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Frigorífico General Pico: 450 Despidos y la Carne Argentina en Crisis

El Frigorífico General Pico, del empresario entrerriano Ernesto “Tito” Lowenstein, enfrenta una deuda de más de $30.000 millones

Frigorífico General Pico: 450 Despidos y la Carne Argentina en Crisis

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La emblemática planta frigorífica General Pico, ubicada en Trenel, provincia de Pampeana, ha suspendido a la totalidad de sus 450 trabajadores, sumiendo a la comunidad local en una profunda incertidumbre. La medida, anunciada en las últimas horas, es consecuencia de una delicada situación financiera que afecta a la empresa, propiedad del reconocido empresario Ernesto “Tito” Lowenstein, y que se agrava por la retracción del mercado exportador de carne vacuna, especialmente hacia China, su principal destino. La crisis de General Pico no es un caso aislado, sino un reflejo de las dificultades que atraviesa el sector cárnico argentino, expuesto a la volatilidad de los mercados internacionales y a la persistente falta de competitividad.

La deuda de la empresa supera los $30.000 millones, una cifra que pone en jaque su viabilidad a largo plazo. Si bien las exportaciones cárnicas argentinas experimentaron un aumento en la facturación total durante 2025, impulsado por mejores precios en mercados como Estados Unidos, Israel y la Unión Europea, este incremento no fue suficiente para compensar la drástica caída en los volúmenes exportados, especialmente hacia China.

Según datos del Indec, las exportaciones cárnicas argentinas disminuyeron un 7,3% en volumen el año pasado. La contracción fue aún más pronunciada en los envíos al gigante asiático, que redujo sus importaciones en un 12,3%, pasando de 569.000 toneladas en 2024 a 498.000 toneladas en 2025. Esta disminución en la demanda china, sumada a precios promedio por tonelada inferiores a los de otros mercados, impactó directamente en frigoríficos como General Pico, que dependían en gran medida de este destino.

La planta, que en su momento de mayor actividad faenaba alrededor de 600 cabezas de ganado por día, vio su producción caer a poco más de 50, volviendo inviable su funcionamiento y forzando la suspensión de todo el personal. La situación se agrava aún más por el estancamiento del consumo interno, que se mantiene en mínimos históricos, y por el freno de la faena kosher, un segmento clave para la exportación a Israel. La retirada de equipos especializados para la producción kosher implicó el cierre de los envíos a ese mercado, privando a la empresa de uno de los pocos flujos de dólares que sostenían su operatoria en un contexto de liquidez cada vez más ajustado.

Ernesto “Tito” Lowenstein, el fundador y propietario de General Pico, es una figura emblemática del sector agroindustrial argentino. Ingeniero industrial de profesión, fue pionero en la industrialización de la carne vacuna y en el desarrollo de productos de valor agregado, rompiendo con la tradición de exportar cortes sin procesar. A principios de los años 80, Lowenstein impulsó la creación de Paty, la marca que revolucionó el mercado de hamburguesas en Argentina, transformándola en un producto de consumo masivo.

A través de Quickfood, la empresa que fundó, Lowenstein expandió la producción, el procesamiento y la comercialización de alimentos congelados, con un fuerte enfoque tanto en el mercado interno como en la exportación. Quickfood se convirtió en uno de los principales actores del sector cárnico y alimenticio, hasta que en 2009 Lowenstein vendió la compañía, junto con la marca Paty, al grupo brasileño Marfrig, uno de los conglomerados de proteína animal más grandes del mundo.

Si bien Paty continúa operando bajo control extranjero, Quickfood quedó integrada al holding regional. En paralelo a su actividad en la industria alimenticia, Lowenstein también participó en el desarrollo del centro de esquí Las Leñas, en Mendoza, uno de los principales complejos turísticos del país.

La crisis de General Pico plantea interrogantes sobre el futuro del sector cárnico argentino y la necesidad de implementar políticas que promuevan la competitividad, diversifiquen los mercados de exportación y fomenten el consumo interno. La dependencia excesiva del mercado chino, evidenciada en este caso, expone a las empresas a los vaivenes de la demanda internacional y a las fluctuaciones de los precios.

La suspensión de 450 trabajadores en General Pico no solo representa una tragedia individual para las familias afectadas, sino también un golpe para la economía local y para la industria cárnica argentina en su conjunto. La situación exige una respuesta urgente por parte de las autoridades, que deben trabajar en conjunto con el sector privado para encontrar soluciones que permitan superar esta crisis y garantizar la sostenibilidad del negocio.

La falta de competitividad de la carne argentina, en comparación con otros países productores, también es un factor clave a considerar. Los altos costos de producción, la carga impositiva y la falta de infraestructura adecuada dificultan la exportación y limitan el crecimiento del sector.

La recuperación de General Pico y la revitalización del sector cárnico argentino requieren de un esfuerzo conjunto de todos los actores involucrados, desde el gobierno nacional hasta los productores, los frigoríficos y los trabajadores. Es fundamental implementar políticas que promuevan la inversión, la innovación y la eficiencia, y que permitan a la carne argentina recuperar su lugar en los mercados internacionales. La crisis de General Pico es una llamada de atención que no puede ser ignorada.

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