El norovirus, conocido como el "virus del vómito", es una enfermedad altamente contagiosa que suele alcanzar su peak de contagios durante el invierno. Esto se debe a que las reuniones en espacios cerrados facilitan la propagación de este germen a través de superficies, alimentos y agua contaminados, así como por el contacto cercano entre personas.
Descubiertos en 1972, los norovirus se multiplican en el tracto gastrointestinal y pueden permanecer en el ambiente por mucho tiempo, regresando a la cadena alimentaria. Los más vulnerables son los niños menores de 5 años, los ancianos y las personas con sistemas inmunitarios débiles.
No existe un tratamiento específico contra los norovirus, por lo que la prevención es clave. Las medidas de higiene como lavarse frecuentemente las manos, desinfectar superficies y cocinar bien los alimentos son fundamentales para evitar el contagio. Incluso se sugiere que beber jugo de limón podría ayudar a recuperarse.
Aunque no hay vacuna, los expertos recomiendan tomar precauciones adicionales cuando se está en contacto con personas infectadas, como usar guantes, mascarilla y bata. Es importante aislar a los enfermos y mantener una estricta higiene hasta dos semanas después de que los síntomas hayan desaparecido por completo.









