Dos años después del brutal asesinato de tres mujeres en Roatán, Honduras, la justicia sigue sin llegar. María Antonia Cruz, Dione Beatriz Solórzano y Nikendra McCoy fueron encontradas muertas dentro de un vehículo en enero de 2024, en lo que se convirtió en uno de los crímenes más estremecedores de la historia reciente de la isla caribeña.
El único sospechoso, Gilbert Reyes Bermúdez, fue detenido en República Dominicana y entregado a las autoridades hondureñas meses después. Sin embargo, a pesar de que el caso está listo para ser juzgado, el proceso judicial se ha visto plagado de retrasos y reprogramaciones, dejando a las familias de las víctimas en una espera interminable por obtener justicia.
Según la información disponible, el Juzgado de Letras Departamental de Islas de la Bahía resolvió elevar la causa a juicio oral y público, acusando a Reyes Bermúdez de los asesinatos. No obstante, la audiencia de presentación de medios de prueba, programada inicialmente para diciembre de 2025, fue nuevamente reprogramada por la inasistencia de los abogados privados de la parte acusadora.
Para las familias de María, Dione y Nikendra, estos dos años han sido una lucha constante por mantener viva la memoria de sus seres queridos y exigir que la justicia se haga presente. Roatán, una isla que se vende como un paraíso, ha aprendido de golpe que la violencia también puede habitar en sus calles.
Mientras el expediente sigue atrapado en un limbo judicial, el tiempo sigue pasando, implacable, sin ofrecer respuestas finales a un crimen que ha conmocionado a la comunidad y dejado una herida abierta en la sociedad hondureña.











