Nariño, el departamento con menor participación en la economía nacional
El departamento de Nariño continúa enfrentando profundas brechas estructurales y desafíos persistentes en materia de desarrollo económico y social. A pesar de su riqueza cultural, ambiental y productiva, el aporte de Nariño al Producto Interno Bruto (PIB) del país sigue siendo reducido en comparación con otras regiones.
Según expertos, esta baja participación no se debe a un solo factor, sino a una combinación de condiciones históricas como el aislamiento geográfico, la limitada infraestructura vial, la baja industrialización y la dependencia de actividades primarias con bajo valor agregado.
La economía nariñense se concentra principalmente en el sector agropecuario y en actividades informales, lo que restringe su capacidad de crecimiento sostenido. La falta de encadenamientos productivos y de procesos de transformación industrial ha impedido que muchos productos locales accedan a mercados más amplios y competitivos.
Además, la escasa presencia de grandes inversiones privadas y la limitada conectividad con los principales centros económicos del país continúan afectando la competitividad regional. Uno de los factores más críticos es la infraestructura, ya que el estado de las vías, los costos logísticos y la limitada conectividad terrestre y aérea dificultan el comercio y encarecen la producción.
Estas condiciones han reducido el atractivo del departamento para nuevos proyectos empresariales y han limitado el crecimiento de sectores estratégicos como el turismo y la agroindustria. La baja dinámica económica también tiene efectos directos en la calidad de vida de la población, con indicadores preocupantes en empleo formal, ingresos y acceso a oportunidades, especialmente en zonas rurales y apartadas.
Sin embargo, analistas coinciden en que Nariño cuenta con un alto potencial de desarrollo en sectores como la agroindustria sostenible, el turismo cultural y de naturaleza, las economías creativas y los negocios verdes. Aprovechar estas oportunidades requerirá inversión sostenida, fortalecimiento institucional y políticas públicas enfocadas en cerrar brechas territoriales.
El desafío para Nariño no solo es aumentar su participación en la economía nacional, sino hacerlo de manera sostenible, inclusiva y con impacto real en el bienestar de su población. Para lograrlo, se necesita una estrategia integral de desarrollo regional que combine inversión en infraestructura, apoyo al emprendimiento local, mejora de la educación y fortalecimiento de la seguridad jurídica.











