Hay historias que no solo se cuentan, se sienten en el alma. Historias que nacen entre el silbido de una locomotora y el eco metálico de los rieles que, durante décadas, han sido testigos silenciosos del trajín de un país. La historia de Don Ricardo Morales, un hombre que dedicó 38 años de su vida al Ferrocarril Nacional, es precisamente una de esas narrativas que resuenan con la nostalgia de un tiempo que se desvanece y la dignidad de quienes lo construyeron.
Don Ricardo, ahora jubilado, compartió con este medio sus memorias, tejiendo un relato conmovedor sobre su trayectoria, los cambios que presenció en el ferrocarril y el peso emocional de despedir el último tren en circular por una línea que, para él, representaba mucho más que un simple medio de transporte.
Su vínculo con el ferrocarril comenzó de manera casi fortuita. Proveniente de una familia humilde, Don Ricardo buscaba una oportunidad para asegurar su futuro y el de su familia. En 1985, a los 18 años, ingresó como aprendiz de maquinista, atraído por la promesa de un trabajo estable y la fascinación que sentía por las enormes máquinas de acero que surcaban el país.
“Desde chico me gustaban los trenes,” recuerda Don Ricardo con una sonrisa melancólica. “Mi abuelo trabajaba en el ferrocarril y me contaba historias de sus viajes, de las personas que conocía, de los paisajes que veía. Siempre me pareció un mundo mágico.”
Los primeros años fueron de intenso aprendizaje. Don Ricardo se sumergió en el estudio de la mecánica ferroviaria, la señalización, las normas de seguridad y, por supuesto, el arte de conducir una locomotora. Pasó por todas las etapas, desde fogonero hasta maquinista, ganándose el respeto de sus compañeros y superiores por su dedicación, responsabilidad y profesionalismo.
“El ferrocarril era una gran familia,” afirma Don Ricardo. “Trabajábamos juntos, nos apoyábamos mutuamente y compartíamos muchas experiencias. Había un sentido de camaradería muy fuerte.”
Durante las décadas siguientes, Don Ricardo fue testigo de la transformación del ferrocarril. Vio cómo se modernizaban las locomotoras, se mejoraban las vías y se implementaban nuevas tecnologías. Pero también presenció el declive gradual de la red ferroviaria, debido a la falta de inversión, la competencia de otros medios de transporte y las políticas gubernamentales que priorizaron el transporte por carretera.
“Fue triste ver cómo se iban cerrando líneas y se abandonaban estaciones,” lamenta Don Ricardo. “El ferrocarril era vital para el desarrollo del país, especialmente para las zonas rurales. Con su desaparición, se perdieron empleos, se dificultó el acceso a bienes y servicios y se rompió un vínculo importante entre las comunidades.”
A pesar de las dificultades, Don Ricardo nunca perdió su pasión por el ferrocarril. Siguió trabajando con entusiasmo y dedicación, consciente de la importancia de su labor. Se convirtió en un referente para las nuevas generaciones de maquinistas, transmitiéndoles sus conocimientos y valores.
Pero el momento más difícil de su carrera llegó en 2023, cuando se anunció el cierre definitivo de la línea férrea que conectaba su ciudad natal con la capital del país. Don Ricardo fue el encargado de conducir el último tren en circular por esa línea, un tren que llevaba consigo la historia y la memoria de toda una región.
“Fue un día muy duro,” confiesa Don Ricardo con la voz quebrada. “Sentía una mezcla de tristeza, nostalgia y rabia. Era como despedir a un amigo, a un compañero de vida. Sabía que era el fin de una era.”
El último viaje fue silencioso y solemne. Don Ricardo recorrió los kilómetros de vía con el corazón apesadumbrado, saludando con la mano a los vecinos que se congregaron a lo largo del trayecto para despedir al tren. Al llegar a la estación terminal, fue recibido con aplausos y lágrimas.
“Me sentí abrumado por la emoción,” recuerda Don Ricardo. “Ver a tanta gente que se había sentido identificada con el ferrocarril me conmovió profundamente. Me di cuenta de que mi trabajo había significado algo para muchas personas.”
Tras 38 años de servicio, Don Ricardo se jubiló con la satisfacción de haber dedicado su vida a una profesión que amaba. Hoy, disfruta de su tiempo libre junto a su familia y amigos, pero nunca olvida sus años en el ferrocarril.
“El ferrocarril siempre estará en mi corazón,” afirma Don Ricardo con una sonrisa. “Es parte de mi historia, de mi identidad. Y aunque ya no esté en activo, seguiré defendiendo su legado y luchando por su recuperación.”
La historia de Don Ricardo es un testimonio de la importancia del ferrocarril en la historia de nuestro país y un homenaje a los hombres y mujeres que lo construyeron y lo mantuvieron en funcionamiento. Es una historia que nos invita a reflexionar sobre el valor del patrimonio ferroviario y la necesidad de preservar su memoria para las futuras generaciones. Su relato es un llamado a la acción, a no permitir que el silbido de las locomotoras se apague para siempre. Es un recordatorio de que, a veces, las historias más importantes son aquellas que se cuentan en voz baja, entre el silbido de una locomotora y el eco metálico de los rieles.


