La osteoartritis, una condición que afecta a más de 595 millones de personas en todo el mundo, podría tener una solución sorprendentemente simple: el ejercicio. A medida que las cifras globales de afectados se proyectan para alcanzar los mil millones en 2050, impulsadas por el sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad, una creciente voz en la comunidad médica aboga por un cambio radical en el enfoque del tratamiento.
Tradicionalmente, la osteoartritis se ha abordado con fármacos, inyecciones y, en casos severos, cirugía. Sin embargo, la fisioterapeuta Clodagh Toomey, en un artículo publicado en The Conversation, argumenta que la verdadera medicina para esta enfermedad no se encuentra en un frasco de pastillas ni en un quirófano, sino en el movimiento y la actividad física regular.
“En todos los países y sistemas de salud, muy pocos pacientes son guiados hacia la única terapia que ha demostrado proteger sus articulaciones y aliviar el dolor: el ejercicio”, afirma Toomey. Su declaración se basa en una evaluación crítica de las prácticas actuales y una revisión de investigaciones realizadas en los sistemas de salud de Irlanda, el Reino Unido, Noruega y Estados Unidos.
Los datos revelan una desconexión alarmante entre la evidencia científica y la atención al paciente. Menos de la mitad de las personas diagnosticadas con osteoartritis son derivadas a programas de ejercicio o fisioterapia por sus médicos de cabecera. En cambio, más del 60% reciben tratamientos no recomendados, y un preocupante 40% son derivados a un cirujano antes incluso de haber explorado opciones no quirúrgicas.
Si bien la cirugía de reemplazo articular puede ser transformadora para algunos pacientes, Toomey enfatiza que se trata de un procedimiento mayor con riesgos inherentes y que no garantiza el éxito para todos. La experta argumenta que el enfoque actual en la osteoartritis está desfasado con respecto a la evidencia científica, perpetuando un ciclo de tratamientos paliativos en lugar de abordar la causa subyacente de la enfermedad.
La osteoartritis no es simplemente un desgaste inevitable de las articulaciones, sino un proceso complejo influenciado por la fuerza muscular, la inflamación, el metabolismo y el estilo de vida. El ejercicio, según Toomey, es uno de los tratamientos más eficaces para las afecciones articulares crónicas, ya que aborda todos estos factores.
La fisioterapeuta explica que el cartílago, la capa protectora que recubre los extremos de los huesos, carece de su propio suministro de sangre y depende del movimiento para recibir la irrigación necesaria. Por lo tanto, la actividad física regular es fundamental para mantener la salud y la vitalidad del cartílago.
El ejercicio no solo fortalece el cartílago y el músculo, sino que también combate la inflamación, los cambios metabólicos y los cambios hormonales que contribuyen al desarrollo y la progresión de la osteoartritis. Además, ofrece una amplia gama de beneficios para la salud general, con evidencia que respalda su eficacia en más de 26 enfermedades crónicas.
Toomey destaca que el ejercicio debe ser el primer tratamiento a probar y debe continuar a lo largo de todas las etapas de la enfermedad. A diferencia de los tratamientos farmacológicos, el ejercicio tiene menos efectos secundarios y es menos riesgoso e invasivo que la cirugía.
Los estudios demuestran que las personas que realizan ejercicio regularmente no solo se protegen contra el desarrollo de la osteoartritis, sino que también minimizan sus peores efectos. La actividad física regular promueve la reparación y el mantenimiento de las articulaciones, contrarrestando el proceso de desgaste y mejorando la calidad de vida.
El cambio de paradigma propuesto por Toomey implica una mayor inversión en programas de ejercicio supervisados por fisioterapeutas y una mayor educación tanto para los profesionales de la salud como para los pacientes. Es crucial desmitificar la idea de que la osteoartritis es una condición inevitable y empoderar a las personas para que tomen el control de su salud a través del movimiento.
La recomendación de la experta es clara: muévase constantemente. El ejercicio no solo es una alternativa viable a los tratamientos tradicionales, sino que es una inversión en la salud a largo plazo y una forma de desafiar la narrativa de la inevitabilidad del deterioro articular. Antes de considerar las cirugías, la actividad física debe ser la primera línea de defensa contra la osteoartritis, ofreciendo una esperanza renovada para millones de personas en todo el mundo.


