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Honda confirma el desarrollo de la nueva Ridgeline: más robusta y con ADN de SUV

Picape monobloco ganhará um novo motor V6. Modelo segue sem previsão para o Brasil, mas antecipa os próximos passos da Honda

Audionoticia

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Honda confirma el desarrollo de la nueva Ridgeline: más robusta y con ADN de SUV
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Honda ha confirmado el desarrollo de la tercera generación de la Ridgeline, que llegará al mercado en un plazo de dos años. La nueva picape apostará por una estética mucho más robusta y orientada al off road, inspirada en el nuevo Passport, pero manteniendo su innovadora plataforma monobloco para garantizar una conducción cómoda y refinada. En el apartado mecánico, se espera una evolución del motor V6 centrada en la eficiencia y el comportamiento dinámico, manteniendo una potencia cercana a los 285 cv. Aunque su comercialización seguirá centrada en Norteamérica, este lanzamiento redefine la visión de Honda sobre los vehículos de carga, fusionando la versatilidad de una picape con la sofisticación de un SUV.

Honda ha confirmado oficialmente lo que el mercado norteamericano ya anticipaba: la tercera generación de la Ridgeline se encuentra actualmente en desarrollo. A través de la divulgación de la primera imagen teaser de la nueva picape, la fabricante ha asegurado que el modelo llegará al mercado en un plazo de dos años, cerrando así el ciclo de la generación actual que había iniciado su camino en 2016.

Aunque la noticia pueda parecer distante para ciertos mercados, como el brasileño, donde la Ridgeline nunca se ha vendido oficialmente, este anuncio es fundamental para comprender la visión de futuro de Honda respecto a sus vehículos de carga. El desarrollo de este modelo refuerza la apuesta de la marca por un concepto que ha ganado terreno globalmente: las picapes construidas sobre plataforma monobloco, que priorizan la comodidad y la dirigibilidad sin renunciar a la versatilidad de una caçamba.

Hasta el momento, Honda mantiene la mayoría de los detalles bajo reserva. La imagen teaser compartida muestra únicamente la silueta de la carrocería, pero la empresa ya ha adelantado que el proyecto contará con una apariencia "aún más robusta" que la versión vigente. Las expectativas indican que la picape seguirá estrechamente la identidad visual del nuevo Passport, el SUV recientemente presentado en Estados Unidos. Esto sugiere una evolución hacia un diseño con una parte frontal más verticalizada, el uso de líneas rectas, guardabarros destacados y una estética más orientada al universo off-road. Todo esto se logrará sin abandonar la construcción monobloco, característica que siempre ha diferenciado a la Ridgeline de sus competidoras tradicionales.

En cuanto a sus capacidades, la propia Honda ha afirmado que la nueva generación ganará "más capacidades", aunque no ha entrado en detalles técnicos sobre si esto se traduce en una mayor capacidad de carga, una mejora en el remolque o una evolución en los sistemas de tracción integral.

En el apartado mecánico, se espera que la Ridgeline reciba una actualización importante. El modelo actual emplea un motor V6 de 3.5 litros aspirado con 280 cv. La tendencia es que la nueva generación utilice una evolución de esta familia de motores para cumplir con las futuras normativas de emisiones en los Estados Unidos. No se prevé un cambio drástico en la potencia, la cual debería mantenerse cercana a los 285 cv, pero el enfoque estará puesto en obtener ganancias en eficiencia, refinamiento y comportamiento dinámico. Asimismo, Honda ha señalado su intención de hacer que la picape sea más competente fuera del asfalto, alineando su propuesta con la adoptada por el nuevo Passport TrailSport.

La principal diferencia arquitectónica de la Ridgeline radica en que, mientras la mayoría de las picapes medianas utilizan un chasis sobre longarinas, este modelo emplea una plataforma monobloco compartida con los SUV Pilot y Passport. Esta decisión de ingeniería hace que su conducción sea mucho más similar a la de un vehículo utilitario deportivo que a la de una picape convencional. Esta es la misma lógica que ha permitido el éxito de modelos como la Fiat Toro en el mercado brasileño, donde el consumidor valora más el confort, la estabilidad y el comportamiento refinado para el uso diario y familiar que la capacidad máxima de carga o remolque.

En el mercado estadounidense, esta filosofía ha generado opiniones divididas. Si bien muchos usuarios elogian la superioridad en la conducción, otro sector del público considera que la Ridgeline carece de la robustez de modelos con chasis tradicional, como la Toyota Tacoma, la Ford Ranger o la Chevrolet Colorado. Con la nueva generación, Honda busca reducir esa brecha percibida sin sacrificar la arquitectura monobloco.

Respecto a su disponibilidad fuera de Norteamérica, Honda no ha confirmado planes de comercialización para el mercado brasileño, manteniendo su estrategia local centrada en los SUV HR-V, ZR-V y CR-V. No obstante, la renovación de la Ridgeline es relevante ya que anticipa el lenguaje de diseño y las soluciones de ingeniería que podrían integrarse en futuros modelos globales de la marca, especialmente considerando que el espacio para las picapes monobloco sigue creciendo con el éxito de productos como la Ford Maverick.

Por ahora, la Ridgeline seguirá siendo exclusiva de América del Norte, pero su evolución deja claro que Honda confía en el concepto de una picape que entrega el comportamiento de un SUV sin renunciar a la versatilidad de una caja de carga, una combinación que cobra sentido en un mercado donde estos vehículos se utilizan cada vez más como automóviles de paseo.

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