Santiago de Cuba y gran parte del este de la isla quedaron sumidas en la oscuridad este miércoles por la noche tras un nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), afectando a cerca de 3,4 millones de personas en las provincias de Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo. La Unión Eléctrica (UNE), la compañía estatal, atribuyó la caída a un “disparo” en una línea de alta tensión de 220 kilovatios (Kv) en Holguín, lo que provocó la salida de la central termoeléctrica Felton, la mayor generadora del oriente cubano, junto con otra central y una estación de motores en la misma provincia.
Un “disparo”, según la UNE, es una desconexión automática que se activa cuando una generadora registra valores anómalos en el flujo de la corriente. Este incidente marca el segundo colapso parcial del SEN en poco más de cuatro meses, exacerbando una ya grave crisis energética que azota a Cuba y que se ve amenazada por las crecientes restricciones al suministro de petróleo.
La situación actual se asemeja a un déjà vu para los cubanos, recordando el colapso parcial del SEN ocurrido en octubre, también provocado por un “disparo”. Si bien la UNE asegura estar “verificando las causas” del incidente, la recurrencia de estos fallos apunta a problemas estructurales y de mantenimiento en la infraestructura eléctrica del país.
La crisis energética cubana se ha intensificado desde mediados de 2024, con apagones diarios que superan las 20 horas en muchas localidades. A esto se suma el impacto del endurecimiento del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, que limita el acceso a combustible y repuestos esenciales para el mantenimiento de las centrales eléctricas. El 31 de enero, Cuba registró el máximo histórico de apagones desde que comenzó a publicar estadísticas energéticas en 2022, llegando a afectar al 63% del país simultáneamente.
Con la caída parcial del SEN, un total de siete de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas se encuentran fuera de servicio, ya sea por averías o por mantenimiento, incluyendo dos de las tres centrales más grandes. Estas centrales representan, en promedio, alrededor del 40% del mix energético cubano.
La UNE ha dejado de publicar, desde mediados de enero, datos específicos sobre la cantidad de centrales de generación distribuida (motores) que no operan por falta de combustible, como diésel y fueloil, así como lubricantes. Esta omisión dificulta la evaluación precisa del impacto de la escasez de petróleo venezolano, que históricamente ha sido un proveedor clave para Cuba. Sin embargo, las cifras disponibles sugieren que el número de motores parados ha alcanzado niveles récord en los últimos días, superando los 1.000 MW.
Expertos independientes señalan que la raíz de la crisis energética en Cuba reside en la infrafinanciación crónica del sector eléctrico, que ha estado completamente en manos del Estado desde la revolución de 1959. La falta de inversión en modernización y mantenimiento ha deteriorado la infraestructura, haciéndola vulnerable a fallos y colapsos.
El gobierno cubano, por su parte, atribuye la crisis a las sanciones estadounidenses y acusa a Washington de ejercer una “asfixia energética” sobre la isla. Funcionarios cubanos argumentan que las restricciones al comercio y las finanzas impiden la adquisición de tecnología y repuestos necesarios para mantener y mejorar el sistema eléctrico.
La situación ha generado un creciente descontento entre la población, que enfrenta dificultades para realizar actividades básicas como cocinar, trabajar y estudiar. La falta de electricidad también afecta a servicios esenciales como hospitales y escuelas, poniendo en riesgo la salud y la educación de los ciudadanos.
El gobierno ha implementado medidas de ahorro energético, como la reducción del horario laboral y el fomento del uso de energías renovables, pero estas medidas han tenido un impacto limitado en la solución de la crisis. La dependencia de combustibles fósiles importados y la falta de diversificación de la matriz energética siguen siendo los principales desafíos para Cuba.
La caída del SEN de este miércoles plantea serias interrogantes sobre la capacidad del gobierno cubano para garantizar el suministro eléctrico a su población. La falta de transparencia en la información y la persistencia de los problemas estructurales sugieren que la crisis energética podría prolongarse en el tiempo, con consecuencias negativas para la economía y la calidad de vida de los cubanos.
La comunidad internacional observa con preocupación la situación en Cuba, y algunos países han ofrecido ayuda humanitaria, pero la solución definitiva a la crisis energética requiere una inversión significativa en la modernización de la infraestructura eléctrica y una diversificación de la matriz energética, así como un levantamiento del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. La incertidumbre sobre el futuro del suministro eléctrico en Cuba sigue siendo alta, y la población se prepara para enfrentar nuevos apagones y dificultades en los próximos meses. La pregunta que muchos se hacen es si este nuevo colapso es simplemente un problema técnico o una manifestación más de un asedio energético que busca desestabilizar al país.


