El Perú se encamina a las elecciones de este año en un contexto de alta polarización política y profundo descontento ciudadano. La corrupción, la inseguridad y las extorsiones afectan la vida cotidiana y han erosionado seriamente la confianza en las autoridades y en el sistema político.
A pesar de los indicadores macroeconómicos relativamente favorables, como el crecimiento del empleo, la baja inflación y el auge de las agroexportaciones, estos avances no se traducen en bienestar percibido ni en expectativas reales de progreso para la mayoría de la población peruana. Según un experto, esta desconexión tiene una causa estructural: un sistema educativo que no prepara a la mayoría para participar del crecimiento ni para comprenderlo.
"El crecimiento económico solo genera estabilidad social cuando se convierte en oportunidades reales y movilidad social para todos", señala el análisis. En el Perú, persisten amplias brechas educativas, no existe un liderazgo claro en el sector educación y el país carece de una visión de largo plazo.
Esta situación debilita la democracia, reduce la productividad y erosiona la confianza en las instituciones. "Un país que no forma ciudadanos con pensamiento crítico y valores cívicos queda expuesto al populismo, la corrupción y la violencia", advierte el experto.
Las próximas elecciones de 2026 representan una oportunidad para corregir el rumbo y exigir liderazgo. Informarse sobre los candidatos, su trayectoria y sus vínculos es una obligación democrática, pues "la improvisación en el voto se paga con improvisación en el gobierno, y ese costo termina asumiéndolo todo el país".











