El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reconoció la existencia de “riesgos de carácter estacionales y transitorios” que podrían afectar el proceso de desinflación que se encuentra en marcha durante el primer trimestre del año. La admisión se realizó en el marco de la publicación del primer informe trimestral de política monetaria de la gestión actual, un documento destinado a transparentar el análisis económico nacional e internacional y la dinámica inflacionaria.
El principal factor de incertidumbre señalado por el BCRA radica en los cambios en la composición de la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que comenzará a aplicar el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Esta modificación, basada en datos censales más recientes de 2017/18, busca reflejar patrones de consumo más actuales de la población argentina. Sin embargo, el BCRA advierte que la transición a esta nueva canasta podría generar distorsiones temporales en las mediciones de la inflación.
Específicamente, la entidad monetaria destaca la “estacionalidad del agrupado Carnes y derivados en el período noviembre-marzo”, que podría impactar la categoría Núcleo del IPC, la cual excluye los precios más volátiles como alimentos y energía. Además, se menciona la corrección prevista en las tarifas residenciales de electricidad y gas, producto de la readecuación del esquema de subsidios, como otro factor que podría presionar al alza la inflación en la categoría Regulados.
La nueva ponderación de la canasta del IPC, con un mayor peso asignado a los servicios (Vivienda/tarifas sube al 14,5% y Transporte al 14,3%) y una reducción en la ponderación de Alimentos y Bebidas, también es considerada un elemento de riesgo. Analistas del mercado estiman que la aplicación de este nuevo criterio podría haber elevado la inflación en 2025 entre 2,5 y 3 puntos porcentuales por encima del 31,5% reportado oficialmente con la canasta anterior.
A pesar de estos riesgos, el BCRA se mantiene optimista y asegura que el proceso de desinflación no se verá afectado a largo plazo. La entidad confía en que, una vez superadas las presiones transitorias y internalizados los cambios metodológicos del IPC, la inflación “profundizará su tendencia a la baja”. Esta expectativa se basa en la continuidad de un “sesgo contractivo de la política monetaria”, es decir, el mantenimiento de tasas de interés elevadas para controlar la demanda, y en la proyección de una “mayor estabilidad cambiaria”.
El BCRA también anticipa una “reducción en la inercia inflacionaria”, impulsada por acuerdos salariales que limiten los aumentos de precios. De esta manera, la entidad espera que la nominalidad de la economía, es decir, los precios y los salarios, muestre una tendencia a la baja asegurada en el segundo trimestre del año.
En este sentido, el informe destaca que los indicadores de inflación de alta frecuencia “ligados al rubro de alimentos” ya muestran una moderación de las presiones sobre precios en productos que no están sujetos a factores estacionales. Esta señal positiva refuerza la confianza del BCRA en la efectividad de sus políticas.
En cuanto a las reservas internacionales, el BCRA prevé un aumento a partir del crecimiento esperado en la demanda de pesos y de la “mejora esperada de las condiciones de financiamiento externo”. Se espera que la cosecha fina récord y las buenas perspectivas para la cosecha gruesa, junto con los envíos de hidrocarburos y minerales, contribuyan a aumentar las exportaciones. Las importaciones, por su parte, se normalizarán hacia parámetros históricos a medida que la economía se expanda.
Los analistas del mercado, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado, proyectan un superávit comercial de US$10.498 millones para este año, con un crecimiento tanto de las exportaciones (5,1%) como de las importaciones (5,7%). Sin embargo, el BCRA advierte que el aumento de las reservas, que estima con un piso de US$10.000 millones para el año, dependerá en última instancia de la capacidad del Tesoro para acceder a los mercados internacionales y refinanciar la deuda externa que vaya venciendo.
El informe también analiza la evolución de los medios de pago privados transaccionales (M2 privado), estimando una remonetización cercana al 0,6% del Producto Bruto Interno durante este año. Se espera que la expansión de estos medios sea más moderada durante el primer trimestre, alcanzando solo el 0,1% del PBI.
En resumen, el informe de política monetaria del BCRA presenta una visión optimista sobre el futuro de la inflación, aunque reconoce la existencia de riesgos transitorios que podrían afectar el proceso de desinflación en el corto plazo. La entidad confía en que, con la continuidad de sus políticas y la mejora de las condiciones externas, la inflación se reducirá gradualmente y la economía argentina se encaminará hacia la estabilidad. La clave, según el BCRA, estará en mantener un sesgo contractivo de la política monetaria, lograr una mayor estabilidad cambiaria y reducir la inercia inflacionaria.


