La izquierda radical en Colombia está preparando una trampa constitucional que será difícil de eludir para quien salga elegido presidente en 2026. Tras los reveses electorales de la izquierda en países como Bolivia, Honduras y Chile, los sectores más extremistas han aprendido que la vía para perpetuarse en el poder es a través de una Asamblea Constituyente que les permita reescribir las reglas del juego.
El actual presidente Gustavo Petro, a pesar de haber prometido no cambiar la Constitución, ya ha dado los primeros pasos para convocar a una Asamblea Constituyente. Sus aliados han inscrito un comité para la recolección de firmas con ese fin, siguiendo el mismo patrón aplicado por líderes como Chávez y Castro, quienes también juraron respetar la democracia para luego traicionar sus promesas.
La receta es siempre la misma: romper las instituciones, debilitar a la justicia, perseguir a la oposición y fabricar enemigos externos. Petro ya ha dado muestras de ello al intervenir en la Fiscalía y el Poder Judicial, y al estimular el resurgimiento de movimientos que "amenazan la paz".
Con los recursos y las fuentes de información que controla el poder, la trampa de la Asamblea Constituyente será difícil de eludir para quien resulte elegido en 2026, pues quedaría maniatado por una nueva Constitución diseñada para perpetuar el dominio de la izquierda radical.
Los colombianos, adormecidos por los chistes y borracheras de su presidente, no parecen darse cuenta de que los están llevando "con una flauta al matadero de su libertad". Es urgente que despierten y tomen conciencia de los peligros que acechan a la democracia en Colombia.












