Después de 25 años de negociaciones, el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea podría estar a punto de concretarse en el corto plazo. Importantes funcionarios de los países del bloque latinoamericano aseguran que la Comisión Europea tiene el visto bueno de los países miembro para cerrar la firma del documento.
Las probabilidades de que Europa avance con su parte del acuerdo se incrementaron sustancialmente después de que la Comisión Europea prometiera un acceso anticipado de 45.000 millones de euros a partir de 2028 para el próximo presupuesto de la Política Agrícola Común (PAC) si se firma el Acuerdo Mercosur-Unión Europea. Esta medida, impulsada por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, busca contentar a los agricultores de su país.
El acuerdo se aprobaría con el voto afirmativo de al menos el 55% de los países de la UE que representen al menos el 65% de la población del bloque. Según las fuentes consultadas, Italia era el país que mantenía la incertidumbre sobre su pronunciamiento, pero las últimas señales indican que votaría a favor.
Otro factor que habría acelerado las definiciones de la UE es la "amenaza" que Estados Unidos y, en particular, el expresidente Donald Trump, estarían ejerciendo sobre Groenlandia. Esto habría generado un "incentivo estratégico clave" para que Europa termine de cerrar el acuerdo con el Mercosur.
Una vez aplazada la primera fecha que había puesto el presidente de Brasil, Lula da Silva, para la firma, se acordó el 12 de enero como nuevo horizonte para realizar la rúbrica final. La ceremonia se realizaría en Asunción, Paraguay, ya que ese país tiene la presidencia pro tempore del bloque regional.
De aprobarse, el acuerdo eliminaría el 90% de los aranceles y conectaría a más de 700 millones de personas. El Mercosur se beneficiaría de un acceso ampliado al mercado europeo para productos como carne, azúcar, arroz, miel y soja, mientras que la UE impulsaría las exportaciones de vehículos, maquinaria, vinos y bebidas espirituosas.
Sin embargo, el acuerdo enfrenta la oposición de algunos países europeos, como Polonia y Hungría, que se niegan a aceptarlo. Francia también mantiene su escepticismo y exige garantías sobre el control de pesticidas y la entrada de productos como carne y azúcar del Mercosur.











