Quito, la capital de Ecuador, enfrenta una serie de desafíos que han dejado a sus habitantes con una sensación de miedo, paciencia agotada y frustración por el lento avance de la ciudad. A medida que se acerca el 2026, los ciudadanos expresan su preocupación por la seguridad en las calles y la falta de progreso en áreas clave.
La inseguridad es uno de los principales problemas que aquejan a Quito. Los habitantes reportan un aumento en los índices de criminalidad, con asaltos, robos y violencia que les hacen temer por su seguridad al salir a las calles. "Antes podías caminar tranquilo por la ciudad, ahora tienes que estar constantemente alerta", comenta María Fernanda, una residente de Quito.
Además de la inseguridad, los ciudadanos también se quejan del lento avance de la ciudad en términos de desarrollo urbano y mejoras en la infraestructura. "Parece que Quito se ha quedado estancada en el tiempo. Vemos proyectos que se arrastran por años sin avances significativos", señala Javier Guzmán, un empresario local.
La falta de inversión en transporte público, la congestión vehicular y la deficiente gestión de residuos son otros de los problemas que preocupan a los habitantes de Quito. "Nuestras calles están saturadas, el sistema de buses es caótico y la basura se acumula en las esquinas. Es frustrante ver cómo nuestra ciudad se deteriora día a día", comenta Ana Lucía, una estudiante universitaria.
A pesar de los desafíos, algunos ciudadanos mantienen la esperanza de que las autoridades locales tomen medidas efectivas para mejorar la situación. "Necesitamos líderes que realmente se comprometan con el desarrollo de Quito y escuchen las necesidades de la gente. Solo así podremos construir una ciudad más segura y próspera", afirma Patricio Gutiérrez, un líder comunitario.
A medida que se acerca el 2026, los habitantes de Quito esperan que sus autoridades aborden con urgencia los problemas que aquejan a la ciudad y trabajen en conjunto con la ciudadanía para encontrar soluciones duraderas. De lo contrario, la sensación de miedo, paciencia agotada y frustración podría convertirse en un lastre difícil de superar para la capital ecuatoriana.









