Un informe de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) reveló que el 96% de los abusadores en las fuerzas armadas y de seguridad de Argentina ocupaban cargos jerárquicos medios o altos. El documento analiza 23 expedientes judiciales iniciados entre 2011 y 2023, en los que se identificaron amenazas y la naturalización del acoso como práctica habitual dentro de estas instituciones.
El estudio señala que las mujeres en las fuerzas armadas y de seguridad fueron incorporadas primero en cuerpos de apoyo, luego en cuerpos de comando y finalmente en espacios de mayor prestigio y jerarquía. Sin embargo, la violencia de género y la violencia sexual operan como un "continuum estructural" en el que el sistema jerárquico, masculinizado y de obediencia imperante reproduce patrones de conducta transversales a todas las fuerzas.
De las 24 víctimas relevadas, el 54% pertenecía a las fuerzas armadas y el 46% restante a las fuerzas federales, siendo la Policía Federal Argentina la que encabeza las denuncias. En promedio, las mujeres denunciantes tenían 27 años, con un mínimo de 18 y un máximo de 39 años.
Según el informe, el 96% de los agresores ocupaba cargos jerárquicos y de mandos medios al momento de iniciar o concretar las agresiones sexuales, y al menos 5 de los 26 autores analizados tenían antecedentes de violencia de género. Sin embargo, solo el 41% fue sancionado, mientras que el 36% recibió algún tipo de licencia laboral temporal y el 32% fue reubicado en otro puesto de trabajo.
El documento también revela que el 60% de los hechos múltiples denunciados corresponden a prácticas de violencia sexual extendidas y recurrentes, sostenidas en el tiempo en periodos que van desde más de un año hasta un máximo de siete años de duración. Además, el 52% de los hechos fueron denunciados entre 1 y 8 años luego de su ocurrencia.
El informe de la UFEM concluye que la violencia de género y la violencia sexual en las fuerzas armadas y de seguridad "opera como un continuum estructural" en el que el sistema jerárquico, masculinizado y de obediencia imperante reproduce patrones de conducta que vulneran a las mujeres que se desempeñan en estas instituciones.











