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La búsqueda de la "cena con André": Zarko Pinkas reflexiona sobre el amor y la inteligencia en la era del algoritmo

Hace dieciocho años que busco mi cena con André. No es una metáfora que haya inventado después de conocer la película de Louis Malle. Es una manera de nombrar una necesidad que descubrí hace mucho tiempo: la de encontrar en una relación amorosa algo que vaya más allá de la atracción, de la convivencia, de la compañía y, por supuesto, del sexo.

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La búsqueda de la "cena con André": Zarko Pinkas reflexiona sobre el amor y la inteligencia en la era del algoritmo

El escritor Zarko Pinkas ha planteado una reflexión profunda sobre la naturaleza de las relaciones contemporáneas, centrándose en lo que él denomina su "cena con André". Lejos de ser una simple referencia cinematográfica a la obra de Louis Malle, este concepto representa la búsqueda persistente de una conexión amorosa que trascienda los elementos convencionales como la atracción física, la convivencia, la compañía y el sexo. Para Pinkas, el núcleo de una relación plena reside en la capacidad de entablar conversaciones que generen un movimiento intelectual, donde el intercambio de ideas permita a ambos interlocutores expandir su conocimiento y explorar territorios mentales desconocidos.

En su análisis, Pinkas es enfático al señalar que esta búsqueda no implica encontrar a alguien que piense exactamente igual a él, pues califica la idea de enamorarse de un espejo como algo "insoportable". Tampoco vincula la inteligencia con los títulos académicos o la capacidad de citar autores para impresionar. En su lugar, define la inteligencia como la capacidad de relacionar experiencias, formular preguntas imprevistas, reconocer contradicciones y mantener una curiosidad activa por lo que aún no se comprende.

El autor recuerda haber experimentado esta posibilidad en tres ocasiones a través de sus relaciones con Julieta, una chilena; Muriel, una francesa; y Regina, una suiza. A pesar de sus distintas historias y visiones del mundo, Pinkas destaca que en estos tres vínculos la conversación se transformó en una experiencia de conocimiento. En estos casos, la cercanía no dependía del acuerdo mutuo, sino de la capacidad de discutir y contradecirse sin que la relación se agotara en lo meramente sentimental, permitiendo que el vínculo evolucionara hacia un crecimiento intelectual compartido.

Esta búsqueda se sitúa en un contexto de crítica hacia la sociedad actual. Pinkas advierte sobre el peligro de la "renuncia al pensamiento", observando cómo muchas personas han optado por vivir dentro de ideas prefabricadas suministradas por la televisión, las redes sociales, los discursos políticos y, especialmente, los algoritmos. Según el autor, el individuo moderno tiende a suspender su capacidad crítica para fundirse en la masa, priorizando la aprobación colectiva sobre la veracidad de las ideas.

En este sentido, Pinkas lanza una dura crítica a lo que denomina la "universidad de TikTok", donde se ha gestado una nueva autoridad cultural basada en fragmentos de información instantánea. El autor cuestiona la validez de quienes creen comprender una obra musical o la filosofía de un pensador basándose en videos de pocos minutos, confundiendo el inicio de una investigación con el resultado final. Para él, este fenómeno sustituye el conocimiento real por una versión superficial y acelerada, donde el "especialista" es aquel que acaba de descubrir el tema a través de un influencer.

Ante esta saturación, el autor propone la administración de la propia conciencia como una herramienta de supervivencia. Esto implica aprender a aislarse selectivamente: saber abandonar conversaciones vacías, resistir la presión de seguir tendencias masivas y apagar las redes sociales cuando el consumo de información deja de aportar valor. Pinkas sostiene que el tiempo es un recurso limitado y que entregarlo a aquello que no interesa es un error fundamental.

Esta conciencia de la finitud se agudiza con una reflexión personal ocurrida en un cementerio, donde Pinkas comprendió que, al final, todas las diferencias construidas por los seres humanos —dinero, apariencia o disputas— se reducen a la misma condición. Esta certeza de la muerte es la que, según él, otorga una importancia crucial a la elección de con quién compartimos la existencia.

Finalmente, Pinkas analiza el amor y el deseo. Advierte que el sexo puede convertirse en una "trampa de la inteligencia", ya que el placer físico puede llevar a una persona a tolerar el vacío intelectual o la incompatibilidad durante años. Mientras que el deseo es una fuerza biológica poderosa, el autor aboga por una "excitación que no nazca exclusivamente del cuerpo", describiendo el placer intelectual como una intensidad capaz de producir una especie de "orgasmo intelectual" cuando dos mentes producen algo nuevo juntas.

Zarko Pinkas concluye que, aunque el sistema actual fomente la distracción y la masificación para convertir a los individuos en consumidores, pensar por cuenta propia sigue siendo la vía hacia una vida intelectualmente viva. Su búsqueda de la "cena con André" continúa siendo el estándar para reconocer la diferencia entre el ruido y la conversación, y entre la simple compañía y el verdadero encuentro.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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