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Trump impulsa una "Doctrina Don-roe" de expansión territorial en América

Trump impulsa una "Doctrina Don-roe" de expansión territorial en América

La política exterior de Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump ha sido definida por una serie de decisiones y proclamaciones que reconfiguran la concepción tradicional del rol hegemónico estadounidense en el mundo. Este giro estratégico, denominado la "Doctrina Don-roe", refleja no solo intereses geoestratégicos, sino también una lógica psicológica del poder, la amenaza y el dominio visible.

La insistencia de Trump en Groenlandia no es un capricho, sino que responde a una lógica geopolítica, estratégica y psicológica del poder. Controlar Groenlandia significaría vigilar rutas aéreas y marítimas clave, anticipar y disuadir movimientos de Rusia en el Ártico, y limitar la presencia de China. Desde una óptica psicológica, Trump proyecta la lógica del "real estate" sobre la geopolítica, donde si algo es estratégico y está disponible, se compra porque eso significa control y demostración de poder.

Paralelamente, la decisión de ordenar una operación militar en Venezuela que culminó con el traslado de Nicolás Maduro a Nueva York para enfrentar cargos, refleja objetivos múltiples, como asegurar el acceso a los recursos energéticos de Venezuela, reimponer una esfera de influencia hegemónica en América Latina, y enviar una señal de advertencia a potencias rivales como China y Rusia.

Inmediatamente después, Trump y su secretario de Estado Marco Rubio extendieron la lógica territorial de control hacia otros países de la región, emitiendo advertencias claras a gobiernos como los de Colombia o México si no ajustan sus políticas de seguridad y cooperación en materia de narcotráfico.

Además, Trump ha apuntado al Canal de Panamá, sugiriendo que la administración estadounidense debería "recuperar" el control de la vía interoceánica, argumentando que fue un error histórico haberla cedido y que su control garantizaría la seguridad económica y logística de Estados Unidos frente a la influencia china.

En este contexto, la administración Trump ha buscado consolidar apoyos con líderes afines en la región, como el presidente argentino Javier Milei y el conservador Nasry Asfura en Honduras, con el objetivo de construir un cordón de gobiernos que respalden la agenda continental de Washington.

La estrategia estadounidense bajo Trump refleja una lectura del mundo como un tablero de ajedrez en constante disputa, donde la demostración pública de fuerza sustituye gran parte de la diplomacia tradicional, y donde la soberanía de los Estados, particularmente en el Hemisferio Occidental, se torna un concepto flexible frente a los intereses declarados por Washington.

Este enfoque genera tensiones profundas con aliados tradicionales, alimenta la desconfianza hemisférica y pone en cuestión principios básicos del derecho internacional y la coexistencia pacífica entre naciones. Al final, la nueva estrategia de Washington bajo Trump parece querer reconfigurar la estructura de poder global en términos visibles de dominio y control, no mediante alianzas cooperativas, sino por la afirmación unilateral de voluntad y capacidad para imponer sus prioridades en cada región del globo.

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