ÚLTIMA HORA

Cobertura 24 h · Redacción propia · viernes, 11 de septiembre de 2026 · App oficial en Google Play

Menú

El aprendizaje se estanca en República Dominicana mientras la inteligencia artificial llega a las aulas

PISA vuelve a recordarnos que el lugar desde donde nace un estudiante sigue influyendo en las oportunidades que tendrá para aprender. En ciencias, 69 puntos separan a los estudiantes de mayores y menores condiciones socioeconómicas. El dato confirma que, también en educación, el origen sigue condicionando las oportunidades.

Audionoticia

Escucha el reporte completo

El aprendizaje se estanca en República Dominicana mientras la inteligencia artificial llega a las aulas

La inteligencia artificial ya llegó a las aulas dominicanas, pero el aprendizaje dejó de avanzar. Este contraste resume una de las advertencias más importantes arrojadas por los datos de PISA 2025, evidenciando que República Dominicana entra de lleno en una era que exige más pensamiento crítico, mayor razonamiento matemático, mejor comprensión lectora y capacidades científicas más elevadas, precisamente en un momento en que los resultados educativos muestran señales claras de estancamiento.

El país había demostrado previamente que podía mejorar. En el periodo comprendido entre 2018 y 2022, registró avances estadísticamente significativos en las áreas de ciencias, matemáticas y lectura. Al observar la trayectoria desde su primera participación en 2015, el sistema llegó a 2022 con resultados significativamente mejores en ciencias y matemáticas, mientras que la lectura logró recuperarse. Sin embargo, el impulso se frenó entre 2022 y 2025.

De acuerdo con los registros de 2025, el país alcanzó 361 puntos en ciencias, 339 en matemáticas y 346 en lectura. Al realizar la comparación con el año 2022, esto representa apenas un punto adicional en ciencias, exactamente el mismo resultado en matemáticas y cinco puntos menos en lectura. Conforme a los parámetros establecidos por la OCDE, ninguna de estas variaciones representa un cambio estadísticamente significativo.

Esto indica que no se trata de un desplome, sino de un escenario diferente y suficientemente serio: un sistema que había demostrado su capacidad para avanzar y que repentinamente dejó de hacerlo. La problemática se torna todavía más evidente al analizar los datos más allá de los promedios generales.

Los números señalan que solo alrededor del 9 % de los estudiantes dominicanos alcanza el nivel mínimo esperado en matemáticas, un 23 % en lectura y un 26 % en ciencias. Estas cifras implican que la mayoría de los adolescentes llega a los 15 años sin dominar aquellas competencias que resultan determinantes para continuar aprendiendo, insertarse de manera productiva en la sociedad y desenvolverse con autonomía en contextos cada vez más complejos.

Asimismo, PISA recuerda que el origen socioeconómico sigue influyendo en las oportunidades de aprendizaje. En el área de ciencias, una diferencia de 69 puntos separa a los estudiantes de mayores condiciones de aquellos con menores condiciones socioeconómicas. Cuando los niveles generales de desempeño son bajos, una menor distancia entre grupos también puede significar que el aprendizaje insuficiente atraviesa una parte importante de la estructura social.

El desafío educativo no se reduce exclusivamente a la pobreza, ya que si bien esta profundiza las desventajas, los estudiantes de mayores ingresos tampoco están alcanzando, en términos generales, los niveles educativos de los países con sistemas de alto desempeño. Además, se observa una señal que requiere seguimiento: entre 2022 y 2025, el desempeño de los estudiantes desfavorecidos disminuyó dos puntos en ciencias, mientras que el de los más favorecidos aumentó trece. Aunque esto no basta para establecer conclusiones causales, advierte una posible ampliación de las distancias que el país no debe ignorar, dado que las brechas educativas actuales pueden transformarse rápidamente en desigualdades económicas, tecnológicas y sociales en el futuro.

No obstante, existe un dato esperanzador: cerca del 12 % de los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos logra situarse entre el grupo de mejor desempeño del país. Esto demuestra que el origen condiciona, pero no sentencia, y que la tarea de las políticas públicas consiste en lograr que estas excepciones dejen de serlo.

Por otro lado, los resultados desglosados por sexo ofrecen una lectura estratégica. Las adolescentes dominicanas obtuvieron 364 puntos en ciencias frente a los 357 de los varones. En lectura, la brecha alcanza treinta puntos, con 360 frente a 330. En matemáticas se mantiene una ventaja masculina, aunque mucho menor, situándose en 342 puntos frente a 336. Sin tratarse de una competencia entre géneros, estos datos señalan que, al mostrar las adolescentes fortalezas relativas en lectura y ciencias y una diferencia reducida en matemáticas, el país cuenta con una oportunidad para impulsar una política más agresiva de incorporación femenina en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas, programación, inteligencia artificial y nuevas industrias digitales.

Simultáneamente, la brecha de treinta puntos en lectura en perjuicio de los varones exige atención, recordando que la política educativa actual debe abandonar las respuestas uniformes ante problemas diferenciados.

Todo este panorama se desarrolla mientras la inteligencia artificial ingresa de forma acelerada en la vida académica. Según PISA 2025, aproximadamente la mitad de los adolescentes dominicanos utiliza chatbots de inteligencia artificial para aprender al menos una vez por semana, empleándolos para investigar temas, resumir textos y redactar trabajos. Ante esta realidad, la interrogante principal ya no es cuándo llegará la IA a la educación dominicana, sino con qué capacidades humanas se está recibiendo.

Un estudiante puede solicitar a la inteligencia artificial que resuelva una ecuación, redacte un ensayo o explique un fenómeno científico; sin embargo, requiere comprender matemáticas para determinar si la respuesta tiene sentido, capacidad de lectura para interpretar la información, conocimientos científicos para contrastar la evidencia y pensamiento crítico para distinguir entre una respuesta convincente y una correcta. La IA tiene el potencial de multiplicar capacidades, pero también de multiplicar carencias.

Por esta razón, el debate educativo no debe limitarse a la adquisición de dispositivos, la instalación de plataformas o la enseñanza del uso de herramientas. El verdadero desafío radica en formar personas capaces de pensar con la inteligencia artificial sin delegar en los algoritmos la responsabilidad de pensar por ellas.

PISA 2025 obliga a restituir el aprendizaje en el centro de la política educativa. Tras más de una década destinando alrededor del 4 % del PIB a la educación, es necesario cuestionar qué ocurre al interior de las aulas y cuánto están aprendiendo los estudiantes. Las necesidades apuntan a una estrategia nacional para garantizar aprendizajes fundamentales, intervenciones diferenciadas según el nivel de rezago, seguimiento individual, fortalecimiento intensivo en lectura, matemáticas y ciencias, formación docente para integrar críticamente la IA, una política específica para la participación de niñas y mujeres en STEM, y mecanismos que eviten que las nuevas tecnologías profundicen las desigualdades socioeconómicas.

El desarrollo, concebido como la expansión de las libertades reales de las personas, encuentra pocas libertades tan determinantes en este siglo como la capacidad de comprender, razonar, aprender y decidir por uno mismo. Los datos de PISA deben servir para tomar decisiones y actuar, recordando que la inteligencia artificial no esperará a que la educación se ponga al día, y los jóvenes tampoco deberían tener que hacerlo.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

Cobertura en Video