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Sangre en el Este: ¿Se Derrumba el Mito del Ejército Ruso?

Por Alonso Rosales La guerra entre Rusia y Ucrania, que comenzó con la invasión a gran escala impulsada por Moscú en febrero de 2022, sigue dejando cifras de bajas sin precedentes en el campo de batalla europeo moderno. Según un informe reciente del Center for Strategic and International Studies (CSIS), un centro de estudios con [...]

Sangre en el Este: ¿Se Derrumba el Mito del Ejército Ruso?

La guerra entre Rusia y Ucrania, que comenzó con la invasión a gran escala impulsada por Moscú en febrero de 2022, sigue dejando cifras de bajas sin precedentes en el campo de batalla europeo moderno. Según un informe reciente del Center for Strategic and International Studies (CSIS), un centro de estudios con sede en Washington D.C. reconocido por su análisis geopolítico riguroso, las pérdidas humanas sufridas por las fuerzas rusas están poniendo en serias dudas el poderío militar que Moscú proyectaba antes del conflicto. El informe, que se basa en una combinación de inteligencia de fuentes abiertas, datos oficiales desclasificados y estimaciones de inteligencia occidentales, sugiere que las bajas rusas acumuladas podrían superar las 300.000, incluyendo tanto muertos como heridos graves y desaparecidos.

Esta cifra, si se confirma, representaría una hemorragia demográfica y militar de proporciones catastróficas para Rusia. Supera con creces las bajas rusas en conflictos anteriores, incluyendo la guerra de Afganistán en la década de 1980 y las guerras de Chechenia. El CSIS estima que las bajas se distribuyen de manera desigual entre diferentes tipos de unidades, con las fuerzas de infantería y las unidades de mercenarios, como el Grupo Wagner, sufriendo las mayores pérdidas. La falta de entrenamiento adecuado, el equipamiento obsoleto y las tácticas militares inflexibles han contribuido significativamente a estas elevadas bajas.

El informe del CSIS detalla que las primeras fases de la invasión, caracterizadas por un rápido avance ruso hacia Kiev, se vieron frustradas por la feroz resistencia ucraniana y por graves problemas logísticos. Las fuerzas rusas, que esperaban una rápida victoria, se encontraron con una guerra de desgaste que ha agotado sus recursos humanos y materiales. La posterior concentración de fuerzas rusas en el este y el sur de Ucrania, con el objetivo de asegurar el control de la región del Donbás, también ha resultado en un alto costo en vidas. Las batallas por ciudades como Bajmut y Avdiivka se han convertido en molinos de carne, con ambos bandos sufriendo pérdidas significativas.

Las consecuencias de estas elevadas bajas son múltiples y de gran alcance. En primer lugar, la pérdida de un gran número de soldados experimentados está debilitando la capacidad de combate del ejército ruso. La movilización parcial decretada por el presidente Vladimir Putin en septiembre de 2022, aunque logró aumentar el número de tropas disponibles, no ha logrado compensar la pérdida de personal cualificado. Muchos de los movilizados carecen de entrenamiento adecuado y están mal equipados, lo que los convierte en carne de cañón.

En segundo lugar, las elevadas bajas están teniendo un impacto negativo en la moral de las tropas rusas. Los informes de bajas masivas y de condiciones de vida precarias en el frente están generando descontento y desmoralización entre los soldados. Se han producido casos de deserción y de insubordinación, lo que indica una creciente falta de confianza en el liderazgo militar y en los objetivos de la guerra.

En tercer lugar, las elevadas bajas están generando tensiones sociales y políticas en Rusia. La información sobre las pérdidas en Ucrania está siendo cuidadosamente controlada por el gobierno ruso, pero la verdad está filtrándose a través de las redes sociales y de los medios de comunicación independientes. Las familias de los soldados caídos están exigiendo respuestas y responsabilizando al gobierno por la muerte de sus seres queridos. El aumento de las bajas también está exacerbando las divisiones internas en la sociedad rusa, entre aquellos que apoyan la guerra y aquellos que se oponen a ella.

El informe del CSIS también destaca la importancia de la ayuda militar occidental a Ucrania. El suministro de armas y equipos modernos, así como el entrenamiento de las tropas ucranianas, ha permitido a Ucrania resistir la invasión rusa y causar importantes bajas al enemigo. La ayuda occidental también ha contribuido a mantener alta la moral de las tropas ucranianas y a fortalecer su capacidad de defensa.

Sin embargo, el informe advierte que la guerra en Ucrania está lejos de terminar. Rusia sigue siendo una potencia militar importante y tiene la capacidad de continuar la guerra durante mucho tiempo. La situación en el campo de batalla es fluida y puede cambiar rápidamente. Es probable que la guerra se prolongue durante meses o incluso años, con un alto costo en vidas y en recursos para ambos bandos.

La creciente preocupación en Occidente se centra ahora en la posibilidad de que Rusia recurra a tácticas más agresivas, como el uso de armas nucleares tácticas, para intentar cambiar el curso de la guerra. Aunque la probabilidad de un ataque nuclear sigue siendo baja, no puede descartarse por completo. La comunidad internacional debe seguir presionando a Rusia para que ponga fin a la guerra y respete la soberanía e integridad territorial de Ucrania.

El informe del CSIS concluye que las elevadas bajas rusas son un indicador de la debilidad del ejército ruso y de la dificultad de alcanzar sus objetivos en Ucrania. La guerra ha expuesto las deficiencias del ejército ruso en términos de entrenamiento, equipamiento, logística y liderazgo. La pérdida de un gran número de soldados experimentados y la baja moral de las tropas están debilitando la capacidad de combate del ejército ruso. La guerra también está generando tensiones sociales y políticas en Rusia. La ayuda militar occidental a Ucrania ha sido fundamental para permitir a Ucrania resistir la invasión rusa y causar importantes bajas al enemigo. La guerra en Ucrania está lejos de terminar y es probable que se prolongue durante meses o incluso años. La comunidad internacional debe seguir presionando a Rusia para que ponga fin a la guerra y respete la soberanía e integridad territorial de Ucrania. La situación exige un análisis continuo y una respuesta estratégica coordinada para evitar una escalada mayor del conflicto y proteger la seguridad europea.

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