El Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC Congress 2026), celebrado recientemente en Múnich del 28 al 31 de agosto, se ha consolidado como el epicentro de la transformación de la salud cardiovascular. El evento, que congregó a más de 33.800 profesionales procedentes de 170 países, sirvió de marco para la presentación de 59 ensayos clínicos en las sesiones Hot Line, así como para la publicación de nuevas guías de práctica clínica, subrayando una tendencia clara: la integración de la inteligencia artificial y las tecnologías digitales en la práctica asistencial y un giro determinante hacia la prevención.
Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), ha destacado tres estudios específicos por su capacidad para alterar el manejo clínico de los pacientes. El primero de ellos, el ensayo STAREE, se centra en la prevención cardiovascular primaria en personas mayores de 70 años sin diabetes, demencia ni enfermedad cardiovascular previa. En este estudio, participaron 9.971 adultos que fueron aleatorizados para recibir 40 mg diarios de atorvastatina o un placebo.
Los resultados, tras un seguimiento medio de 5,9 años, revelaron que el grupo tratado con atorvastatina presentó una incidencia de eventos cardiovasculares mayores un 30% inferior en comparación con el grupo de placebo (6% frente al 8,3%). Aunque el tratamiento no mostró una mejora significativa en la supervivencia libre de discapacidad ni redujo la incidencia de demencia, Fernández Lozano enfatiza que el hecho de reducir eventos cardiovasculares independientemente del nivel de colesterol es un argumento sólido a favor de la prevención farmacológica en la edad avanzada, una población donde tradicionalmente ha existido mayor incertidumbre.
En segundo lugar, el estudio SINGLE-AF ha abordado una "zona gris" de la práctica clínica: el manejo de pacientes con fibrilación auricular que presentan un riesgo intermedio de sufrir un ictus. El ensayo, que incluyó a 1.803 pacientes, comparó el uso de anticoagulantes orales directos frente a la ausencia de anticoagulación. A los 24 meses, se observó que la estrategia anticoagulante redujo en un 69% el riesgo combinado de muerte cardiovascular, hemorragia mayor, embolia sistémica e ictus. Específicamente, la incidencia de ictus descendió al 0,3% con anticoagulación, frente al 1,1% en el grupo sin tratamiento. Según el presidente de la SEC, estos datos tienen un potencial real para modificar las futuras guías de práctica clínica.
El tercer pilar de los avances presentados es el estudio REACT, desarrollado en España y Dinamarca. Esta investigación desplaza el foco de los factores de riesgo tradicionales hacia la detección de la aterosclerosis subclínica. Mediante el uso de ecografía vascular tridimensional y tomografía computarizada coronaria en 16.808 adultos de entre 18 y 70 años, se determinó que la aterosclerosis subclínica está presente mucho antes de que aparezcan los síntomas. El estudio detectó la enfermedad en el 57,1% de los participantes, incluyendo a un 8,7% de los hombres y un 6,7% de las mujeres en el rango de 18 a 29 años. Esta prevalencia aumenta con la edad hasta afectar a nueve de cada diez personas entre los 60 y 70 años, adquiriendo además un carácter multiterritorial. Fernández Lozano define este trabajo como el primer mapa global de la aterosclerosis, fundamental para la prevención futura.
Paralelamente a estos hallazgos clínicos, la inteligencia artificial (IA) se posicionó como un eje central del congreso. La ESC ha propuesto la IA como un "copiloto" para el cardiólogo, con aplicaciones concretas en la interpretación del electrocardiograma (ECG), la imagen cardíaca, la predicción de riesgos y la toma de decisiones. Fernández Lozano sostiene que la especialidad está iniciando una transformación profunda, destacando herramientas capaces de analizar información clínica, evitar duplicidades y detectar interacciones farmacológicas.
Para el caso de España, el presidente de la SEC considera prioritario optimizar los sistemas digitales de información y aplicar la IA de forma racional para aumentar la seguridad del paciente y facilitar la labor profesional. Al ser consultado sobre el elemento que más transformará la cardiología en los próximos cinco años, señaló la incorporación de los procesos de inteligencia artificial en todos los estratos de la especialidad, siempre que su implementación sea adecuada.
En conclusión, el ESC 2026 deja un mensaje claro: el futuro de la cardiología no reside únicamente en tratar la enfermedad establecida, sino en identificarla precozmente, intervenir antes de que ocurran los eventos clínicos y apoyarse en herramientas digitales para lograr una prevención más precisa y segura.





