La vida del exfutbolista Roberto Baggio y su familia dio un giro inesperado tras sufrir un asalto en su casa en Italia en 2024. Lejos de dejarse vencer, este episodio los unió aún más y los llevó a replantearse su forma de vivir.
En diálogo con Vanity Fair Italia, Baggio relató cómo el robo cometido por seis delincuentes lo hizo reconsiderar su papel como padre y figura pública. "El robo cambió la forma en que veo la vida. En los meses posteriores sentí la necesidad de poner al tanto de muchas cosas a mi familia y a mis hijos. Ellos debían entender quién era yo", afirmó.
Este suceso fortaleció los lazos familiares y generó una etapa de mayor unión y diálogo. "Esta experiencia nos une más. Compartimos muchas cosas juntas que le dan más energía a esta relación. Ser padre es el trabajo más difícil, siempre puedes cometer errores, pero el amor por la familia siempre prevalece", explicó el exjugador.
La hija mayor de Baggio, Valentina, asumió un papel clave en este proceso. Ella detalló que no estuvo presente durante el asalto, pero que el episodio marcó a todos: "Vi cómo reaccionó mi padre: fue un shock en nuestra vida. Llevamos nueve meses haciendo algunos cambios, ahora viajamos juntos por Italia y al extranjero".
Valentina también se hizo cargo de la gestión digital de su padre y destacó la respuesta positiva del entorno: "No todos los males vienen para perjudicar. Ahora yo trabajo en redes sociales para mi padre y gestiono su comunicación. Me llena de orgullo ver cuántos exfutbolistas y compañeros suyos le piden con emoción una foto cuando lo ven".
Baggio reconoció que el afecto y la notoriedad pública hacia él crecieron tras el asalto: "Solo traté de jugar con amor y una pasión infinita por el fútbol y el deporte. Intenté ser la mejor persona posible y tal vez por eso toqué el corazón de tanta gente".
El proceso de reconstrucción personal incluyó una renovación en la convivencia familiar y en la percepción del entorno. Baggio otorgó especial importancia al budismo en su recuperación, afirmando que "transformó de manera profunda" su vida.
Desde el episodio, la familia encontró nuevas formas de compartir tiempo y reforzar sus lazos. Viajes, proyectos conjuntos y una comunicación más abierta se convirtieron en elementos centrales de su vida cotidiana.
Esta etapa representó para Roberto Baggio y los suyos un punto de partida hacia una convivencia más consciente, marcada por la resiliencia y la apertura emocional. La familia aprendió a valorar cada momento compartido y a priorizar el bienestar colectivo sobre las preocupaciones individuales. El legado de este proceso es una fortaleza renovada y una visión más profunda sobre el sentido del apoyo mutuo.










