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¡Asteroide rebelde! La Luna en la mira de un impacto cósmico en 2032

¡Asteroide rebelde! La Luna en la mira de un impacto cósmico en 2032
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Durante semanas a principios de 2025, el asteroide 2024 YR4 acaparó la atención mundial. Con un tamaño estimado entre 40 y 60 metros, alcanzó el nivel 3 en la escala de Torino, un indicador de riesgo de colisión superior al 1% con potencial para causar daños locales significativos. Afortunadamente, la Tierra se ha librado de este peligro inmediato. Sin embargo, la historia de 2024 YR4 está lejos de terminar: los modelos actuales sugieren que, aunque no impactará nuestro planeta, existe una probabilidad considerable de que choque contra la Luna.

La preocupación inicial surgió cuando el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) de la NASA detectó el asteroide a principios de 2025. Las primeras observaciones indicaban un posible impacto en 2032, pero un análisis más detallado reveló que la Tierra no era el objetivo principal. La clave para obtener una visión más clara residió en las observaciones realizadas por el telescopio espacial James Webb (JWST) a partir de mayo de 2025. El JWST mejoró la precisión de la órbita del asteroide en un 20%, confirmando que no existe riesgo de impacto contra la Tierra ni de alteraciones orbitales de la Luna que pudieran afectarnos indirectamente.

Sin embargo, al descartar el peligro para la Tierra, el JWST reveló una nueva y preocupante posibilidad: la probabilidad de que 2024 YR4 impacte contra la Luna ha aumentado del 3,8% al 4,3%. Estudios recientes publicados en arXiv indican que la fecha crítica es el 22 de diciembre de 2032, día en el que existe una probabilidad de aproximadamente 1 entre 23 de presenciar un impacto violento en la superficie lunar.

El impacto, si se produce, liberaría una energía equivalente a 6,5 megatoneladas de TNT, creando un cráter de aproximadamente un kilómetro de diámetro y expulsando unos 100 millones de kilos de escombros lunares. Esta nube de material tendría un peso equivalente al de unos 20.000 elefantes. Aunque el impacto no afectaría directamente a la Tierra, tendría consecuencias significativas en forma de un fenómeno visual espectacular: una lluvia de meteoritos sin precedentes causada por los escombros lunares que entrarían en la atmósfera terrestre.

La Agencia Espacial Europea (ESA) ha validado estos datos, confirmando el tamaño del asteroide (entre 53 y 67 metros) y la probabilidad del 4% de impacto lunar. A pesar de la posibilidad de impacto, existe un 96% de probabilidad de que el asteroide pase de largo por la Luna sin incidentes.

Este evento ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de mejorar las herramientas de detección espacial. Actualmente, muchos objetos como 2024 YR4 se esconden en el "punto ciego" causado por el resplandor solar. Afortunadamente, el sistema ATLAS en Chile logró detectar este asteroide.

Ante esta limitación, la ESA ha acelerado el desarrollo de la misión NEOMIR. De haber estado operativa en el momento del descubrimiento, NEOMIR habría detectado el asteroide un mes antes, proporcionando un tiempo de reacción crucial en caso de que la amenaza hubiera sido para la Tierra.

Por el momento, solo queda esperar. El asteroide se ha alejado y no volverá a estar en una posición óptima para la observación hasta 2028. En ese momento, los astrónomos podrán refinar la estimación del 4,3% de probabilidad y determinar si las Navidades de 2032 se pasarán observando la formación de un nuevo cráter en la Luna.

La detección de 2024 YR4 ha servido como un recordatorio contundente de la vulnerabilidad de nuestro planeta y la importancia de la vigilancia espacial. La inversión en tecnología de detección y la colaboración internacional son esenciales para proteger la Tierra de futuras amenazas cósmicas. La misión NEOMIR representa un paso importante en esta dirección, pero se necesitan más esfuerzos para garantizar que estemos preparados para enfrentar cualquier desafío que el espacio nos depare.

El incidente también subraya la importancia de la investigación científica y la capacidad de los telescopios espaciales como el James Webb para proporcionar datos precisos y cruciales. Sin la capacidad de refinar la órbita del asteroide, la incertidumbre sobre su trayectoria habría sido mucho mayor.

Además de las implicaciones científicas y de seguridad, el posible impacto en la Luna plantea preguntas sobre el futuro de la exploración lunar. La formación de un nuevo cráter podría afectar a futuras misiones y bases lunares, y la nube de escombros podría representar un peligro para los astronautas y los equipos.

La comunidad científica está trabajando en modelos para predecir el comportamiento de los escombros lunares y evaluar el riesgo para futuras misiones. También se están investigando posibles estrategias para mitigar el impacto, aunque actualmente no existen tecnologías viables para desviar un asteroide de este tamaño.

En última instancia, la historia de 2024 YR4 es una historia de ciencia, tecnología y la constante amenaza de lo desconocido. Es un recordatorio de que el universo es un lugar peligroso y que debemos estar preparados para enfrentar cualquier desafío que se nos presente. La vigilancia espacial, la investigación científica y la colaboración internacional son las claves para proteger nuestro planeta y asegurar un futuro seguro para la humanidad. La espera hasta 2028 será crucial para confirmar el destino final de este asteroide y prepararnos para el espectáculo, o la tranquilidad, que nos depara el 22 de diciembre de 2032.

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