La caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela ha sacudido los cimientos de la política latinoamericana. Después de años de crisis humanitaria, éxodo masivo y retórica antiimperialista, el dictador que se decía "invencible" fue removido del poder sin la esperada resistencia de sus seguidores.
La noticia recorrió el mundo con rapidez, dejando una pregunta incómoda: ¿qué viene después? El chavismo reaccionó con un formalismo constitucional y un silencio estratégico, lo que despierta dudas sobre si realmente hubo una caída del poder o simplemente un cambio de manos.
Delcy Rodríguez asumió la presidencia encargada, generando la sensación de que el régimen busca una continuidad administrada. El discurso antiimperialista terminó rindiéndose sin disparar una sola consigna, y las bases chavistas observaron en silencio, como si entendieran que el guion había terminado sin aviso.
La caída de Maduro representa una oportunidad histórica para Venezuela, pero también plantea una bifurcación. El país necesita una transformación real, más allá de un simple relevo administrativo. El silencio del chavismo no parece reflexivo, sino calculado, lo que genera dudas sobre si realmente se ha producido el fin del régimen o si solo ha cambiado de manos.
Mientras el pueblo venezolano espera verdad, justicia y un futuro mejor, la pregunta sigue resonando: ¿Maduro cayó y el chavismo también calló?











