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El horario de las comidas también regula el reloj biológico del hígado

El estudio, realizado en modelos animales, analizó la relación entre las señales de alimentación, el reloj biológico y un mecanismo celular que responde a la llegada de nutrientes y regula procesos del metabolismo hepático

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El horario de las comidas también regula el reloj biológico del hígado

Un grupo de investigadores de la Universidad Texas A&M ha identificado un mecanismo clave que explica cómo el horario en el que ingerimos alimentos influye directamente en la actividad genética del hígado. Según el estudio, la coordinación de este órgano no depende exclusivamente del reloj biológico dirigido por el cerebro, sino que también se organiza a través de las señales que llegan con la comida, permitiendo al hígado establecer su propia rutina diaria.

Hasta el momento, la ciencia buscaba determinar con exactitud la influencia que la llegada de nutrientes ejercía en la organización temporal de este órgano. A través de experimentos realizados con ratones, la investigación publicada en la revista Science Advances demostró que el hígado no se limita a responder a las señales de luz y oscuridad que marcan el ciclo día y noche, sino que también reacciona a la regularidad de la alimentación. Este hallazgo permite comprender por qué los hábitos alimentarios desfasados, como los que experimentan las personas en turnos nocturnos o tras cambios de huso horario, pueden desajustar los procesos metabólicos esenciales.

El núcleo de este descubrimiento reside en la identificación de la vía de señalización nutricional denominada mTOR (mechanistic target of rapamycin). Esta vía actúa como un intermediario entre el consumo de alimentos y la activación rítmica de los genes en el hígado. En términos biológicos, la vía mTOR funciona como un interruptor bioquímico que detecta la disponibilidad de energía y nutrientes, activando procesos de crecimiento, producción de proteínas y el uso de combustible dentro de las células.

“Demostramos que el hígado mide el tiempo no solo con relojes moleculares, sino también a partir de señales de los alimentos”, explicó Jerome Menet, profesor asociado del College of Arts and Sciences de Texas A&M University. Menet advirtió además que, cuando se altera el momento en que se reciben estas señales alimentarias, pueden derivarse consecuencias para la salud y el metabolismo que podrían ser potencialmente graves.

Para verificar esta hipótesis, el equipo científico implementó un esquema de alimentación regular en ratones durante sus periodos naturales de actividad, logrando que la activación de mTOR siguiera un patrón estable vinculado a la comida. Al proceder a bloquear esta vía, los investigadores detectaron una alteración significativa en la actividad de los genes hepáticos. Según indicó Menet, el uso de un inhibidor de mTOR redujo en un 50% la expresión genética rítmica, provocando que cientos de genes perdieran su capacidad de elevar o reducir su actividad de forma constante a lo largo del día.

A pesar de este desajuste, el reloj circadiano central del hígado permaneció operativo. Esto sugiere que el funcionamiento diario de este órgano depende de dos vías de referencia temporal: un reloj circadiano molecular intrínseco y las señales rítmicas externas generadas por la alimentación. Para ilustrar esta tensión biológica, la universidad utilizó la analogía de una fábrica con horarios de trabajo establecidos que, de repente, recibe un camión con materiales en plena noche; la planta puede seguir operando, pero lo hace fuera de su cronograma previsto.

La investigación también analizó qué sucedía cuando se perdía la regularidad en el horario de alimentación. Al manipular la vía mTOR, el equipo observó que era posible recuperar los patrones de expresión genética, logrando que el sistema se resincronizara con el ritmo circadiano. Este resultado indica que la vía mTOR no es un receptor pasivo, sino un mediador capaz de ayudar a reordenar la sincronía del órgano.

Los hallazgos tienen implicaciones directas para grupos de población con horarios irregulares, como trabajadores nocturnos o viajeros frecuentes, quienes presentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como hígado graso, problemas cardiovasculares e incluso cáncer. Asimismo, el estudio refuerza la importancia de la crononutrición, sugiriendo que la distribución temporal de la comida, como en el caso del ayuno intermitente, es un factor vital para la salud hepática y la longevidad celular. Finalmente, la investigación abre la puerta a la cronoterapia, planteando que el momento en que se administran ciertos medicamentos podría ser tan crucial como la dosis misma para asegurar su efectividad en sintonía con los ritmos del hígado.

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