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El Z-40: Masacres, Sobornos y un Imperio Criminal Desde la Prisión

EU busca probar en juicio que Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, fue el autor intelectual de la Masacre de Allende. Aquí las pruebas que hay.

El Z-40: Masacres, Sobornos y un Imperio Criminal Desde la Prisión

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha revelado detalles escalofriantes sobre la presunta actividad criminal de Miguel Ángel Treviño Morales, alias “El Z-40”, ex líder del Cártel de los Zetas, mientras se enfrenta a un juicio en el que se busca probar su responsabilidad en las masacres de Allende y Piedras Negras, Coahuila, en 2011. La defensa del narcotraficante ha solicitado la eliminación de las Medidas Especiales Administrativas (SAM) que restringen severamente su contacto con el exterior, argumentando condiciones de aislamiento injustificado y un comportamiento ejemplar en prisión, incluyendo la lectura de más de mil libros y la práctica de yoga. Sin embargo, los fiscales han respondido con contundencia, presentando evidencia que describe a Treviño Morales como uno de los capos más violentos del siglo XXI y alegando que continúa delinquiendo incluso desde su celda en una prisión de máxima seguridad en Virginia.

El escrito presentado por los fiscales ante el juez Trevor McFadden detalla que Treviño Morales, quien fue segundo al mando de Los Zetas a partir de 2008 y líder a partir de 2012, no solo orquestó operaciones de narcotráfico a gran escala, sino que también fue el autor intelectual y material de actos de extrema violencia, incluyendo las masacres de Allende y Piedras Negras. Estas masacres, según la acusación, fueron una respuesta vengativa a la colaboración de individuos vinculados a su organización con agencias estadounidenses, específicamente la DEA.

La fiscalía describe una escalada de violencia en dos fases. La primera, dirigida a personas cercanas al supuesto colaborador de la DEA en Piedras Negras, culminó en la ejecución de inocentes. La segunda, pocos días después, involucró el envío de un convoy armado a Allende, donde se llevaron a cabo secuestros y asesinatos con el objetivo de enviar un mensaje de represalia a aquellos considerados “traidores”. La brutalidad de estos actos, según los fiscales, justifica plenamente la aplicación de las SAM, un régimen de encarcelamiento especial reservado para terroristas y delincuentes de alta peligrosidad.

Pero la actividad criminal de Treviño Morales no se limitó al pasado. Los fiscales afirman que, incluso después de su detención en 2013, continuó dirigiendo su organización desde prisión, transformándola en el Cártel del Noreste. Lo más grave, según la acusación, es que sobornó al director de un penal federal de máxima seguridad en México para permitir la operación de su imperio criminal desde dentro de la cárcel. Esta corrupción, según el Departamento de Justicia, demuestra la capacidad de Treviño Morales para ejercer influencia y controlar actividades ilícitas incluso bajo estrictas medidas de seguridad.

Los fiscales han rechazado categóricamente los argumentos de la defensa sobre el supuesto aislamiento y trato injusto que recibe Treviño Morales. Afirman que, a pesar de las restricciones impuestas por las SAM, el capo ha recibido visitas de 16 personas, incluyendo abogados, investigadores y familiares, y ha sostenido llamadas telefónicas regulares con sus seres queridos. Además, niegan que esté encadenado o esposado constantemente, como alega su equipo legal.

El Departamento de Justicia también se ha opuesto a una segunda moción presentada por la defensa, en la que se solicitaba la eliminación de algunos de los cargos originales, como homicidio y crimen organizado, argumentando que eran demasiado generales y difusos. Los fiscales han respondido que esta petición es prematura, ya que se está preparando una sexta acusación suplementaria que ampliará los detalles de los cargos y proporcionará pruebas más específicas.

En este contexto, los fiscales insisten en la necesidad de mantener las SAM en vigor para contener la actividad delictiva de Treviño Morales y proteger la integridad de los investigadores y testigos en su caso. La gravedad de los cargos, la violencia de sus acciones y su capacidad para operar desde prisión justifican, según el Departamento de Justicia, las medidas de seguridad más estrictas disponibles.

El caso de El Z-40 representa un desafío significativo para el sistema judicial estadounidense, que busca llevar ante la justicia a uno de los líderes más despiadados del narcotráfico mexicano. La evidencia presentada por los fiscales pinta un retrato escalofriante de un criminal que no se detendrá ante nada para mantener su poder y continuar con sus actividades ilícitas, incluso desde la prisión. El juicio, que se espera sea largo y complejo, podría tener importantes implicaciones para la lucha contra el narcotráfico y la seguridad en la frontera entre Estados Unidos y México. La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de este caso, que pone de manifiesto la persistencia de la violencia y la corrupción en el mundo del crimen organizado. La decisión del juez McFadden sobre la solicitud de la defensa para levantar las SAM será crucial para determinar el curso del juicio y la capacidad del Departamento de Justicia para llevar a El Z-40 ante la justicia.

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