al reconocer no solo el derecho a cuidar y a ser cuidado, sino también el derecho al autocuidado de quienes sostienen estas tareas. Para los terapeutas ocupacionales, esto implica una oportunidad y un desafío: contribuir a la construcción de políticas públicas sensibles a la vida cotidiana, promover intervenciones que prevengan el desgaste ocupacional de las personas cuidadoras y fortalecer su participación social, autonomía y bienestar.
La implementación efectiva de Chile Cuida requerirá un cambio cultural profundo, una transformación en la forma en que la sociedad percibe y valora el cuidado. Es necesario desmantelar los estereotipos de género que han perpetuado la desigualdad en la distribución de las tareas de cuidado, y promover una cultura de corresponsabilidad en la que todos los miembros de la sociedad asuman su parte de la responsabilidad.
La Terapia Ocupacional, con su mirada situada, comunitaria y centrada en la ocupación, tiene un rol clave en este proceso. Los terapeutas ocupacionales pueden trabajar con las familias, las comunidades y las instituciones para visibilizar el cuidado como una ocupación esencial para la sostenibilidad de la vida, promover condiciones más justas y dignas para quienes cuidan, y fortalecer la capacidad de las personas para cuidar de sí mismas y de los demás.
La ley Chile Cuida es un paso importante en la dirección correcta, pero no es una solución mágica. Su éxito dependerá de la voluntad política de los gobiernos, la participación activa de la sociedad civil y el compromiso de todos los ciudadanos. Es fundamental que se asignen los recursos necesarios para implementar la ley de manera efectiva, que se establezcan mecanismos de seguimiento y evaluación para garantizar su cumplimiento, y que se promueva una cultura de cuidado que valore el trabajo de las personas que se dedican a esta tarea esencial.
En definitiva, Chile Cuida representa una oportunidad histórica para construir una sociedad más justa, equitativa y solidaria, en la que el cuidado sea reconocido como un derecho fundamental y una responsabilidad compartida. La Terapia Ocupacional, con su enfoque holístico y centrado en la persona, está preparada para desempeñar un papel clave en este proceso, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las personas que necesitan cuidado y de quienes las cuidan. La clave reside en pasar de la retórica a la acción, garantizando que los beneficios de esta ley lleguen a quienes más los necesitan y que el cuidado sea verdaderamente valorado como un pilar fundamental del bienestar social.


