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Trump: De Inmobiliario a Cripto Rey – El Presidente Más Rico de la Historia

Durante la primera mitad de 2025, los ingresos de la Organización Trump se han multiplicado por 17, sobre todo gracias a las criptomonedas

Trump: De Inmobiliario a Cripto Rey – El Presidente Más Rico de la Historia

Donald Trump ha transformado la presidencia en una fuente de ingresos sin precedentes, acumulando una fortuna estimada en 7.300 millones de dólares, un aumento de 3.000 millones en el último año, según investigaciones de The New York Times, Forbes y Reuters. Su segundo mandato ha estado marcado por una expansión agresiva de sus negocios, desde el sector inmobiliario hasta la lucrativa incursión en el mundo de las criptomonedas, generando un conflicto de intereses sin precedentes en la historia de Estados Unidos.

Cuando asumió la presidencia en 2017, Trump ya era la persona más rica en ocupar el cargo, gracias a su imperio inmobiliario y mediático. Sin embargo, su fortuna no ha hecho más que crecer durante su tiempo en la Casa Blanca. Si bien el sector inmobiliario sigue siendo una parte importante de su patrimonio, con propiedades valoradas en 1.200 millones de dólares, ya no es el principal motor de su crecimiento. En cambio, las criptomonedas se han convertido en la fuente más significativa de ingresos, representando más del 90% del aumento en los ingresos de la Organización Trump durante la primera mitad de 2025.

Los ingresos de la Organización Trump se multiplicaron por 17, alcanzando los 864 millones de dólares, en comparación con los 51 millones del mismo período del año anterior. Este aumento exponencial se debe principalmente a las empresas de criptomonedas, que generaron 802 millones de dólares. Esta transformación ha sido posible gracias a la flexibilización de las restricciones para realizar negocios con el extranjero, eliminadas por la organización Trump poco antes de asumir el cargo, abriendo la puerta a acuerdos directos con gobiernos aliados.

El Trump International Oman, un complejo de lujo valorado en 500 millones de dólares, es un ejemplo claro de este conflicto de intereses. El acuerdo con el gobierno de Omán beneficia directamente al presidente, mientras que en Riad, la familia Trump y Dar Global cerraron proyectos por un valor de 530 millones de dólares poco después de las elecciones. Además, Trump condicionó una futura visita oficial a Arabia Saudí a la compra de 500.000 millones de dólares en productos estadounidenses, demostrando su disposición a utilizar su posición para obtener beneficios económicos.

Los clubs de golf y complejos turísticos de Trump, valorados en 1.300 millones de dólares, también han experimentado un crecimiento significativo. Desde que es presidente, ha inaugurado nuevos campos en Aberdeen (Escocia) e Indonesia, y ha anunciado otros dos en los Emiratos Árabes. Las licencias internacionales para torres y residencias le han reportado 23 millones de dólares, mientras que sus clubs de golf y complejos turísticos han superado los 33 millones en ingresos en el último año. La marca Trump, según el New York Times, es más valiosa que nunca gracias a su posición en la Casa Blanca.

Jared Kushner, su yerno y asesor político, ha desempeñado un papel crucial en la expansión del imperio Trump, especialmente en los Balcanes. Bajo su liderazgo, los negocios inmobiliarios se han expandido en Albania y Serbia, donde los gobiernos han sido acusados de modificar la legislación para facilitar su instalación.

El sector de la comunicación, a través de Trump Media & Technology Group y su red principal, Truth Social, se ha convertido en un pilar atípico y volátil de su patrimonio. A pesar de generar pocos ingresos publicitarios y arrastrar pérdidas netas superiores a los 400 millones de dólares, la lealtad de su base de seguidores ha mantenido el valor de las acciones y ha permitido a Trump mantener una posición multimillonaria que supera los 2.000 millones de dólares.

Además, Trump y su entorno han obtenido 90,5 millones de dólares en acuerdos con empresas como X, ABC, Meta, YouTube y Paramount, y 28 millones de dólares de Amazon por un documental sobre la primera dama, Melania.

Sin embargo, la mayor fuente de ingresos de Trump son las criptomonedas. A pesar de haber calificado a Bitcoin de estafa hace solo cuatro años, ahora ha descubierto su potencial para la especulación y la captación de fondos sin rendir cuentas. A través de World Liberty Financial, una empresa fundada en 2024 que vende tokens digitales, Trump se embolsa el 75% de los ingresos de las ventas a través de DT Marks DEFI LLC. Esta empresa ganó 57 millones de dólares a finales de 2024 y 618 millones durante la primera mitad de 2025, de los cuales Trump habría obtenido al menos 463 millones.

La administración Trump ha echado atrás regulaciones y ha legislado a favor de la industria de las criptomonedas, donde él mismo tiene intereses directos. Durante su investidura, convocó una gala de criptomonedas en la Casa Blanca, con miembros de su gabinete y "personas con alto coeficiente intelectual", y nombró a un "criptotsar" para diseñar un marco legal a medida del sector.

Además, Trump presentó dos criptomonedas llamadas $Trump y $Melania justo antes de su investidura, organizando una cena privada para venderlas a socios y millonarios. El senador demócrata Chris Murphy calificó este gesto como "lo más descaradamente corrupto que un presidente ha hecho nunca". Estos memecoins, al ser considerados objetos de colección y no valores, esquivan la regulación y la transparencia bursátil, facilitando prácticas opacas y permitiendo que la influencia presidencial se convierta en un activo especulativo sin controles legales.

El estilo de Trump ha roto con la dinámica de sus predecesores. Mientras que los inquilinos anteriores de la Casa Blanca se habían cuidado de evitar cualquier gesto que sugiriera un beneficio derivado del cargo, la actual administración abraza desvergonzadamente el crecimiento de la fortuna familiar. Trump presiona a corporaciones y gobiernos, hace alarde de los regalos y celebra su propio enriquecimiento. Un ejemplo paradigmático es la aceptación de un Boeing 747 de lujo, valorado en 400 millones de dólares, de la familia real de Qatar, que Trump ha dejado claro que no devolverá cuando deje el cargo.

La magnitud del enriquecimiento de Trump durante su presidencia plantea serias preguntas sobre la ética y la integridad del gobierno, y ha generado un debate sobre la necesidad de una mayor regulación y transparencia en las finanzas de los funcionarios públicos. La acusación de conflicto de intereses se cierne sobre cada uno de sus negocios, y la línea entre el interés público y el beneficio privado se ha difuminado de manera alarmante.

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