La sequía implacable que azota la zona núcleo pampeana argentina está poniendo en jaque la producción de soja de primera, con consecuencias potencialmente devastadoras para la economía del país. Un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) revela un panorama preocupante, donde la falta de agua en momentos críticos del desarrollo del cultivo está generando pérdidas de rendimiento que, en algunos casos, ya alcanzan el 50%.
El 60% del área sembrada con soja de primera se encuentra en etapas cruciales de fructificación (R3 y R4), mientras que solo un 5% ha iniciado el llenado de granos (R5). El 35% restante aún se encuentra en floración (R1 y R2), lo que significa que es especialmente vulnerable a la falta de humedad. La ausencia de precipitaciones significativas en las últimas semanas, particularmente en el noreste de Buenos Aires y el sur de Santa Fe, ha exacerbado el estrés hídrico en los cultivos.
En Pergamino, una de las zonas más afectadas, las estimaciones de mermas de rendimiento potencial ya alcanzan la alarmante cifra del 50%. La situación es igualmente crítica en Bigand, Santa Fe, donde se observan plantas con hojas flácidas, rodeos de plantas marchitas y una preocupante caída de flores. Si no se registran lluvias en los próximos días, las pérdidas podrían ascender al 15% o 20% del rendimiento promedio.
La situación no es mucho mejor en Marcos Juárez, Córdoba, donde, a pesar de haber recibido algunos milímetros de lluvia en la última semana, se han detectado plantas muertas en sectores de lotes más bajos. El freno en el crecimiento también es motivo de preocupación, ya que implica la pérdida de nudos y, por ende, una reducción en el potencial de rinde.
Además del estrés hídrico, la sequía ha favorecido la aparición de plagas típicas de condiciones de sequía y altas temperaturas, como arañuelas y trips. Esto ha obligado a los productores a iniciar tratamientos para controlar estas plagas, lo que implica un aumento en los costos de producción.
A pesar de este panorama sombrío, aún existe un rayo de esperanza. Las lluvias de la última semana han logrado sostener la condición del cultivo en algunos sectores de la zona núcleo pampeana. En las regiones donde llovió más durante enero, todavía hay margen para mantener las expectativas de rendimiento completas.
En cuanto a la soja de segunda, la situación es ligeramente más favorable. Cerca de la mitad de los lotes continúa en estadios vegetativos, lo que les permite conservar cierta capacidad de recuperación ante eventuales aportes de lluvia. De hecho, en Carlos Pellegrini, las últimas lluvias han permitido que el cultivo retome su desarrollo y mantenga intacto su potencial de rinde. Sin embargo, los lotes de segunda siembra en Marcos Juárez, Bigand y Pergamino también muestran signos de estrés térmico e hídrico, lo que se traduce en un crecimiento atrasado y dificultades para superar en altura al rastrojo de trigo.
La situación del maíz tardío tampoco es alentadora. Casi la mitad de las 90.000 hectáreas sembradas con maíz tardío en la zona núcleo pampeana se encuentra en estado regular, muy comprometida por la falta de agua y las altas temperaturas. Afortunadamente, un 25% se mantiene en muy buenas condiciones y un 30% en buen estado, principalmente en el noroeste bonaerense, donde el 60% de los cuadros sigue en muy buenas condiciones.
La BCR advierte que recién dentro de una semana se podrán esperar lluvias en las zonas agrícolas clave que se encuentran en una situación crítica. La incertidumbre climática es alta y los productores se encuentran en una tensa espera, con la esperanza de que las precipitaciones lleguen a tiempo para evitar pérdidas aún mayores.
La sequía no solo afecta a los productores, sino que también tiene un impacto significativo en la economía del país. La soja es uno de los principales productos de exportación de Argentina, y una reducción en la producción podría afectar las divisas y el crecimiento económico.
El gobierno argentino ha sido criticado por su manejo de la situación, con algunos sectores acusándolo de no tomar medidas suficientes para apoyar a los productores afectados por la sequía. Las retenciones a las exportaciones agrícolas también son un tema de debate, ya que algunos argumentan que estas retenciones desincentivan la producción y dificultan la recuperación de los productores.
La situación actual exige una respuesta rápida y efectiva por parte de las autoridades. Es necesario implementar medidas de apoyo a los productores, como créditos blandos y seguros agrícolas, y revisar la política de retenciones a las exportaciones agrícolas. Además, es fundamental invertir en infraestructura hídrica para mejorar la capacidad de almacenamiento y distribución del agua en las zonas agrícolas.
La sequía en la zona núcleo pampeana es un recordatorio de la vulnerabilidad de la agricultura argentina al cambio climático. Es necesario adoptar prácticas agrícolas más sostenibles y resilientes, que permitan a los productores adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y garantizar la seguridad alimentaria del país. La situación actual es un llamado de atención para que se tomen medidas urgentes para proteger el futuro de la agricultura argentina.


