La inteligencia artificial (IA) está dejando de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta concreta que redefine los procesos de enseñanza y aprendizaje en Bolivia y el mundo. En el aula, su rol ya no se limita a automatizar tareas administrativas, sino que acompaña, personaliza y amplía la experiencia educativa, adaptándose a las necesidades de estudiantes y docentes en tiempo real. Expertos coinciden en que la clave está en una integración ética y pedagógicamente significativa.
Para Marcelo Pacheco, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el mayor aporte de la IA en educación reside en su capacidad de adaptación. Se puede personalizar la enseñanza de manera precisa al ajustar el nivel de dificultad y los contenidos según el progreso individual de cada estudiante , explica Pacheco. Esta característica permite que los estudiantes avancen a su propio ritmo, reduciendo la frustración y fortaleciendo la motivación, un aspecto crucial en un sistema educativo que a menudo se enfrenta al desafío de atender a la diversidad de necesidades de sus alumnos.
Desde una perspectiva complementaria, Francisco J. Mayorga, presidente de la Red de Inteligencia Artificial Latinoamericana (RIAL), sostiene que la IA no reemplaza al docente, sino que transforma el rol del estudiante, quien pasa de ser un receptor pasivo a un actor activo del proceso educativo. Podemos tomar dos tercios del tiempo en clase para desarrollar chatbots claves y repartir los contenidos de las materias , señala Mayorga, destacando que esta metodología no solo fortalece el conocimiento académico, sino también habilidades blandas esenciales para el siglo XXI, como el trabajo en equipo, la comunicación efectiva y la resolución de problemas.
Ambos especialistas coinciden en que la IA aplicada a la educación no se trata solo de tecnología, sino de un cambio pedagógico fundamental, donde el aula se convierte en un espacio más flexible, colaborativo y centrado en la persona. En este nuevo paradigma, la IA asume distintos roles según el objetivo educativo, ofreciendo un abanico de posibilidades para enriquecer la experiencia de aprendizaje.
La IA en el aula puede actuar como un simulador, permitiendo a los estudiantes practicar habilidades en entornos controlados, desde entrevistas laborales hasta escenarios clínicos o la resolución de problemas complejos. Este rol favorece la práctica deliberada y la transferencia del conocimiento a situaciones reales, siempre y cuando exista un acompañamiento docente adecuado para evitar aprendizajes descontextualizados. También puede funcionar como un tutor virtual, ofreciendo explicaciones ajustadas al nivel y ritmo de cada estudiante. Según Pacheco, estos tutores virtuales ajustan la dificultad de los ejercicios y sugieren materiales adicionales según el desempeño , convirtiéndose en aliados del aprendizaje autónomo y continuo.
Además, la IA puede desempeñar el papel de mentor, proporcionando retroalimentación constante sobre tareas y procesos. Esta retroalimentación fomenta la reflexión y la mejora continua, aunque requiere pensamiento crítico por parte del estudiante para no aceptar las sugerencias de forma acrítica. La IA también puede actuar como un motivador, estimulando la metacognición y ayudando a los estudiantes a identificar sus fortalezas, debilidades y estrategias de estudio, promoviendo así la autorregulación y la autonomía, claves para el aprendizaje a lo largo de la vida.
La IA también puede integrarse como un compañero de equipo, aportando ideas, perspectivas alternativas y apoyo en discusiones grupales, potenciando el trabajo colaborativo y el pensamiento divergente, enriqueciendo la construcción colectiva del conocimiento. Incluso puede asumir el rol de estudiante, explicando conceptos como si estuviera aprendiendo , activando una estrategia pedagógica poderosa: enseñar para aprender, que ayuda a clarificar ideas y detectar errores conceptuales. Finalmente, la IA puede ser una herramienta que permite resumir textos, organizar ideas, traducir contenidos o generar esquemas, optimizando el tiempo y liberando a los estudiantes para tareas más creativas y analíticas. El desafío, sin embargo, reside en evitar que sustituya el pensamiento crítico y se convierta en un atajo cognitivo.
Para Mayorga, los agentes de IA capaces de aprender, adaptarse y responder mediante lenguaje natural permiten crear experiencias educativas más inclusivas y accesibles. Pueden ser programados, entrenados y personalizados para realizar múltiples tareas , afirma, subrayando su potencial para democratizar el acceso al conocimiento, especialmente en países como Bolivia, donde las desigualdades en el acceso a la educación son un desafío persistente.
La IA en el aula, coinciden los especialistas, no busca reemplazar la interacción humana, sino potenciarla. En manos de docentes y estudiantes, se convierte en un simulador, tutor, mentor o compañero que amplía las posibilidades del aprendizaje. Sin embargo, la implementación de la IA en la educación boliviana también plantea desafíos importantes. La infraestructura tecnológica limitada en muchas escuelas, la falta de capacitación docente en el uso de estas herramientas y la necesidad de garantizar la equidad en el acceso a la tecnología son obstáculos que deben superarse para aprovechar al máximo el potencial de la IA en la educación.
El debate ya no es si usar inteligencia artificial en educación, sino cómo integrarla de manera ética, crítica y pedagógicamente significativa. Es fundamental que los docentes sean formados para utilizar estas herramientas de manera efectiva y que se promueva una cultura de innovación y experimentación en las aulas. Además, es crucial abordar las preocupaciones éticas relacionadas con la privacidad de los datos, el sesgo algorítmico y la responsabilidad en la toma de decisiones. La IA en la educación tiene el potencial de transformar la forma en que aprendemos y enseñamos, pero su éxito dependerá de nuestra capacidad para integrarla de manera responsable y equitativa. El futuro de la educación en Bolivia, y en el mundo, está siendo reescrito por la inteligencia artificial, y es imperativo que estemos preparados para abrazar este cambio y aprovechar sus beneficios.











