La NASA se prepara para enviar cuatro astronautas en una misión de 10 días a la Luna a bordo de la nave espacial Orión, en un viaje programado para abril de 2026. Esta expedición, denominada Artemis II, no solo representa un regreso a nuestro satélite natural después de más de cinco décadas, sino que también sirve como un ensayo crucial para las futuras misiones tripuladas a Marte, marcando un hito significativo en la exploración espacial.
La misión Artemis II tiene como objetivo principal probar los sistemas de soporte vital de la nave espacial Orión y demostrar las capacidades del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), un cohete de nueva generación diseñado para impulsar a los astronautas más allá de la órbita terrestre. La tripulación, compuesta por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense (CSA) Jeremy Hansen, se enfrentará a un riguroso programa de pruebas para garantizar la seguridad y eficiencia de los sistemas durante un viaje espacial de larga duración.
La Luna, una verdadera cápsula del tiempo de 4.500 millones de años, ofrece una ventana única al pasado de nuestro sistema solar. Su entorno inhóspito ha preservado evidencia de la actividad solar temprana y las colisiones masivas que dieron forma a la Tierra, el Sol y los demás planetas. Al explorar la Luna, los científicos esperan obtener información valiosa sobre la formación y evolución de nuestro sistema solar, así como sobre los orígenes de la vida en la Tierra.
El lanzamiento de Artemis II se realizará desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, siguiendo un procedimiento similar al de la misión Artemis I, un vuelo de prueba sin tripulación que demostró la viabilidad del SLS y la Orión. Después del despegue, el SLS elevará a Orión hacia el espacio, desechando gradualmente sus propulsores y paneles del módulo de servicio. La nave espacial luego orbitará la Tierra dos veces, una durante 90 minutos y otra durante 23,5 horas, para verificar el funcionamiento de los sistemas y alcanzar la velocidad y altitud necesarias para dirigirse a la Luna.
Una vez en la órbita alta de la Tierra, Orión se separará de la Etapa Interina de Propulsión Criogénica (ICPS) y realizará una serie de maniobras de proximidad y manejo manual durante un máximo de dos horas. Durante esta fase, los astronautas se quitarán sus trajes espaciales y pasarán el resto de la misión vestidos de civil, hasta su reentrada en la atmósfera terrestre.
La trayectoria hacia la Luna implicará un encendido de motores que enviará a Orión en un viaje de cuatro días alrededor de la parte posterior del satélite. La tripulación se acercará a tan solo 7.400 kilómetros más allá del lado lejano de la Luna, obteniendo una vista impresionante de la Tierra y la Luna desde una perspectiva única. Desde este punto de vista, la Tierra aparecerá como un pequeño punto azul en el fondo, mientras que la Luna dominará el horizonte.
El viaje de regreso a la Tierra también durará cuatro días, y Orión aprovechará la gravedad de nuestro planeta para ahorrar combustible. Esta maniobra, conocida como asistencia gravitatoria, permitirá a la nave espacial reducir su velocidad y cambiar de rumbo sin necesidad de quemar grandes cantidades de propulsor.
Además de probar los sistemas de la nave espacial y recopilar datos científicos sobre la Luna, la misión Artemis II también ofrecerá una oportunidad invaluable para estudiar los efectos de los viajes espaciales en el cuerpo humano. Los astronautas participarán en estudios sobre cómo los viajes espaciales afectan al sueño, al estrés, la cognición y el sistema inmunitario. Sus experiencias y datos recopilados ayudarán a los científicos a desarrollar estrategias para mitigar los riesgos para la salud asociados con los viajes espaciales de larga duración, lo que será crucial para las futuras misiones a Marte.
La tripulación de Artemis II también será la primera en observar la superficie lunar de cerca desde 1972. Documentarán sus observaciones mediante fotografías y grabaciones de audio, proporcionando a los científicos información valiosa sobre la geología, la composición y la historia de la Luna. Estas observaciones ayudarán a refinar nuestros modelos de la Luna y a identificar posibles sitios de interés para futuras exploraciones.
Tras la misión Artemis II, la NASA planea enviar la tripulación de Artemis III a la Luna para aterrizar en su superficie y caminar sobre ella. Esta misión marcará el regreso de los humanos a la Luna después de más de 50 años y sentará las bases para el establecimiento de una presencia humana sostenible en nuestro satélite natural. La experiencia adquirida durante las misiones Artemis I y II será fundamental para el éxito de Artemis III y las futuras misiones a Marte.
En un giro inesperado, mientras la NASA se prepara para este ambicioso viaje lunar, un ingeniero aeroespacial alemán ha descubierto un nuevo cometa, designado P/2025 W3. Este cometa, que gira alrededor del Sol en una órbita elipsoidal de cuatro años, se encuentra a una distancia considerable del astro rey, superando los 300 millones de kilómetros en su punto más lejano. El descubrimiento, realizado utilizando el telescopio Smichdt de Calar Alto en Almería, España, añade un elemento de sorpresa y emoción al panorama de la exploración espacial.
Paralelamente a estos avances en la exploración espacial, la ONU ha emitido un informe alarmante que advierte sobre daños irreversibles en muchas cuencas y reservas hídricas del planeta, llevándolas a un punto sin retorno. Este informe subraya la importancia de abordar los desafíos ambientales y garantizar la sostenibilidad de nuestros recursos naturales, incluso mientras nos aventuramos a explorar nuevos mundos. La exploración espacial y la protección de nuestro planeta son dos caras de la misma moneda, y ambas son esenciales para el futuro de la humanidad.










