Más de un mes después de las elecciones generales en Honduras, los afiches políticos siguen dominando el paisaje urbano de la capital, Tegucigalpa. A pesar del inicio de un proceso de limpieza impulsado por la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), numerosos carteles, rostros y consignas de campaña permanecen adheridos a postes, puentes y muros de la ciudad, recordando una contienda que ya terminó en las urnas.
La persistencia de esta propaganda política convierte las calles de Tegucigalpa en un "archivo improvisado del pulso electoral", donde los partidos con mayor estructura, como el Partido Nacional, el Partido Liberal y Libre, son los que más presencia han dejado. Estos afiches se ubican estratégicamente en avenidas de alto tráfico, donde siguen "hablando" cuando la campaña ya finalizó.
Si bien hubo candidatos que asumieron el retiro de su material como un "deber cívico", cerrando el ciclo electoral, otros optaron por el "silencio visual", especialmente aquellos que no resultaron electos y aún procesan el golpe político. En este grupo, la ausencia de acción pesa tanto como la propaganda misma, proyectando una actitud de falta de respeto hacia el espacio público.
A inicios de diciembre, la AMDC puso en marcha un proceso de limpieza urbana para recuperar las calles y atender las quejas ciudadanas por el desorden visual generado por los anuncios de campaña. Sin embargo, la intervención no se completó del todo, y semanas después, numerosos afiches y rótulos aún permanecen visibles.
Más allá de nombres y partidos, el debate es urbano y cívico. Los afiches políticos olvidados se transforman en contaminación visual, deterioran el entorno y trasladan al ciudadano el costo de una campaña que debió terminar con responsabilidad. La capital de Honduras no necesita más recordatorios de una disputa concluida, sino que quienes aspiraron al poder demuestren, en los hechos, respeto por el espacio común.
Las elecciones pasan, pero la ciudad queda. Mientras los afiches políticos sigan colgados, la campaña no habrá terminado del todo. Retirarlos no es solo cumplir una norma tácita, sino el primer gesto de coherencia después de pedir el voto, ya sea para gobernar o perder.











