La situación en Venezuela ha dado un giro inesperado en los últimos días. Tras más de una década de un régimen autoritario y totalitario que reprimió libertades y provocó el éxodo de millones de ciudadanos, el proceso de transición hacia la democracia ahora está en manos de Estados Unidos y su presidente, Donald Trump.
Según analistas consultados, el plan de Estados Unidos para Venezuela consta de cinco fases clave: 1) Desactivación del núcleo criminal del régimen de Nicolás Maduro; 2) Administración transitoria y control del territorio; 3) Estabilización básica del país; 4) Reconstrucción económica con apoyo externo; y 5) Apertura política condicionada que culmine en elecciones.
El abogado y exembajador venezolano en Canadá, Orlando Viera-Blanco, destacó que esta transición es "inédita en el mundo" y que contará con el "acompañamiento" de Estados Unidos. Asimismo, advirtió que quienes se opongan a este proceso podrían enfrentar "una doctrina de enforcement o diplomacia coercitiva".
Por su parte, el analista político José V. Carrasquero explicó que el objetivo no es "personalizar la política" ni preferir a determinados actores, sino lograr una transición "fría, pragmática y operativa" que permita recuperar la institucionalidad, la seguridad y la economía del país.
En este sentido, la líder opositora María Corina Machado agradeció a Trump por sus "acciones históricas" contra el "régimen narco-terrorista" de Maduro, y expresó su esperanza de que los venezolanos estén "más cerca de la libertad".
Sin embargo, la ONG Provea advirtió que la única hoja de ruta legítima debe estar "anclada en la noción de una sociedad democrática, justa y participativa", en el marco de un Estado de derecho que garantice el pleno respeto de los derechos humanos.











